Modelo para ahorrar

Figueroa, hasta acá, venía pidiendo a los intendentes un ejercicio de “ingenio” para hacerle frente a este período de escasez de recursos. “La gente no quiere peleas de políticos”, piensan en su entorno y con ello justificaron que no se haya defendido de que el presidente lo llamara traidor.

Por Andrea Durán

El gobernador Rolando Figueroa volvió a exhibir esta semana muestras de su esfuerzo por reducir gastos en el Estado neuquino al informar que, para fin de año, se habrán ahorrado unos 32.000 millones de pesos por una reducción de la planta política. El jefe de Gabinete, Juan Luis Ousset, fue el encargado de asegurar que se achicaron los cargos en un 50% (pese a que todavía no están aprobadas la totalidad de las estructuras) en respuesta a una publicación de este diario sobre el ministerio de Julieta Corroza, que incluyó la creación de 375 cargos, entre ellos directores para las comisiones vecinales.

Hay un interés de Figueroa en recortar, no sólo para ir a tono con la era, sino porque es una necesidad para cumplir con los abultados compromisos que heredó de su antecesor.

El desafío es complejo porque la retirada del gobierno nacional de todo tipo de asistencia “al interior” dejará en cabeza de los gobernadores, exclusivamente, salir al rescate de las administraciones municipales y, más directamente, de su población, frente a cada nuevo problema que se presenta.

Figueroa tenía intenciones de terminar con los subsidios al transporte público en la provincia que había iniciado Omar Gutiérrez en el 2018. Ya se lo había comunicado al intendente de Neuquén, Mariano Gaido, quien aceptó sin berrinche y apuntó al gobierno nacional para conseguir una distribución “equitativa” de los recursos con el AMBA. La eliminación que la administración de Milei anunció esta semana ahora podría complicar los planes.

Un municipio como el de la capital puede rebuscárselas para sostener un sistema de colectivos de relativa calidad sin llevar el boleto a más de 2.200 pesos pero, para otras ciudades del interior, la quita supone prácticamente un certificado de defunción para sus servicios urbanos e interurbanos. Las miradas se van a dirigir automáticamente a la provincia, que por ahora no anticipó definiciones como sí lo hizo su vecina Río Negro.

Figueroa, hasta acá, venía pidiendo a los intendentes un ejercicio de “ingenio” para hacerle frente a este período de escasez: algunos tomaron nota, otros tienen menos herramientas. Gaido anunciaría el 15 de febrero, con la apertura de sesiones, un nuevo mecanismo recaudador para financiar los subsidios adicionales que deberá poner el municipio para el sistema COLE. Las petroleras, que ya sintieron la presión del gobernador para contribuir en sus sistema de becas, seguramente se estén agarrando los bolsillos.

En Zapala, el intendente Carlos Koopmann aplicó el consejo de Figueroa y obtuvo financiamiento privado de Loma Negra para encarar una obra de pavimento, a falta de dinero público. Se suma un tercer actor entre los perjudicados por el ajuste que es la universidad pública. La del Comahue no llega con los fondos que tiene, ni siquiera, a terminar el semestre. ¿También le va a tocar a Figueroa?

La manta es cada vez más corta, la empatía con el que se queda tiritando de frío cada vez más escasa.

El gobernador no ha dado señales, aún, de romper su estrategia de no confrontación con el gobierno de Milei. “La gente no quiere peleas de políticos”, piensan en su entorno y con ello justificaron que no se haya defendido públicamente luego de que el presidente lo llamara traidor tras el fracaso de la Ley Ómnibus.

En cambio, prefirió un llamado al jefe de la bancada de La Libertad Avanza, Oscar Zago, quien luego le ofreció una disculpa pública por televisión. “Me llamó diciendo que no tiene ningún diputado que le responda”, afirmó el diputado.

Hay una dinámica, todavía no se sabe si acordada, con el rionegrino Alberto Weretilneck, quien no desaprovecha ninguna oportunidad para decirle al presidente qué opina. Ya hasta tiene muletilla de cierre: “saquen de sus cabezas vernos de rodillas”.

Un embate de discursos y silencios que, de momento, dista bastante de la fantasía de defenderse del centralismo cortándole la luz y el gas a Buenos Aires.


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