Sobre los nacionalismos sanos e insanos

La idea de Nación, entre la excepción y la confusión generalizada, parece debilitada pero tiene más vitalidad que el Estado que ayudó a construirla con sus defectos y virtudes.

Antonio Berni “Team de fútbol o los campeones del Barrio” – 1954.

La vitalidad de la emoción nacional.

1. Sobre la lengua de la identidad

La debilidad de lo público y lo estatal, hasta de lo comunitario y lo social, no se corresponde con la vitalidad de ciertas expresiones de lo que podríamos llamar una idea de Nación. Eso se ve en la política global pero también en el deporte internacional y en su máxima expresión como espectáculo integrador y negocio sideral: el mundial de la FIFA.

Tanto en la Argentina como en los Estados Unidos, dos lugares que han tenido fechas y festejos patrios en esta última semana, los nacionalismos siguen forjando comunidad, lazos sociales y son motores de cambios.

En contraste, la idea de Estado está en crisis sostenida en ambos hemisferios y la tendencia parece expandirse hacia el corazón de Europa. El consenso socialdemócrata del bloque nórdico hace tiempo no puede dar respuesta a un malestar social y migratorio, entre lo real y lo fogoneado, generando nuevos nacionalismos que resisten la propuesta multicultural de sus elites.

Esa ola amenaza romper hegemonías claras y gobiernos con economías sólidas como España. Un Estado-Nación con una compleja historia de tensiones nacionales extremas.

En 2023, las ansiedades sociales, los malestares políticos y el desastre económico que un gobierno fracturado y sin autoridad como el de Alberto Fernández negaban, forjó un clima de “voto para detener la decadencia nacional”. Varios de las interrupciones al orden constitucional en el pasado (1930 a 1976) se han justificado expresamente bajo la misma preocupación por el “destino nacional”. Sin embargo, la diferencia fue sustantiva. Las mayorías votaron saturadas, una especie de grito electoral, su malestar contra la elite democrática que gobernó los últimos cuarenta años.

En la elección de 2024 en los EE.UU, el nacionalismo jugó un rol clave a favor de Donald Trump para criticar la política internacional de Biden. En su discurso por los 250 años de la Independencia de los Estados Unidos (1776-2026), y a pesar de una accidentada organización de los festejos, Trump intentó defender lo actuado en el estrecho de Ormuz ante ese mismo nacionalismo y actualizó su mensaje de “grandeza nacional” como horizonte.

De todas las políticas de la identidad, entre las artificiales y pasajeras, las nocivas e infantiles, las que son producto de las modas tecnológicas y de la fragmentación intencionada, la idea de Nación continúa con una potencia estelar.

Cautiva recuerdos, nostalgias y fuerzas. Forja acciones desinteresadas y ficciones operativas que justifican lo que de otra forma, el egoísmo y el autointerés, rechazaría como un acto innecesario y hasta perjudicial, empobrecedor. El barrio, los amigos, la familia y la Nación son valores comunitarios que a pesar de todos los ataques sufridos, cultivan la resistencia de la comunidad desorganizada, incluso en tiempos de atomismo e individualismo extremo. Nadie quiere ver el partido solo. Lo nacional, entendido como lo comunitario y lo social expandido, tiene algo de vital como el mismísimo lenguaje.

No es azaroso que Ludwig Wittgenstein haya estado paseando por Cambridge cuando, al ver jugar un partido de fútbol, se le ocurrió la idea de juego del lenguaje. Jugar es hablar el lenguaje de sus reglas y hablar un lenguaje es jugar con sus reglas.

2. Lo nacional funciona

La larga agonía de la Argentina ha sido combustible más para los nacionalismos peligrosos que para los sanos. Tanto en EEUU como en Argentina, el mundial será el mejor escenario de campaña desde el cual se busca hacer negocios con una nueva épica nacional.

Milei utilizará esa carta nacionalista frente a cualquier candidato. Especialmente contra Kicillof, el peor candidato del peronismo autodestructivo. Peor que el actual funcionario del Gobierno, e histórico afiliado radical, Daniel Scioli. Se repetirá así la lógica polarizada de Kast y la comunista Jara en Chile. Se propondrá que lo nacional derrote lo extranjero. Milei demostró que puede hacer que “los perdedores” de la Nación sean “los campeones del Barrio”.

La destrucción de lo público, su disrupción, es otra etapa de nuestra larga agonía. Esa transformación excluye “lo viejo” pero no destruye totalmente la idea de Nación y da la oportunidad de habitar lo público y lo nacional transmutado. Sus liderazgos nacerán de un nuevo populismo, uno más empresarial y tecnológico, entre streamings y mercado libre, en donde lo nacional juega un rol fundamental.

* Abogado y Profesor de Derecho Constitucional.


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