Perdidos en el espacio
El que dos presuntos adversarios políticos hayan compartido una foto no debería motivar sospechas de ningún tipo, pero parecería que los comprometidos con la coalición Unen se sienten tan nerviosos que cualquier acercamiento sirve para provocar una nueva crisis interna. Es lo que sucedió al difundirse imágenes del encuentro en Jujuy del senador radical Gerardo Morales y el neoperonista Sergio Massa. Otros radicales como Julio Cobos y Ricardo Alfonsín, además de aliados coyunturales como Fernando “Pino” Solanas, lo tomaron por una señal de que Morales, un aspirante a erigirse en gobernador de Jujuy, estaría pensando en alejarse de lo que todos llaman “el espacio” de Unen por entender que le convendría más apostar al Frente Renovador del exjefe de Gabinete del gobierno de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner que se ha convertido en un opositor acérrimo que confiar demasiado en las perspectivas frente al aún precario aglomerado progresista. Aunque Morales insiste en que no se le ocurriría abandonar la UCR o Unen, para triunfar en su provincia podría necesitar la ayuda de un presidenciable auténtico como Massa ya que, según las encuestas de opinión, los precandidatos radicales como Cobos y Ernesto Sanz aún no han logrado impresionar al electorado. Tampoco parece muy promisoria la precandidatura del socialista santafesino Hermes Binner. Desde que una tormenta económica pusiera un fin prematuro a la gestión del presidente Raúl Alfonsín, el radicalismo se encuentra en una situación un tanto paradójica. Cuenta con un aparato político de alcance nacional presente en todas las jurisdicciones, grandes y chicas, del país, pero le faltan líderes “carismáticos”. Pudo superar esa deficiencia a fines del siglo pasado con Fernando de la Rúa en combinación con el Frepaso, pero el fracaso del gobierno de la Alianza fue tan espectacular que en el 2007 los radicales tuvieron que resignarse a apoyar la candidatura del peronista Roberto Lavagna. Con todo, por algunos años el vicepresidente Cobos figuró como el político más popular del país merced a su rebelión a favor del campo contra la arbitrariedad kirchnerista, pero una vez fuera del gobierno su estrella perdió brillo y, de todos modos, sus correligionarios se resistieron a perdonarlo por haber sido un “radical K”. Es factible que, de conseguir un radical el apoyo disciplinado no sólo de su propio partido sino también de los socialistas y otros que conforman el Frente Amplio Unen, estuviera en condiciones de competir con Massa, Mauricio Macri y Daniel Scioli pero, en vista del carácter pendenciero de algunos que ocupan “el espacio” centroizquierdista, la posibilidad de que resulte ser un bloque coherente parece escasa. Mientras tanto, es de prever que en las diversas provincias y municipalidades los radicales continúen vinculándose, según las circunstancias locales, con fracciones peronistas o macristas, para alarma e indignación de sus correligionarios en otros distritos. En todos los casos, la voluntad de formar parte de una coalición gobernante puede comprenderse, pero el resultado es que el radicalismo, como el peronismo, ya no es mucho más que “un sentimiento”, una tradición política que tiene más que ver con cierto apego a figuras simbólicas del pasado que con un programa de gobierno determinado o con un conjunto de valores. Para los preocupados por la pérdida de identidad del radicalismo, Unen ofrecería una solución posible si todos los adherentes compartieran la misma ideología, una afín a la reivindicada en otros tiempos por los popes radicales, pero sucede que la agrupación que se ha improvisado es tan pluralista como la UCR y el PJ, razón por la que le costaría mucho consolidarse. Aunque el país se beneficiaría si lo hiciera, ya que buena parte de sus problemas se debe a la ausencia de partidos que representan las principales corrientes ideológicas de los tiempos que corren, son tan fuertes las tendencias personalistas de la cultura política nacional que, a menos que surja un caudillo equiparable con el Alfonsín de 1983, sólo será cuestión de un “espacio” que, de vez en cuando, dirigentes ambiciosos tratarán de colonizar para entonces abandonarlo por entender que sería de su interés aliarse con quienes a su juicio podrían asegurarles una cuota de poder genuino.
