Petróleo: Nada garantiza que sea positiva la caída de precios

El actual desplome de los valores podría no brindar el impulso esperado a la economía global. Oxford Economics estima que con el valor del barril a u$s 60 unos 13 países europeos verán sus tasas de inflación caer por debajo de cero, al menos temporalmente, durante 2015.



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EL BARRIL DE PETRÓLEO POR DEBAJO DE LOS 60 DÓLARES

De pronto, el mundo rebalsa de petróleo. Un sorpresivo aumento en la producción y una demanda de crudo más débil de lo esperado llevaron las reservas del líquido a las nubes y sacudieron los precios. La caída del 40% a aproximadamente u$s 60 el barril desde junio es, lejos, el golpe más duro que recibió este año la economía mundial. Episodios similares anteriores indican que las consecuencias probablemente sean profundas y duraderas.

Los economistas agregarían el adjetivo “positivas” a esta lista, pero surgen dudas como nunca antes.

La escala del actual shock del petróleo es difícil de exagerar. Mientras los mercados y comentaristas financieros se obsesionaban con las crecientes tensiones geopolíticas y los últimos giros de las políticas de los bancos centrales de Estados Unidos, Europa y Japón, pasaban mayormente inadvertidas fuerzas aún más contundentes en los mercados del petróleo.

Hasta mismo octubre último, “una preocupación central” del Fondo Monetario Internacional era que el riesgo de que el crudo se disparara por las tensiones geopolíticas. En vez de eso, la mayor producción y el menor crecimiento de la demanda dejaron a los proveedores en situación de tener que competir por los consumidores.

Los inventarios de crudo de los países ricos alcanzaron su nivel más alto en dos años, según la Agencia Internacional de la Energía. El precio del crudo de referencia West Texas Intermediate cayó de más de u$s 100 el barril en junio a menos de u$s 60, y el valor del petróleo Brent europeo siguió la misma tendencia bajista.

La caída de los precios del petróleo ahora amenaza el nivel de vida de y las finanzas públicas de Rusia al punto de que empezará 2015 como una nación devaluada y beligerante con armas nucleares. En Medio Oriente, los fondos para financiar los conflictos viciosos de Irak y Siria enfrentan más presiones, que prometen extenderse hacia todos lados. Y es poco probable que Estados Unidos quiera jugar al policía global ahora que puede satisfacer casi el 90% de sus necesidades de energía con recursos propios, en comparación con el 70% que llegaba a cubrir en 2005.

En condiciones normales, los amplios efectos de un derrumbe del precio del petróleo en la economía global son más que conocidos. Debería funcionar como un estímulo internacional, y cuanto más tiempo duren los nuevos precios, más profundos serán los efectos en la estructura de las industrias de todo el mundo.

Pero esta vez, los economistas están debatiendo si el mundo ha cambiado y si otras variables como los menores niveles de inflación y la solidez del dólar? echarán a perder los mecanismos de las relaciones económicas habituales.

Cuando los precios de petróleo bajan, no hay ley de hierro que diga que esto mejorará el crecimiento de la economía mundial. La principal consecuencia es una enorme redistribución en perjuicio de los productores de petróleo, que reciben menos por el esfuerzo de extraer el oro negro, y a favor de los consumidores que se benefician con transporte y energía más económicos, lo cual les permite invertir más dinero en otros bienes y servicios o bien ahorrar sus ingresos imprevistos.

De todos modos, la mayoría de los economistas están de acuerdo con Christine Lagarde, la directora del FMI, que este mes dijo que “son buenas noticias para la economía mundial”.

Si el efecto habitual en la economía mundial es significativo, las fluctuaciones que benefician a algunos países y castigan a otros hacen que parezca pequeño. Los grandes ganadores serán los países que sean a la vez grandes usuarios de energía y altamente dependientes de importaciones de petróleo.

Tras estudiar 45 economías diferentes, Oxford Economics, la escuela de negocios de la Universidad de Oxford, sostiene que es probable que los importadores de petróleo de economías emergentes sean los principales ganadores. La mayoría de las economías avanzadas también se benefician significativamente aunque, como dependen menos del petróleo por cada dólar del PBI, sus ganancias proporcionales son menores. Una bendición adicional para muchas economías emergentes es que la caída de los precios permite a los países reducir los subsidios al combustible, quitando presión significativa a las finanzas públicas.

Para los exportadores de petróleo, sin embargo, el panorama es más desolador. Aquellos que tendieron a gastar en lugar de ahorrar los ingresos petroleros son menos capaces de adaptarse a la nueva realidad. Moody’s estima que Rusia y Venezuela serán los más afectados, porque tienen “grandes gastos constantes que son muy difíciles de recortar por cuestiones políticas”. El mayor productor de petróleo, Arabia Saudita, tiene reservas fiscales muy superiores porque ahorró más de lo que gastó.

Hasta ahora, todo normal. Pero esta vez hay más voces que sugieren que las expectativas habituales de un impulso mundial son engañosas. Stephen King, economista jefe de HSBC, cree que la escasa demanda de China, Japón y Europa es la causa principal de la caída del crudo, por lo que el tradicional concepto de que “es positivo que bajen los precios del petróleo y negativo, que suban” , ya no es tan evidentemente cierto.

King sostiene que gran parte de las últimas ganancias obtenidas de los precios del petróleo provinieron de tipos de interés más bajos asociados con la caída de la inflación, lo que no puede suceder cuando la política monetaria ya está estimulando al máximo posible las economías. Si los hogares de China, Europa y Japón sienten que hay razones para ahorrar todo ingreso extraordinario que perciben, el impulso de la demanda global se verá muy restringido.

Y una de las razones por la que los consumidores podrían estar menos dispuestos a abrir sus billeteras en esta ocasión es que el fantasma de una inflación baja acecha a muchas economías avanzadas. A la vez que los precios estables o decrecientes hacen que la gente esté mejor, también amenazan con un posible período prolongado de estancamiento en caso de que las familias prefieran “esperar y ver” antes de gastar su dinero.

Esa actitud podría alentar a las empresas a retrasar la inversión y a los hogares a postergar el consumo, dando lugar a una profecía autocumplida de crecimiento débil y leve caída de los precios.

La amenaza no debe tomarse a la ligera. Oxford Economics estima que con el valor del barril a u$s 60, 13 países europeos verán sus tasas de inflación caer por debajo de cero, al menos temporalmente, en 2015.

Chris Giles

(Financial Times)


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