Nuestra extraña relación con el fuego:
Bariloche puede convertir el riesgo en beneficio

25 may 2018 - 00:00

l fuego es un proceso complejo, que no siempre acepta quedar contenido. A veces escapa a los límites que le hemos impuesto, quemando nuestros hogares, autos, ciudades y bosques, convirtiéndose en un enemigo incontrolable. Durante el último siglo, sus usos más tradicionales (quema de pastura, desmontes) han ganado una mala reputación por lo que hoy invertimos mucho dinero y recursos humanos en combatirlos. A nivel nacional, contamos con una Ley de Presupuestos Mínimos para el Manejo del Fuego (Ley Nac. 26.815/2013) que debería ayudarnos planificar su uso, pero que parece olvidada por la mayoría de nuestras instituciones: Ley Nac. 26.815 (Art. 2). La presente ley se aplica a las acciones y operaciones de prevención, pre-supresión y combate de incendios forestales y rurales que quemen vegetación viva o muerta, en bosques nativos e implantados, áreas naturales protegidas, zonas agrícolas, praderas, pastizales, matorrales y humedales y en áreas donde las estructuras edilicias se entremezclan con la vegetación fuera del ambiente estrictamente urbano o estructural. Asimismo alcanza a fuegos planificados, que se dejan arder bajo condiciones ambientales previamente establecidas, y para el logro de objetivos de manejo de una unidad territorial

Esta Ley de presupuestos mínimos genera una oportunidad de gestión y planificación para nuestra región hasta hoy desperdiciada. Impone a las autoridades locales (provincias y Parques Nacionales) la obligación de elaborar planes de manejo de fuego que contemplen a escala local el grado de peligro potencial y medidas concretas de prevención y pre-supresión de incendios (Art. 10).

Si bien el fuego es gatillado por una ignición, el mismo puede o no propagarse dependiendo de la continuidad del combustible que rodee al punto de inicio. Sin un elemento conductor, el fuego se apaga. En sistemas naturales, el control de un fuego declarado es muy complejo y costoso, dado que no podemos cambiar la topografía, el viento y la lluvia. Los únicos elementos de manejo que nos quedan, por lo tanto, son (1) el manejo de la inflamabilidad de las comunidades vegetales que nos rodean, (2) la reducción en la continuidad de la vegetación, asociada a nuestra comprensión de variables que determinan la propagación del fuego, y (3) la reducción en el número de igniciones secundarias.

Veamos por ejemplo cómo es la relación con el fuego del PN Nahuel Huapi en general y en Bariloche en particular.

El PN Nahuel Huapi concentra el mayor número de igniciones de la Patagonia, la mayoría centradas en el entorno del ejido de Bariloche. La principal herramienta de manejo implementada es su supresión, complementada con campañas de concientización sobre el efecto destructivo del fuego. No se ejecutan hasta la fecha medidas de prevención o pre-supresión tendientes a reducir el riesgo estructural de propagación de incendios siquiera a lo largo de caminos, donde se registran más del 90 % de los focos.

Bariloche crece en y con el bosque al cual sus habitantes de modifican continuamente para adecuarlo a sus gustos y necesidades, plantando, podando, regando y talando. La mayoría de los residuos forestales generados por particulares llegan al vertedero municipal, donde son quemados regularmente. La municipalidad de Bariloche no tiene en la actualidad ningún plan de manejo de biomasa urbana en ámbito público ni de prevención de incendios.

El residuo forestal contaminado con residuo sólido urbano (RSU) se entierra generando gas al degradarse de forma anaeróbica. Menos del 10% del RSU se recicla, el resto se entierra generando gas “natural” y contaminación de napas. Los fuegos del vertedero tienen dos orígenes: el controlado asociado a quemas programadas y el incontrolable asociado a las emanaciones del gas producido por residuo enterrado. El costo estimado de sostener este esquema de (des)manejo de biocombustibles supera los 4 millones de pesos mensuales según estimaciones del municipio.

Los incendios de 1996 y 1999 viven todavía en nuestra memoria. Desgraciadamente, desde entonces no hemos trabajado para prevenir incendios futuros. La remoción de biomasa en el sudoeste de la ciudad reduciría el riesgo de grandes incendios pudiendo contribuir a la provisión de leña y biomasa necesaria para las familias más vulnerables de Bariloche.

Un plan de reducción de combustibles definido entre la provincia, el Parque Nacional y el Municipio de Bariloche no sólo es necesario para cumplir con la Ley sino para reducir el riesgo de pérdida de vidas y viviendas.

Similarmente, los fuegos del vertedero afectan principalmente a los sectores más vulnerables de nuestra ciudad, que aún no cuentan con una red de gas natural. En otras latitudes, en éstos espacios se han instalado plantas de producción de electricidad y agua caliente para calefacción y uso sanitario, (cogeneración mediante incineración y/o producción de biogás) generando ingresos a los municipios en vez de gastos.

Bariloche tiene las condiciones ideales para convertir sus dos grandes riesgos ambientales asociados al fuego en beneficios concretos. Sólo hace falta que empecemos a planificar nuestro futuro y promover el uso de nuestros recursos económicos en inversiones que nos ayuden a imaginar un futuro en el que podamos conducir los fuegos de Bariloche a que nos provean de calor, electricidad y seguridad.

* Estudia la relación entre política forestal, ordenamiento territorial y el uso sustentable del bosque andino en el Instituto de Investigaciones en Biodiversidad y Medioambiente (Inibioma) dependiente del Conicet y la UNC.

Fue un aliado del hombre por 40.000 años pero hoy, si escapa a los límites que le imponemos, lo consideramos enemigo. Invertimos mucho en combatirlo antes que en planificar su uso.
La municipalidad no tiene ningún plan de manejo de biomasa urbana en el ámbito público ni de prevención de incendios, lo que tiene un costo de más de 4 millones de pesos al mes.

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