PERFIL: De bajo perfil y espíritu misionero
El arzobispo de Buenos Aires y primado de Argentina privilegia sobre todo una presencia preferencialmente discreta ante la opinión pública.
Así por ejemplo se pudo ver al cardenal en varias ocasiones por el subterráneo en camino a la Catedral de Plaza de Mayo, en el centro de la ciudad de Buenos Aires. También por Roma se paseó por lo general envuelto en un sobretodo oscuro y sin el birrete de cardenal.
En los últimos años chocó varias veces con los gobiernos de Néstor y Cristina Kircher, con sus críticas por la corrupción y la pobreza, así como con su campaña frontal -pero infructuosa- contra la legalización del matrimonio homosexual.
Bergoglio nació el 17 de diciembre de 1936 como hijo de inmigrantes italianos. Su padre fue empleado de ferrocarriles en la capital argentina. Allí fue a una escuela técnica, donde se recibió como técnico químico. Con 21 años ingresó en el seminario.
Tras su ordenación sacerdotal en 1969 realizó estudios de teología y entre 1973 y 1979 fue superior provincial de los jesuitas. En esos difíciles años de Argentina, durante los cuales gobernó una dictadura militar, Bergoglio condujo con autoridad su orden hacia actividades estrictamente religiosas.
El único jesuita en el cónclave asumió en 1998 la arquidiócesis de Buenos Aires y durante el consistorio del 21 de febrero de 2001, el papa Juan Pablo II lo nombró cardenal.
Bergoglio tiene un “espíritu totalmente misionero” y es “un pastor muy sencillo, muy humilde”, afirma el obispo auxiliar de Buenos Aires Eduardo García, quien compartió hasta hoy el trabajo pastoral con Jorge Bergoglio en la Catedral Metropolitana de Buenos Aires.
“Estamos muy orgullosos de él como pastor, nos llena de inmensa alegría”, expresó el prelado.
“Es uno de los nuestros”, festejó, al asegurar que “América Latina ha tenido en los últimos años un papel muy importante en la evangelización”.
Bergoglio “vive ese espíritu totalmente misionero, de una Iglesia que está en la calle, una Iglesia de puertas abiertas, el gesto de acercamiento al otro”, detalló. Lo definió además como “una persona muy sencilla, muy humilde”.
El obispo auxiliar de Buenos Aires reconoció que lo sorprendió la elección del nombre Francisco I. “Él es muy devoto de San José, pensé que se iba a poner José I”, aseguró.
“Espero que siga siendo el mismo pastor que fue con nosotros y siga conduciendo a la Iglesia como condujo a la Iglesia en Buenos Aires”, afirmó el obispo.
El arzobispo de Buenos Aires y primado de Argentina privilegia sobre todo una presencia preferencialmente discreta ante la opinión pública.
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