Otra masacre religiosa sacudió a Pakistán





QUETTA, Pakistán (AP).- Hombres armados dispararon y lanzaron granadas contra feligreses chiítas que realizaban una procesión religiosa en una ciudad del suroeste de Pakistán. Murieron al menos 42 personas - incluyendo los tres atacantes- y otras 150 resultaron heridas.

El alcalde de la ciudad declaró de inmediato el toque de queda. Las autoridades informaron de una explosión y un tiroteo en una zona congestionada de Quetta, la principal ciudad en la provincia suroccidental de Baluchistán, mientras centenares de musulmanes chiítas participaban en una procesión para celebrar Ashura, el día más importante del mes sagrado de Muharram.

Poco después, una mezquita sunita, las oficinas de una red de televisión y varios negocios fueron incendiados por chiítas en partes de la ciudad. También hubo un intercambio de disparos cerca del lugar del ataque inicial, dijo la policía.

Mohammed Wasim, médico del Hospital Central del Gobierno en Quetta, dijo que en el nosocomio se habían recibido 19 cadáveres. Por su parte, el Hospital Militar Combinado informó del ingreso de 22 cadáveres desde el ataque del martes en la tarde.

Un funcionario de inteligencia dijo que las autoridades habían hallado los restos de uno de los presuntos atacantes, y que había evidencias de que se voló con explosivos.

Las autoridades dijeron que la matanza fue organizada por grupos extremistas que intentan desestabilizar el país. El presidente, general Pervez Musharraf, se ha convertido en un firme aliado de Estados Unidos en la lucha contra el terrorismo, concitando la ira de fundamentalistas islámicos.

En diciembre hubo dos atentados contra su vida. "Obviamente, el propósito de este ataque fue crear intranquilidad'', dijo a la AP el ministro de Información Jeque Rashid Ahmed.

La violencia ocurrió horas después que una serie de explosiones coordinadas en Irak destruyeron importantes santuarios chiítas en Kerbala y en Bagdad, matando a por lo menos 143 personas. (ver aparte)

No hubo indicaciones de que los ataques hubiesen sido coordinados. El alcalde Abdul Rahim Kakar dijo a la AP que había ordenado un inmediato toque de queda en la ciudad de 1,2 millones de habitantes, a fin de mantener la ley y el orden. Indicó que soldados y fuerzas paramilitares han sido emplazadas en la ciudad para controlar la situación. "Estaba cerca de la procesión cuando oí una explosión y luego ví a algunas personas disparando armas de fuego'', dijo el alcalde.

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