Patagonia: algunos antecedentes
Por Antonio Torrejón
La interacción de homogeneidades naturales y humanas va configurando un espacio regional.
Esta interacción da unidad a este espacio regional, a la vez que lo diferencia de otros.
La región patagónica, como resultante de un proceso de esta clase, se manifiesta en una identidad espacio-temporal propia y distinta de la del resto del país.
Son rasgos de la misma:
• La fuerza de las homogeneidades naturales, que se acentúa frente a la débil humanización del paisaje.
• La interacción hombre-medio caracterizada por:
• Marginación funcional en la época colonial.
• Incorporación tardía a la organización nacional.
• Valoración reciente de sus recursos naturales, no siempre acompañada de un uso racional.
• Frente pionero y polo de atracción migratoria.
Como producto de las interacciones señaladas, surge una configuración espacial que identifica a la Patagonia, donde convive una división política integrada por: Neuquén, Río Negro, Chubut, Santa Cruz y Tierra del Fuego.
Su problemática actual se proyecta en un futuro común a todos sus habitantes en tanto logren la identidad y sentido de pertenencia a la región.
El nombre de la región y sus subdivisiones políticas
Patagonia: La toponimia del Nuevo Mundo es todavía un campo abierto a la investigación. Trabajos de historiadores, antropólogos y lingüistas han ido esclareciendo muchos significados y corrigiendo otros. Esto ocurre, por ejemplo, con el nombre de Patagonia, es decir, Tierra de los Patagones.
Una opinión corriente sostiene que Magallanes (1520) designó así a los aborígenes de la costa sur del Atlántico para indicar lo descomunal de sus pies, por su propio tamaño, el de su rústico calzado y el de su pisada. Tal opinión encontró su apoyo en la conocida obra «Historia General de las Indias», de F. López de Gomara, publicada en España en 1552.
Los estudios llevados a cabo a partir de 1950 por María Rosa Lida de Malkiel (Buenos Aires) y Marcel Bataillon (París), han concluido de manera fehaciente que, en el momento del viaje de Magallanes, no existía patagón como nombre o adjetivo aplicado a seres de pie grande o patudos. Tampoco las crónicas de los descubridores de la región afirmaban que tal carácter fuese la causa de llamar patagones a sus habitantes.
La correspondiente consulta a las fuentes de la época permitió a los citados investigadores establecer que patagón es un sinónimo de salvaje o bárbaro, o sea, carente de aquellas notas que el conquistador consideraba definidoras de civilización.
Corroboran el hecho obras como Relaciones geográficas de Indias, Ministerio de Fomento, Madrid 1897, y Libro segundo de Palmerín Sevilla, 1524.
Neuquén: Variedad de acepciones y de etimologías caracterizan a este topónimo araucano, si bien todas aluden, de algún modo, al paisaje fluvial del que toma su nombre la provincia. Atrevido, arrogante, audaz (Félix San Martín, Esteban Eriza) es uno de los significados que se le asignan, al que complementa el de fuertemente correntoso (Gregorio Alvarez, Pablo Fermín Oreja).
La denominación de Barrancas, que en varias oportunidades se le dio al río, indicaría que Neuquén alude a un repecho muy grande (Rodolfo Casamiquela) o a un relieve de la quebrada (Juan Mario Raone), es decir, una referencia a la condición de encajonado.
Río Negro: Es en 1779 cuando el piloto español Basilio Villarino descubre la desembocadura del río que los indios llaman Curru Leuvu. Por más de dos siglos y medio, muchas naves habían pasado frente al lugar sin identificarlo. Una geografía de leyenda aludía permanentemente a su curso, al que el misionero jesuita Thomas Falkner señalaba como el mayor de todos los de la Patagonia (siglo XVIII). Segundo desaguadero, Río de los Sauces fueron algunos de los nombres con que se lo conoció, aun cuando no se lo había ubicado con precisión. Las exploraciones de Villarino no sólo contribuyeron a su correcta localización, sino a la generalización del nombre de Río Negro, asociando a la población del Fuerte que se estableció a sus orillas.
Chubut: Como muchos vocablos, Chubut ha experimentado transformaciones fonéticas y de escritura, así como diversidad de interpretaciones. Las investigaciones más recientes (Rodolfo Casamiquela, 1975) permiten afirmar que se trata de una voz tehuelche, o sea, de los aborígenes que ocupaban la región patagónica. Puede traducirse como transparente, y pareciera referirse a la cualidad de las aguas del río en sus nacientes cordilleranas. Los colonos galeses arribados en 1865, observando el curso del río le dieron el nombre de Camwy, que en su lengua equivale a sinuoso.
Esta denominación, sin embargo, no pretendió reemplazar a la existente ni constituirse en su sinónimo, quedando su uso restringido a los habitantes del galés.
Santa Cruz: El nombre de esta provincia deriva de uno de sus cursos de agua, cuya designación corresponde a la expedición de Hernando de Magallanes. Fue uno de sus pilotos, Juan Serrano, quien conduciendo la nave Santiago penetró en la bahía del río hasta entonces ignorado por los españoles. Era en 1520.
En correspondencia con las devociones cristianas asociadas al calendario de la Iglesia Católica, los expedicionarios llamaron Santa Cruz al río, topónimo que también dominó al puerto y terminó por abarcar toda la comarca.
Tierra del Fuego: Cuando antes de finalizar 1529, las naves de Magallanes ingresaban al estrecho, apuntó el cronista Antonio Pegafetta: Nos hicimos a la vela teniendo a la izquierda la otra margen que llamamos Tierra de los Fuegos, por la cantidad de ellos que se veían en la costa. Eran las señales que entre sí cambiaban, aún sin conocerlo, el polo opuesto al ártico o septentrional.
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