Otra forma de construir departamentos

“La casa de tres patios”, en Cipolletti, no olvida nunca quién la va a habitar. Lleva la firma del estudio regional M2G.

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PRODUCCIÓN: HORACIO LARA hlara@rionegro.com.ar “Debemos borrar esa idea naif que se tiene de la arquitectura y volver a pensarla como una herramienta de cambio que hace que las cosas funcionen mejor, que sean más eficientes y que puedan materializarse de la mejor manera”, comentan los integrantes del estudio “M2G””, Pablo Mallco Heguy, Gustavo Maidana y Santiago Giuliani. “Cuando a Peter Behrens le encargaron el proyecto de la fábrica de turbinas en 1909, tuvo que diseñar viviendas de trabajadores, muebles, productos industriales, lámparas, radiadores e incluso la papelería, carteles y anuncios. Si hoy tuviéramos la suerte de que nos encarguen un edificio semejante, las viviendas serían contenedores, los muebles comprados en Easy, las lámparas no serían de autor y los radiadores serían los mismos que los de cualquier otra obra. La figura del arquitecto quedó muy lejos de aquello, no sólo por su forma de trabajar, sino también por el medio en el que lo hace. Nuestro rol en este contexto nos exige repensarnos. Por eso creemos que hay otra forma, además de la clásica, de ejercer la profesión, debemos salir de nuestra oficina y establecer otra relación con el medio y esto se refiere a que el proyecto no se resuelve solo en el escritorio de tu estudio ni se limita a un conjunto de líneas sobre el papel”, comparten estos tres jóvenes en su charla con eh!. En arquitectura las líneas se construyen, pesan, miden y cuestan dinero; por ello un sistema constructivo no se debe someter a una forma. Si se proyecta sin pensar en su construcción entonces se hace de la peor manera. Todo es proyecto, poner precio a las cosas es proyecto. “En la medida que sepamos dominarlas podremos hacer mejores obras, computar y presupuestar claramente es una forma de proyectar. Que el proyecto vaya más allá de una fachada bonita es una necesidad si queremos que no nos hagan a un lado”, sostiene Giuliani. “En este sentido, el arquitecto del futuro tendrá una dedicación mucho más específica a la propia resolución edilicia de los problemas y de los programas, y una parte de los problemas técnicos serán desgajados, por una cuestión de responsabilidades, y entonces el arquitecto tendrá que redefinirse hasta convertirse en ese intermediario eficaz, en ese director de orquesta capaz de coordinar personas que hoy ya tienen la misma categoría que nosotros. Decidiendo instalaciones, estructuras, seguridad o cualquier otro de los componentes que cada vez van haciendo más compleja la arquitectura”, dice Maidana. “Por eso el arquitecto debe tener esa actitud, esa capacidad de negociación que lo llevará a construir más y mejor”, agrega Heguy. En medio de esta charla consultamos por una obra que están haciendo en Cipolletti: son dos departamentos, con tres patios, en un terreno relativamente chico. “Se hacen tantas pajareras o palomares que interesa conocer la propuesta de ustedes”, comentamos desde este suple. Ellos toman la posta e informan sobre “la casa de tres patios”: * las condiciones climáticas del lugar se caracterizan por una incidencia solar intensa y fuertes vientos provenientes del suroeste, * el proyecto tuvo como condición la construcción de dos unidades de vivienda de bajo costo y el requerimiento de organizarlas en un solo nivel, * la estrategia fue establecer una serie de prioridades en las que mayor superficie, calidad espacial, iluminación y ventilación fueron las primordiales. El medio para la reducción del costo fue la eliminación de todo detalle y la utilización de materiales económicos y de fácil construcción, * el proyecto se propone la construcción de una serie de espacios equivalentes articulados a partir de tres patios. La articulación de estos patios en planta, permite la mejor iluminación y ventilación para un clima de fuerte incidencia solar y gran amplitud térmica y, * los muros son de ladrillo visto pintado, las carpinterías son de chapa, pisos cerámicos y cubierta de chapa sobre estructura de madera. El terreno donde se implantan estas dos construcciones tiene un ancho de 13,60 mts por 29 mts de fondo; cada una de ella ocupa un espacio de 6,80 mts de ancho por el largo del terreno. Vimos lo construido y volvimos al estudio a seguir la charla donde dijeron: “El arquitecto hace unos años se ubicaba todavía en la cúspide de la pirámide desde donde dirigía todos los aspectos de la obra; hoy se dio paso a otra estructura, mucho más horizontal, donde el peso de un arquitecto es el mismo que el de un ingeniero especialista o el de un promotor del proyecto teniendo el mismo o quizás menos poder de decisión. Pensamos que esto debe ser visto con optimismo. El arquitecto debe necesariamente saber negociar, somos un equipo por cada obra, integrado por clientes, ingenieros, instaladores, técnicos, constructores, albañiles… por eso es importante abrir el diálogo y discutir con todos, cada uno tiene sus razones y en la medida que podamos discutirlas, las obras serán mejores. Por eso hace falta tener ideas que sean capaces de estimular las voluntades de los demás”. Razona luego: “Queremos que nuestros proyectos cumplan la función que cumplen los renglones en una hoja y nosotros la de saber tomar dos o tres decisiones sobre la estructura, la posición de los núcleos, la elección de un sistema constructivo, entre otras. Pensamos una arquitectura como infraestructura. Creemos en establecer un dialogo intenso con los técnicos, ingenieros, usuarios e inclusivo con el medio inmobiliario. Pensamos saludable que el arquitecto deje de ocupar el centro de la foto y es por eso necesario confiar en los demás actores que intervienen desde el proyecto hasta la ejecución de las obras. Necesitamos una arquitectura más optimista, que lejos de pensar lo que no puede hacer, se plantee lo que sí puede hacer y que, lejos de hacer con menos, se proponga hacer más con los recursos que dispone. No tenemos un control directo del último tornillo de nuestras obras pero sí confiamos en nuestro equipo de trabajo y sabemos que las decisiones son las mejores que nuestro equipo puede tomar. Por eso creemos en un arquitecto que debe establecer un diálogo con los oficios de la construcción. Pensamos que ni el zinguero ni el arquitecto por separado pueden hacer algo tan bueno como lo que puede surgir de la discusión entre ambos. No creemos en el arquitecto que todo lo sabe y todo lo resuelve, más bien preferimos un esquema abierto en el que se puedan discutir las cosas desde distintos ángulos”. Concluyen: “Pensamos que es importante establecer en cada proyecto una lista de prioridades para distinguir lo negociable de lo que no lo es, esto nos garantiza cumplir con tres o cuatro decisiones fundamentales, además de depurar los proyectos y librarlos de lo que no es necesario. No se trata de hacer con menos, se trata de hacer más con los recursos que disponemos”.


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