¿Papeles para el cambio?



Darío Tropeano*

El BCRA no está cuidando el dinero de los ahorristas y estimula a los bancos a que compren con los ahorros de ellos todas las Leliqs posibles con sobretasa superior al 80%. El fantasma del plan Bonex

En la agonía inquietante que espera el desenlace, agotado y contraproducente, el proceso de escenificación mediática de la realidad que permitió este presente (ver en páginas del 1/10/18 “Seremos Grecia”), los ahorristas del plazo fijo navegan en la tormenta. En la peor crisis desde el 2001 el Estado Argentino ha sido endeudado hasta el hartazgo, y con ello comprometido nuestro futuro por lo menos 10 años (creciendo a un promedio del 3% anual podremos pagar la deuda acumulada durante la presente gestión). Los bonos de deuda en pesos que emitía el Banco Central (Lebac) -que podían comprar incluso personas humanas- hasta la explosión devaluatoria del 2018 vencían entre 36 y 240 días.

Luego de que los grandes inversores nacionales y extranjeros advirtieron que el país no tenía los dólares suficientes entre julio y agosto del 2018 cambiaron las Lebacs por dólares. Resultado: llega el FMI para rescatar a esos inversores, prestando dólares al país para pudieran ir cambiando las Lebac sacando los dólares del país, asegurándoles además el cobro en los vencimientos futuros. Resumen: prestar para fugar dólares del Banco Central.

Para los ahorristas quedaron entonces los plazos fijos y para los bancos e inversores extranjeros la Leliq, nuevos títulos del Banco Central en pesos que se emiten cada día, y vencen cada semana, pero con tasas de interés mucho más altas.

La idea “vendida “era evitar que los pesos se vayan al dólar, aunque en realidad bajo la teoría monetarista del liberalismo ortodoxo se trata de sacar la mayor cantidad de pesos de la economía (vía emisión indirecta de pesos a través de Leliqs) para evitar inflación: hoy la Argentina tiene la inflación más alta del mundo en un país de sus características.

Mientras tanto los ahorristas en plazo fijo reciben de los Bancos entre el 43 al 45% anual en pesos, y los bancos reciben por las Leliq que le compran al Banco Central cerca del 74%.

Los intereses por Leliqs que paga el BCRA por día a tasas del 74% ascienden a 3.300 millones de pesos diarios de intereses.

La bomba se acelera cuando los Bancos donde colocamos nuestro dinero a plazo fijo siguen acumulando ganancias con su principal cliente: el Estado que toma esa deuda.

Las entidades financieras deben mantener sin mover en el Banco Central dinero en efectivo para el caso que tengan necesidad de retiro por parte de los ahorristas (los llamados encajes).

Pero desde el 23 de abril de este año ya no es necesario que los Bancos tengan efectivo en el Banco Central, dado que pueden tener en Leliq el total de su capacidad patrimonial y el 100% de sus saldos diarios en efectivo (comunicación A 6661).

El Banco Central no está cuidando el dinero de los ahorristas y estimula a los bancos a que compren con los ahorros de ellos todas las Leliq posibles con una sobretasa de más del 80%.

Es por ello que los balances anuales de las entidades financieras arrojan beneficios extraordinarios.

La economía real, física, la que impulsa el crecimiento y el desarrollo, muestra un derrumbe extraordinario que no va a cesar, sino que se prolongará hasta el desenlace.

El recuerdo del plan Bonex

En 1989, frente a una situación como la explicada, pero donde los valores en juego eran casi quince veces menos que hoy (u$s 3.000 de antes contra cerca de u$s 35.000 de hoy) el Estado recurrió al plan Bonex, canjeando compulsivamente los plazos fijos por bonos a largo plazo.

Es muy difícil imaginar otra salida ante semejante coyuntura económico-financiera, en tanto y en cuanto los bancos quieran juntar sus ganancias e irse al dólar para sacarlos del país, el Estado no podrá hacer frente a entregar esa cantidad incontable de pesos y el Banco Central no tendrá esos dólares para vender; menos aún a los ahorristas pequeños y medianos.

Si el Estado devuelve los pesos, la hiperinflación resultará un escenario posible ante semejante drenaje de dinero. Es inevitable caer entonces en un nuevo instrumento de deuda (un bono) que contenga semejante desbarajuste.

Esta advertencia a la fecha no es propia, incluso ha sido referida públicamente por algún economista de la más férrea ortodoxia económica, pero argumentando otros fundamentos que llevaron a esta situación.

La Argentina nuevamente se desliza hacia las profundidades más oscuras del subdesarrollo, producto del cambio, de “la vuelta mundo“. (Ver nuestra nota “Volver al mundo… de la deuda“, del 2/2/17).


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