Poder y justicia

Por Redacción

Lo mismo que tantos otros sectores, el conformado por los medios de comunicación tiene la costumbre de reaccionar de manera corporativa toda vez que un miembro se ve en problemas con la Justicia, de suerte que fue de prever que muchos tomarían la detención de Ernestina Herrera de Noble, la propietaria del grupo periodístico mayor del país, por un ataque alevoso contra la libertad de expresión. Sin embargo, si bien el accionar del juez federal Roberto Marquevich parece muy discutible en vista de la edad de la directora de Clarín y de su presunto papel en el delito ocurrido mucho tiempo atrás que está en la raíz de la causa, por lo pronto sería más razonable acusarlo de hacer gala de un afán a todas luces excesivo de figuración mediática que de atentar contra la prensa como tal o contra un diario determinado.

Desafortunadamente no sólo para la señora de Noble sino también para el juez Marquevich, en nuestro país el principio de la presunción de inocencia que debería regir cuando de la ley se trata ha sido reemplazado, gracias a los esfuerzos combinados de ciertos medios y de la Justicia, por otro basado en la presunción de culpabilidad, sobre todo cuando el acusado es una persona prominente. La actitud de la mayoría ante las denuncias depende casi exclusivamente de sus propios prejuicios, como si los datos concretos importaran muy poco en comparación con la «lealtad» personal, la militancia política o las convicciones religiosas. Huelga decir que esta forma de pensar ha contribuido enormemente al virtual colapso de nuestras instituciones fundamentales porque ninguna sociedad puede funcionar de manera adecuada a menos que la ciudadanía realmente confíe en la Justicia y los jueces a su vez aseguren que nadie tenga buenos motivos para cuestionar su ecuanimidad. Por desgracia, empero, en la actualidad muchos darán por descontado que la señora de Noble habrá sido otra «apropiadora de niños», pero que la conducta de Marquevich no habrá tenido nada que ver con su eventual compromiso con la Justicia o con la verdad. Asimismo, fue inevitable que algunos supusieran que la detención de la dueña de Clarín pueda haber constituido una especie de contragolpe motivado por el rol que ha desempeñado el grupo mediático que controla en el caso del sacerdote Julio Grassi.

Con todo, aunque el juez Marquevich se haya dejado influir demasiado por la conciencia de que podría convenirle personalmente ordenar la detención de la directora del diario de mayor tirada del mundo hispanohablante, esto no querría decir que los cargos contra la señora de Noble no sean graves. No es que se haya negado a colaborar con las Abuelas de Plaza de Mayo -una organización respetada y respetable- que han estado intentando averiguar si eran desaparecidos, o no, los padres biológicos de sus dos hijos adoptivos, es que parecería que ayudó a falsificar los documentos relacionados con su origen y su adopción, lo cual, como es natural, ha servido para intensificar las peores sospechas. Desde luego que es posible que, si esto en efecto sucedió, los motivos de la señora de Noble no fueran ni siniestros ni atribuibles a nada peor que la voluntad de proteger a sus hijos de todas las dudas y problemas personales que provocaría una investigación exhaustiva de su procedencia, lo cual, por tratarse según ella de un expósito en el caso de uno de ellos, sería comprensible.

Por haber sido adoptados ambos a inicios del Proceso militar, era lógico que tarde o temprano las Abuelas de Plaza de Mayo quisieran saber los detalles, pero puesto que ha transcurrido más de un cuarto de siglo desde aquellos días terribles, es natural que los hijos de la señora de Noble hayan rehusado someterse a las pruebas de ADN. Tienen todo el derecho del mundo a resistirse a aceptar la «identidad» que por razones propias otros quisieran obligarlos a asumir. Por cierto, distan de ser los únicos adultos ya formados que por los motivos que fueran no estén interesados en enterarse de todos los pormenores biológicos de su procedencia porque prefieren conservar la «identidad» que, como todos los demás, se han construido a partir de su niñez y que por lo tanto sienten que los avances científicos que nos permiten aclarar asuntos que hasta hace poco eran imposibles de dilucidar, se asemejan más a amenazas que a oportunidades que les correspondería aprovechar.


Exit mobile version