Pese a la crisis, muchos son los que siguen apostando a la producción
Tres emprendedores crearon una máquina armadora de cajas telescópicas con la que piensan salir a conquistar el mercado frutihortícola.
En Allen y a la vera de la Ruta 22, en la chacra “madre” de los Martínez, una familia de productores que ya transita la tercera generación en la actividad, una veintena de obreros rurales trabajan para reconvertir cerca de tres hectáreas.
Con palas de punta y una guía que les marca exactamente dónde se debe cavar cada hoyo, avanzan de una lado hacia el otro “tapizando” la parcela con nuevas plantas de manzana de la variedad Chañar 90.
La imagen del trabajo de reconversión es una postal que escasea en el Alto Valle y los Martínez viven el momento con sacrificio pero a la vez con la esperanza de un futuro mejor para las cosechas que se avecinan.
“Siempre nos hemos dedicado a la fruticultura y seguimos apostando a esta actividad”, contaron los hermanos Carlos y Claudio Martínez. La reconversión que encararon consistió en la erradicación de un monte de variedades tradicionales de manzana Red. La plantación, que ya tenían más de 30 años de edad, fue reemplazada por 5.600 plantas la variedad Chañar 90 con pie mejorado.
“Tratamos de aplicar otro tipo de tecnología, con más plantas por hectárea, buscamos otra calidad de fruta y de trabajo. El mundo de la fruticultura evoluciona todos los días con nuevas variedades. Los mercados nos están diciendo que hay que cambiar. Hoy ya no vendes más manzanas, vendes color y tamaño. Las espalderas que teníamos nos daban el 50% de descarte. Hoy de lo que cosechas hay que tener el 90% de elegido, ahí está la diferencia. Vamos hacia mercados cada vez más competitivos”, contó Carlos “Hacha” Martínez al aclarar que la reconversión la está llevando adelante sin ayuda del Estado.
Para salvar costos, los Martínez deberán esperar unos cinco años y recién para el séptimo año aguardan una buena cosecha. Las plantas llegaron desde Mendoza y los hijos de Claudio estuvieron ayudando a la peonada en el operativo de reconversión. Ahora vendrá el riego, un cuidado intenso con abono y pulverizaciones y cuando las plantas tengan vigor se postearán las filas para construir las espalderas.
Para los hermanos Martínez la fruticultura debe experimentar un cambio competitivo, que sea acompañado con estímulos impositivos, créditos y tecnología. “Con la parte impositiva estamos muy ajustados. El costo laboral representa el 70% del gasto la empresa. Deberíamos tener algún tipo de beneficio”, destacó Carlos Martínez.
Un reclamo sobre el que coincide la mayor parte de los sectores de la actividad.
Los problemas
son estructurales
No son pocos los que tienen expectativas sobre el futuro de la actividad.
Pero sin corregir los problemas estructurales que sufre el sector, será difícil poder llegar a buen puerto.
La falta de políticas públicas que estimulen a la producción es sin dudas, el principal problema que hoy enfrenta la fruticultura regional.
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