La muralla demográfica china se derrumba
Con la tasa de natalidad actual, en el transcurso de su vida cada joven en China tendrá que subsidiar, directa o indirectamente, a sus dos progenitores, cuatro abuelos y, tal vez, ocho bisabuelos.

Muchos convencidos de que la decadencia de Estados Unidos es irreversible creen que China está por reemplazarlo como la superpotencia hegemónica. No les faltan razones. Pueden señalar que, además de contarse por centenares de millones, los chinos siempre han sido tan talentosos y disciplinados como los habitantes de cualquier país occidental y que sería lógico que, luego de adoptar la tecnología de origen occidental, el “Imperio del Medio” recuperara el lugar que tenía antes de que la revolución industrial y científica protagonizada por Europa cambiara por completo el orden internacional.
Quienes piensan así pasan por alto un dato clave. China está experimentando una crisis demográfica tan grave que, aun cuando su producto bruto interno llegara a superar el norteamericano por un margen sustancial, no podría disfrutar del liderazgo así conseguido por mucho tiempo,
Según los datos oficiales, la tasa de fertilidad china es, a lo sumo, de un hijo por mujer. Se parece a la ostentada por Corea del Sur, la campeona mundial de esta competencia darwiniana macabra. Sin embargo, mientras que Corea del Sur, como el vecino Japón que también está experimentando un colapso demográfico, es un país rico, el ingreso per cápita chino se asemeja al argentino. No contará con los recursos financieros necesarios para atenuar los problemas sociales que ya está provocando el envejecimiento muy rápido de la población.
Con la tasa de natalidad actual, en el transcurso de su vida cada joven en China tendrá que subsidiar, directa o indirectamente, a sus dos progenitores, cuatro abuelos y, tal vez, ocho bisabuelos, es decir, a hasta catorce personas. Aun cuando los ayuden ejércitos de robots óptimamente programados, el desafío que enfrentarán será abrumador. Muchos chinos son perfectamente conscientes de lo que les espera. Saben que los servicios sociales de su país no estarán en condiciones de soportar el peso que les supondrán un superávit creciente de ancianos y un déficit de trabajadores productivos; por su propia seguridad, están tratando de ahorrar dinero.
Aunque China dista de ser el único país en que la resistencia a procrearse de sus habitantes ya ha comenzado a tener consecuencias negativas, por su poder económico, influencia y las aspiraciones imperiales de la dictadura gobernante, en su caso el fenómeno importa más que en otras partes del mundo. Si bien la implosión demográfica – que a esta altura parece inevitable -, de Corea del Sur tendrá un impacto regional muy fuerte, la de China afectará al planeta entero.
El rol de la economía moderna y el feminismo
A pesar de haber sido gobernada desde 1949 por un régimen despiadado de ideología colectivista, China no ha podido inmunizarse contra las tentaciones inherentes a la sociedad de consumo que, entre otras cosas, privilegia lo inmediato. Será a causa de la mentalidad así difundida que en todas partes, con la excepción notable de Israel, el desarrollo socioeconómico y cultural ha llevado a una caída precipitada de la natalidad. Es como si la civilización consumista que alegremente comparten occidentales, orientales, europeos, africanos y americanos, fuera víctima de un extraño virus que la tienta a suicidarse, a rendirse ante una pulsión a muerte, o “thanatos” que hubiera dejado estupefacto al mismísimo Sigmund Freud que introdujo el concepto.
En épocas pre-modernas, era habitual que no sólo integrantes de una pequeña elite relativamente próspera sino también los pobres se preocuparan por el destino de generaciones por venir, pero hoy en día la probabilidad de que nuestros tataranietos o choznos sean los últimos de su especie sólo motiva indiferencia. Aunque los obsesionados por “la identidad” del grupo étnico o cultural al cual pertenecen se aseveran resueltos a defenderlo, no han podido modificar mucho la tasa de natalidad en sus comunidades respectivas.
¿A qué se debe la pandemia de esterilidad voluntaria? Como corresponde a los tiempos que corren, las respuestas a dicho interrogante suelen ser económicas: cuesta mucho criar y educar a los hijos, es más difícil que en el pasado conseguir una vivienda, la gente quiere tener más horas libres en que divertirse. También hay que tomar en cuenta el papel de la mujer en las sociedades modernas. Por motivos muy comprensibles, muchas se rebelaron contra el orden “patriarcal”. Triunfaron; tanto en el Occidente como en regiones de tradiciones distintas de Asia Oriental, pocos se oponen de manera explícita a la igualdad de género. A primera vista los países islámicos siguen siendo una excepción, pero en ellos también, sobre todo en el fanáticamente antifeminista Irán, se ha precipitado la tasa de natalidad, acaso porque no figura entre las prioridades de la sociedad de consumo.

Muchos convencidos de que la decadencia de Estados Unidos es irreversible creen que China está por reemplazarlo como la superpotencia hegemónica. No les faltan razones. Pueden señalar que, además de contarse por centenares de millones, los chinos siempre han sido tan talentosos y disciplinados como los habitantes de cualquier país occidental y que sería lógico que, luego de adoptar la tecnología de origen occidental, el “Imperio del Medio” recuperara el lugar que tenía antes de que la revolución industrial y científica protagonizada por Europa cambiara por completo el orden internacional.
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