Partido de Estado y democracia

Redacción

Por Redacción

Al tiempo que comenzaron a producirse importantes conflictos, como los de la UOCRA en los años 1984 y 1986 -duramente reprimidos-, las organizaciones sindicales iniciaron un camino de creciente autonomía no sólo respecto del gobierno provincial del MPN, sino también de las centrales gremiales más tradicionales. La mejor expresión de ello fue el surgimiento de ATEN y del Sindicato Unico de Trabajadores Estatales de Neuquén -SUTEN-, encolumnados en la CTERA y ATE respectivamente… Las características de la Iglesia neuquina imprimieron un sesgo particular en la vida política de Neuquén. No fue ajena a ello, por ejemplo, la fuerza del movimiento por los derechos humanos y el hecho de que la ciudad de Neuquén fuese designada como la “capital de los derechos humanos”. Las masivas movilizaciones contra el Punto Final o las fallidas asonadas militares de la época son testimonio de ello. El empresariado también evidenció importantes cambios. El sector robustecido especialmente en el nivel terciario de la economía y tradicionalmente cobijado por el Estado provincial, comenzó a expresarse en forma más heterogénea y no tan en sintonía con los intereses del gobierno. Este heterogéneo marco político impuso nuevos desafíos a los partidos locales y especialmente al MPN, que se encontró frente a un amplio espectro político difícil de asimilar e incorporar y con una fuerte capacidad de reclamo. De allí que aquella apertura democrática representara para la política neuquina un importante proceso de aprendizaje, en la medida que le significó enfrentar una situación política signada por nuevos perfiles, donde no pocas veces el gobierno provincial debió cargar con el costo político de los conflictos. Las transformaciones se reflejaron en la aparición -desde mediados de los ochenta- de tendencias que promovían una renovación en los estilos de hacer política. La máxima expresión de ello fue quizá la conformación de una línea interna con alto grado de autonomía respecto de las históricas conducciones partidarias. Este sector accedió a la gobernación en el año 1991 con la figura de Jorge Sobisch, que mostró un importante grado de acercamiento a los lineamientos políticos del gobierno nacional representado por Carlos Menem.

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Nota asociada: Realidades y deseos en 20 años de Río Negro y Neuquén  

Nota asociada: Realidades y deseos en 20 años de Río Negro y Neuquén

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Al tiempo que comenzaron a producirse importantes conflictos, como los de la UOCRA en los años 1984 y 1986 -duramente reprimidos-, las organizaciones sindicales iniciaron un camino de creciente autonomía no sólo respecto del gobierno provincial del MPN, sino también de las centrales gremiales más tradicionales. La mejor expresión de ello fue el surgimiento de ATEN y del Sindicato Unico de Trabajadores Estatales de Neuquén -SUTEN-, encolumnados en la CTERA y ATE respectivamente... Las características de la Iglesia neuquina imprimieron un sesgo particular en la vida política de Neuquén. No fue ajena a ello, por ejemplo, la fuerza del movimiento por los derechos humanos y el hecho de que la ciudad de Neuquén fuese designada como la “capital de los derechos humanos”. Las masivas movilizaciones contra el Punto Final o las fallidas asonadas militares de la época son testimonio de ello. El empresariado también evidenció importantes cambios. El sector robustecido especialmente en el nivel terciario de la economía y tradicionalmente cobijado por el Estado provincial, comenzó a expresarse en forma más heterogénea y no tan en sintonía con los intereses del gobierno. Este heterogéneo marco político impuso nuevos desafíos a los partidos locales y especialmente al MPN, que se encontró frente a un amplio espectro político difícil de asimilar e incorporar y con una fuerte capacidad de reclamo. De allí que aquella apertura democrática representara para la política neuquina un importante proceso de aprendizaje, en la medida que le significó enfrentar una situación política signada por nuevos perfiles, donde no pocas veces el gobierno provincial debió cargar con el costo político de los conflictos. Las transformaciones se reflejaron en la aparición -desde mediados de los ochenta- de tendencias que promovían una renovación en los estilos de hacer política. La máxima expresión de ello fue quizá la conformación de una línea interna con alto grado de autonomía respecto de las históricas conducciones partidarias. Este sector accedió a la gobernación en el año 1991 con la figura de Jorge Sobisch, que mostró un importante grado de acercamiento a los lineamientos políticos del gobierno nacional representado por Carlos Menem.

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