Análisis: “Los violentos no nacen, se construyen socialmente”

Para el psicólogo Gustavo Marín, “ésta es una sociedad que favorece determinadas actitudes que parecen normales, comunes, inocentes, pero no lo son”.

24 jun 2018 - 08:59

Cuando nos encontramos ante un nuevo caso de feminicidio, nos preguntamos por qué, y quizás tengamos la tentación de pensar que el problema son los individuos anti-sociales que cometen algún delito, en este caso un hombre violento que arremete contra una mujer. En parte es así, pero esto es algo que se viene sucediendo hace mucho tiempo, así que debemos buscar nuevas respuestas. Los violentos no nacen se hacen, y ésta es una sociedad que favorece determinadas actitudes que parecen normales, comunes, inocentes, pero no lo son. La actitud de querer ganar siempre parece muy legítima, pero no lo es, no nos han enseñado a perder, a que nos digan que no, a tolerar la frustración, a pedir ayuda, a manejar nuestros impulsos de manera saludable, a sentir las emociones en vez de taparlas con medicamentos, diversión y consumismo.

La pareja sigue siendo casi el único lugar donde encontramos placer y afecto, y hacemos que todo gire a su alrededor, por eso que nos deje una pareja equivale a perder “el sentido de la vida”. Y es por ellos que no soltamos cuando debemos soltar. La posesividad y la dependencia es lo más común encontrar en una relación, cuando en realidad debiera estar regida por la libertad, el respeto y la autenticidad. La inmadurez emocional, el apego afectivo hace que una pareja no pueda reconocer los límites de lo saludable y lo patológico. Un hombre antes de golpear o matar, ha demostrado varios signos de violencia, que a veces las mujeres pasan por alto, justifican, postergan, se paralizan ante el miedo y no piden ayuda, y se exponen en demasía.

Algo que muchas mujeres vienen advirtiendo en toda nuestra sociedad occidental, “el eje de la Violencia es la Cultura Patriarcal.” La Cultura Patriarcal es la hegemonía, la preponderancia que tiene lo masculino por sobre lo femenino. Y es así que se enaltecen e idolatran de manera más o menos consciente, todos aspectos que tienen que ver con lo masculino, como la competencia que anula al otro, la racionalidad a ultranza, el poder económico, la fuerza, la acción continua, la posesión, el progreso desmesurado, acumular, el perfeccionismo, la lucha, la guerra. Y se desvalorizan aspectos/valores como la afectividad, el amor, la cooperación, la creatividad, la reflexión, la compasión, el juego por diversión, la paz interna, el tiempo libre, el saber perder, la ternura, el perdonar, el placer, la amistad.

La educación, la publicidad, los medios de comunicación son los principales reproductores del modelo Patriarcal. Lengua y matemática siguen siendo el eje, y todo gira en tener el cuerpo quieto, reprimido, dominado atrás de un banco y en fila. Si reprimimos nuestro cuerpo, nos desconectamos de nuestras emociones que luego saltan en impulsividades. Nada se brinda desde el aprendizaje afectivo, desde el juego, desde el arte, desde el autoconocimiento (y cuando es así, no es estructural), del aprender a decir no, y tolerar las pérdidas. Esto se repite en todos los niveles educativos. Nada cambiará si no cambian nuestros valores sociales, el consumismo, la vida light, la racionalidad, la violencia contra el medio ambiente, la falta de compromiso con uno mismo, el individualismo son aspectos que afectan nuestro psiquismo y nos predisponen a la violencia o la sumisión.

Seguí informado, suscribite GRATIS a nuestro newsletter

NEWSLETTER

Suscribite a “Noticias del día”Recibí todas las mañanas un correo con toda la información.