Energía nuclear y ambiente

15 jun 2018 - 00:00

Nuestro país ha sostenido desde 1950 una política de Estado en el área nuclear que ha sobrevivido a los vaivenes de la política doméstica. Ese año se fundó la Comisión Nacional de Energía Atómica como organismo encargado de diseñar y ejecutar una política de investigación, desarrollo y aplicación de la energía nuclear con fines pacíficos. Tal política fue pionera y modelo en Latinoamérica. ¿Cuáles son sus resultados?

Veamos: somos el primer país de Latinoamérica en poner en marcha un reactor de energía nuclear de potencia, para generar energía eléctrica sin agresión ambiental -hoy contamos con tres de ellos, uno en operaciones de reparación y prolongación de su vida útil (Embalse, Río Tercero)-; somos uno de los once países que domina el ciclo de combustible completo y tenemos el único lugar de Latinoamérica donde se pueden formar ingenieros nucleares en la educación pública (Instituto Balseiro, Bariloche).

En nuestro país se diseñaron y construyeron reactores para experimentación en Invap, Río Negro, que fueron exportados a Perú, Egipto, Argelia y Australia. La política de formación de recursos humanos fue decisiva para alcanzar estos objetivos. Paralelamente se consolidó un sector empresario que acompañó el desarrollo nuclear. Como la demanda de energía crece en forma permanente, y es fundamental contar con ella para el desarrollo del país, en el 2014 el gobierno nacional firmó un acuerdo con China para la construcción de dos centrales nucleares de potencia, de 700 y 1.000 Mw respectivamente, con amplia participación de la industria nacional. El actual gobierno archivó el proyecto invocando razones presupuestarias, lo que significa un serio retroceso del desarrollo tecnológico argentino: miles de puestos de trabajo de mano de obra calificada que se pierden, congelamiento del desarrollo tecnológico, mayor importación de energía con la dependencia que ello significa e incremento del déficit comercial.

Como si esto fuera poco, la Provincia de Río Negro sancionó la ley 5227, que prohíbe la instalación de centrales nucleares de potencia en su territorio.

Con total seguridad se puede afirmar que, junto con la energía hidráulica, la nuclear es la más limpia en términos ambientales.

Hay una total contradicción en dicha ley, porque en nombre del cuidado ambiental prohíbe una de las fuentes más bondadosas para producir energía limpia y abundante. El campo de la salud, la investigación básica y la tecnología se benefician también con los “residuos” de esta actividad.

Quienes se oponen a la energía nuclear defienden, conscientes o no, los intereses de las corporaciones petroleras multinacionales. La ley rionegrina significa un claro retroceso que perjudica al ambiente, las fuentes laborales y el desarrollo económico y tecnológico tanto de Río Negro como de toda la Patagonia y el país.

Creo que la población debe interiorizarse más, participar y evitar así que los intereses de las corporaciones multinacionales se impongan en contra de los intereses del pueblo.

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