Paja en el ojo ajeno
Es posible, incluso probable, que la presidenta Cristina Fernández de Kirchner dé por descontado que todos los políticos del planeta son igualmente corruptos y que, por lo tanto, sería razonable suponer que su homólogo chileno Sebastián Piñera sólo fingió vender su participación en la aerolínea LAN con la intención de recuperarla una vez terminado su mandato, pero así y todo cometió un grave error diciéndolo en público al poner entre comillas la palabra “vendido” en uno de los mensajes con los que nos bombardea esporádicamente a través de la red social Twitter. Como fue de prever, la cancillería chilena reaccionó enseguida frente a la insinuación maliciosa difundida por Cristina señalando que Piñera sí había vendido “voluntariamente” sus acciones porque “en Chile el presidente y los parlamentarios son democráticamente elegidos, con total transparencia de su trayectoria y de su patrimonio e intereses. Una vez electos, desde el presidente hasta cualquier alto funcionario público debe cumplir las normas de transparencia y declarar su patrimonio y todos sus intereses”. Pudo haber agregado, pero por razones evidentes no lo hizo, que en la Argentina la situación es muy distinta, puesto que aquí “la transparencia”, o sea, el respeto por ciertas normas de conducta en el marco de la seguridad jurídica es considerado un concepto golpista horrible, algo inventado por la oligarquía para poner palos en la rueda de la revolución nacional y popular. Sea como fuere, desde bien antes del inicio de la gestión presidencial prolongada del matrimonio Kirchner, la evolución de su patrimonio y las vicisitudes de los intereses comerciales que le ha permitido aumentarlo a un ritmo descomunal han motivado un sinfín de denuncias convincentes, algunas formuladas por legisladores y abogados opositores y otras por periodistas. Mientras Cristina conservó el apoyo de la mayor parte del electorado, pareció que el tema de la corrupción endémica, para no decir estructural, no incidía mucho en el drama político nacional pero, a la luz del cambio que se vio reflejado en los resultados de las primarias del mes pasado, pronto podría figurar entre las prioridades ciudadanas. Así, pues, aunque sólo fuera por razones tácticas, a Cristina no le convino del todo provocar un incidente diplomático con un país vecino al acusar gratuitamente, a base sólo de su olfato porque no cuenta con pruebas concretas, a su presidente de delinquir, operando con testaferros, como según muchos ella misma se ha acostumbrado a hacer desde los días en que su marido manejaba la provincia de Santa Cruz como si se tratara de su feudo personal. Según Transparencia Internacional, Chile, como Uruguay, es llamativamente menos corrupto que la Argentina, de suerte que si a Piñera, un multimillonario, se le ocurriera procurar acumular aún más dinero aprovechando su poder como presidente, no tardaría en protagonizar un juicio político que con toda probabilidad culminaría con su destitución. Mal que les pese a nuestros dirigentes, es lo que suele suceder en países democráticos en los que se toma en serio lo del Estado de derecho y la mayoría prefiere que sus gobernantes sean personas honestas. Si bien a muy pocos les gustaría ver a Cristina y otros integrantes destacados de su administración enfrentar un juicio político antes de la fecha prevista para que traspasen el Poder Ejecutivo a sus sucesores, a menos que la dirigencia nacional se haya resignado a que la Argentina siga siendo un país en que “roban pero hacen” sea algo más que una consigna cínica, tarde o temprano resultará necesario obligar a los acusados de enriquecerse ilícitamente, encabezados por la presidenta, a rendir cuentas ante la Justicia, razón por la que el gobierno quiso “democratizarla” cuando aún creía disfrutar de un alto nivel de aprobación. Por ahora, impera la actitud permisiva propia de los convencidos de que el país sencillamente no está en condiciones de enfrentar con éxito una crisis institucional de proporciones, pero por ser tan perversa la alternativa, que consistiría en dejar que los gobernantes de turno operen al margen de la ley, limitándose a sacrificar de vez en cuando a un puñado de “emblemáticos” a fin de conformar a la ciudadanía, la situación indigna así supuesta podría cambiar radicalmente en los meses próximos.