Fundado el 1º de mayo de 1912 por Fernando Emilio Rajneri Registro de la Propiedad Intelectual Nº 5.196.592 Director: Julio Rajneri Codirectora: Nélida Rajneri de Gamba Vicedirector: Aleardo F. Laría Rajneri Editor responsable: Ítalo Pisani Es una publicación propiedad de Editorial Río Negro SA – Sábado 11 de octubre de 2014
El que dos presuntos adversarios políticos hayan compartido una foto no debería motivar sospechas de ningún tipo, pero parecería que los comprometidos con la coalición Unen se sienten tan nerviosos que cualquier acercamiento sirve para provocar una nueva crisis interna. Es lo que sucedió al difundirse imágenes del encuentro en Jujuy del senador radical Gerardo Morales y el neoperonista Sergio Massa. Otros radicales como Julio Cobos y Ricardo Alfonsín, además de aliados coyunturales como Fernando “Pino” Solanas, lo tomaron por una señal de que Morales, un aspirante a erigirse en gobernador de Jujuy, estaría pensando en alejarse de lo que todos llaman “el espacio” de Unen por entender que le convendría más apostar al Frente Renovador del exjefe de Gabinete del gobierno de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner que se ha convertido en un opositor acérrimo que confiar demasiado en las perspectivas frente al aún precario aglomerado progresista. Aunque Morales insiste en que no se le ocurriría abandonar la UCR o Unen, para triunfar en su provincia podría necesitar la ayuda de un presidenciable auténtico como Massa ya que, según las encuestas de opinión, los precandidatos radicales como Cobos y Ernesto Sanz aún no han logrado impresionar al electorado. Tampoco parece muy promisoria la precandidatura del socialista santafesino Hermes Binner. Desde que una tormenta económica pusiera un fin prematuro a la gestión del presidente Raúl Alfonsín, el radicalismo se encuentra en una situación un tanto paradójica. Cuenta con un aparato político de alcance nacional presente en todas las jurisdicciones, grandes y chicas, del país, pero le faltan líderes “carismáticos”. Pudo superar esa deficiencia a fines del siglo pasado con Fernando de la Rúa en combinación con el Frepaso, pero el fracaso del gobierno de la Alianza fue tan espectacular que en el 2007 los radicales tuvieron que resignarse a apoyar la candidatura del peronista Roberto Lavagna. Con todo, por algunos años el vicepresidente Cobos figuró como el político más popular del país merced a su rebelión a favor del campo contra la arbitrariedad kirchnerista, pero una vez fuera del gobierno su estrella perdió brillo y, de todos modos, sus correligionarios se resistieron a perdonarlo por haber sido un “radical K”. Es factible que, de conseguir un radical el apoyo disciplinado no sólo de su propio partido sino también de los socialistas y otros que conforman el Frente Amplio Unen, estuviera en condiciones de competir con Massa, Mauricio Macri y Daniel Scioli pero, en vista del carácter pendenciero de algunos que ocupan “el espacio” centroizquierdista, la posibilidad de que resulte ser un bloque coherente parece escasa. Mientras tanto, es de prever que en las diversas provincias y municipalidades los radicales continúen vinculándose, según las circunstancias locales, con fracciones peronistas o macristas, para alarma e indignación de sus correligionarios en otros distritos. En todos los casos, la voluntad de formar parte de una coalición gobernante puede comprenderse, pero el resultado es que el radicalismo, como el peronismo, ya no es mucho más que “un sentimiento”, una tradición política que tiene más que ver con cierto apego a figuras simbólicas del pasado que con un programa de gobierno determinado o con un conjunto de valores. Para los preocupados por la pérdida de identidad del radicalismo, Unen ofrecería una solución posible si todos los adherentes compartieran la misma ideología, una afín a la reivindicada en otros tiempos por los popes radicales, pero sucede que la agrupación que se ha improvisado es tan pluralista como la UCR y el PJ, razón por la que le costaría mucho consolidarse. Aunque el país se beneficiaría si lo hiciera, ya que buena parte de sus problemas se debe a la ausencia de partidos que representan las principales corrientes ideológicas de los tiempos que corren, son tan fuertes las tendencias personalistas de la cultura política nacional que, a menos que surja un caudillo equiparable con el Alfonsín de 1983, sólo será cuestión de un “espacio” que, de vez en cuando, dirigentes ambiciosos tratarán de colonizar para entonces abandonarlo por entender que sería de su interés aliarse con quienes a su juicio podrían asegurarles una cuota de poder genuino.
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