PERFIL: La estrella de los que brillan



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Uno de los retratos más célebers de Leibovitz.

Annie Leibovitz es la fotógrafa de las estrellas, de quienes brillan en la música, en el cine, en la política. Hoy ganó el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades, un galardón que la reconoce como dinamizadora del fotoperiodismo mundial y como retratista del mundo actual.

“Se ha consagrado con instantáneas y retratos que reflejan una época de la política, la literatura, el cine, la música y el deporte a través de sus protagonistas”, destacó en Oviedo, en el norte de España, el jurado del galardón, presidido por el director del Instituto Cervantes, Víctor García de la Concha.

Leibovitz es la fotógrafa más importante de la actualidad. Y también la mejor pagada. A sus estrellas las ha retratado para las revistas más reconocidas del mundo, como “Vanity Fair”, “Vogue” y “Rolling Stone”.

Frente a su cámara han posado muchos de los personajes más destacados del último cuarto del siglo XX y de lo que llevamos de siglo XXI: músicos como Mick Jagger, Michael Jackson, Bob Dylan o Bruce Springsteen; actores como Brad Pitt, Nicole Kidman y Whoopi Goldberg; políticos como Barack Obama y su mujer Michelle, Bill Clinton o Mijail Gorbachov. E incluso monarcas: retrató a Isabel II de Inglaterra cuando en 2007 visitó Estados Unidos.

Famosas son sus fotos de John Lennon y Yoko Ono -fue la última en retratar al músico antes de que fuera asesinado, tan solo unas horas antes-, de la actriz Demi Moore embarazada y desnuda, de los Rolling Stones o del presidente Richard Nixon momentos antes de abandonar la Casa Blanca, subiendo al helicóptero.

Su trabajo es perfeccionista, sus obras, muy elaboradas y cuidadas, con una sofisticada -y a veces cara- puesta en escena y una iluminación estudiada que les otorga una ambientación característica, su sello personal.

Leibovitz es una “Leyenda viva”, el título que le otorgó la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos. Y ha expuesto en museos y galerías de todo el mundo, como la National Portrait Gallery del Instituto Smithsonian de Washington, donde fue la primera mujer y el segundo fotógrafo vivo en hacerlo. Sus obras han colgado también de las paredes la National Portrait Gallery de Londres, del Hermitage de San Petersburgo y del Museo Pushkin de Moscú.

La artista se impuso a la agencia de fotografía Magnum y a la periodista inglesa Christiane Amanpour, finalistas con ella del Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades, que está dotado con 50.000 euros (65.000 dólares) y una escultura creada por Joan Miró. La estadounidense se convertirá en octubre en la segunda mujer en la historia del galardón en recogerlo en la tradicional ceremonia presidida por el príncipe Felipe en el Teatro Campoamor del Oviedo.

La fotógrafa nació en 1949 en Waterbury (Connecticut), en la costa este de Estados Unidos, en el seno de una familia judía. Anna-lou, su nombre real, quería de niña ser profesora de arte. Pero en la década de los 70 envió su dossier fotográfico a “Rolling Stone” y fue contratada inmediatamente.

Fue fiel a la revista musical durante 13 años, para cambiar después a “Vanity Fair”. Logró así superar la adicción a la cocaína en la que cayó en giras de conciertos como los de los Rolling Stones. Desde 1998 también trabaja para “Vogue”, en la que ya había publicado con anterioridad.

A principios de los 80, tras cubrir la guerra de Líbano para “Rolling Stone”, abandonó el fotoperiodismo y se centró en el retrato, convirtiéndose en una de las fotógrafas más respetadas en los ámbitos cultural y político de Estados Unidos.

Su relación con la escritora Susan Sontag influyó en su desarrollo artístico. Se conocieron en 1988 y ahí comenzó un romance marcado por los 16 años de diferencia de edad y por el afán de mantener su independencia con dos viviendas separadas.

Sontag, Príncipe de Asturias de las Letras en 2003, murió de cáncer en diciembre de 2004 y, pocas semanas después falleció Samuel, el padre de Leibovitz. Dos golpes duros para la fotógrafa, que pocos años después, en 2009, estuvo a punto de entrar en quiebra por préstamos impagados pese a las altas remuneraciones que cobra.

Sus casas en Nueva York y París tuvieron al parecer algo que ver, junto a los altos gastos en los que incurrió interrumpiendo viajes para poder estar junto a Sontag y a su padre cuando ambos enfermaron.

Con 51 años, Leibovitz tuvo a su hija Sarah gracias a un inseminación artificial y tiempo después contrató a una madre de alquiler para tener a sus gemelos Susan y Samuelle, que nacieron poco después de la muerte de Sontag.

El fallecimiento de su pareja y de su padre la llevó a rebuscar en su colección de fotografías privada para mostrarle al mundo su faceta más personal: “Vida de una fotógrafa: 1990-2005”, una muestra que aún se recuerda en los lugares por los que pasó. (DPA)


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