La búsqueda de Eric, el nene de Añelo: una historia de secuestros intrafamiliares

Su tía también fue secuestrada cuando era una niña. Luego se vinculó con el clan Montecino y fue condenada en 2013 por narcotráfico.





La búsqueda es incesante. Y la incertidumbre por el desenlace mantiene el estado de alerta constante entre los investigadores. En las últimas horas, testigos aseguraron haber visto a Adrián Zaitsev y a su hijo de ocho años en la zona del lago los Barreales. A su vez surgieron detalles de la historia de la familia de origen ruso en la región: no es la primera vez que secuestran a un integrante de la familia.


Prófugo de la justicia de Bolivia, donde lo llamaban Jesucristo por su apariencia física y su inclinación religiosa, Adrián Zaitsev mantiene en vilo a prácticamente todas las autoridades de la región.

La semana pasada, luego de romper relaciones con parte de sus familiares en Fernández Oro, durmió en una chacra abandonada y se trasladó hasta Añelo para secuestrar a su pequeño hijo Eric Rusakov.


Adrián conoció a la madre de Eric, de nombre Neonela, en 1999 en Choele Choel. Se casaron incluso cuando ella era menor de edad. Pero la convivencia fue insostenible. Ella sufrió violencia de género, dejó a Eric con hermana en Añelo y regresó a Bolivia, de donde es oriunda.


Neonela vivió en Valle Medio con su hermana Fiofania, entre otros integrantes de la familia . Hay tramos de la historia difíciles de reconstruir. Se sabe que sus padres se conocieron en una colonia alemana católica y brasileña. A los pocos años se mudaron a una de iguales características, pero en Bolivia. Después de un tiempo el matrimonio se rompió.


El padre, con la ayuda de una tía, secuestró a Fiofania cuando era una niña de diez años, dos más que su sobrino Eric. Así llegó a la Colonia 20 de Choele Choel. No se pudo determinar si Neonela corrió la misma suerte que su hermana, o si es que ya estaba en la zona producto de otro desenlace.


Fiofania describió parte de ese derrotero en un informe social que confeccionó la Justicia Federal mientras estuvo presa en la cárcel de mujeres – U16 – de Neuquén.


Contó que vivió con una abuela, que fue a la escuela en Lamarque, donde no entendía nada porque sólo hablaba ruso, crió a sus hermanos más chicos y uno de ellos murió atrapado por las aguas del río Negro cuando apenas tenía 14.

Jamás se recuperó de ese trance. Escapó a los 17 para evitar el instituto de menores. Comenzaron las malas juntas y los problemas con la justicia. Hizo dedo, llegó a una gomería de General Roca, conoció a un hombre, él escuchó su historia, le ofreció trabajo, techo y comida.


Ahí, en un cumpleaños, conoció al tipo que determinaría sus días para siempre. Corría 2003, Argentina se reponía de la crisis y Fiofania, regalos y buenos tratos mediante, comenzó a vincularse con Héctor Montecino, el líder (ya fallecido) del clan narco con más antecedentes en la región.

Fueron pareja hasta el 2011. La “Rusita” se inició en la droga y terminó presa por fraccionarla, acopiarla y entregarla a pedido de Montecino.


Sus últimos días en libertad transcurrieron en un departamento que Montecino le había alquilado en Miguel Muñoz al 728, a menos de seis cuadras de la comisaría del centro de Cipolletti. Allí la policía neuquina le encontró, el 23 de septiembre de 2011, 46 tizas de cocaína y algunas cosas más.

Entre ellas, una agenda con teléfonos y una libreta con “deudas” y “saldos”, de acuerdo con la requisitoria de elevación a juicio. En 2013, Fiofania, también conocida como Anita, recibió la pena de seis años de prisión. Los cumplió y recuperó la libertad. Poco se supo de ella.



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