De limpiar baños y vender leña a fiscal: el hombre que derrotó a la pobreza con sacrificio y estudio
Caminó kilómetros para ir a la escuela, juntó leña para sobrevivir y soñó con cambiar la injusticia. Hoy, esa historia de esfuerzo lo encuentra como fiscal.
Zapala queda en el centro de la provincia de Neuquén. Hay que recorrer 20 kilómetros para llegar a Mariano Moreno y otros 5 más allá, está la chacra que es su hogar temporario. El chico que sueña con ser fiscal para algún día cambiar las cosas injustas que vivieron personas como su mamá (que quizá en este momento esté arriba del tractor, o limpiando el patio), no tiene ahora ni para el boleto, así que depende de un vecino solidario que lo lleve de regreso después de pasar el día en la escuela. Cuando llegue a la chacra cambiará los cuadernos por el hacha y se irá al monte a juntar leña para vender, y a la mañana siguiente volverá a recorrer a pie los cinco kilómetros hasta Mariano Moreno para tomar el transporte que lo lleve a Zapala a estudiar, y no tendrá para el regreso, y seguirá pensando que quiere ser fiscal.
«Yo tenía una mirada de la justicia que es un poco la que tiene la gran mayoría, desde el lado de la injusticia, por las situaciones que nos tocaron vivir a mi mamá y a mí. Entonces dije voy a estudiar derecho y por ahí tratar de hacer un cambio, aportar mi grano de arena desde mi lugar«.
Víctor Hugo Salgado es fiscal del caso en Chos Malal, y dice que siempre quiso trabajar en el Poder Judicial. Que toda su infancia y adolescencia marcada por una austeridad que no daba tregua ahora lo ayudan a entender más a las víctimas.
«Yo sé lo que es tener que caminar cinco kilómetros, sé lo que es pasar hambre. Todas esas vivencias que tuve creo que me dan herramientas que quizás otras personas pueden no tener, y me sirven por ahí para estar más cerca, entender más a la víctima, entender más a las personas”.
El comienzo
Pero no nos apresuremos. La historia comienza en 1986 cuando Víctor nace en el seno de una familia conservadora.
“Soy hijo de madre soltera, cuando queda embarazada mis abuelos la echaron de la casa. Ella también estuvo marcada por una infancia muy dura, nos crio sola a mí y a mi hermana”.
A lo largo de su diálogo con diario RÍO NEGRO, Víctor rescatará varias veces: “lo que ella siempre me enseñó y me inculcó, es que lo único que me podría dejar era el estudio”. E hizo (hicieron) toda clase de sacrificios para cumplir.
A la escuela, «como sea»
Su madre consiguió trabajo en la chacra y él asistió a la escuela 73 de Covunco Arriba, hasta donde llegaba en un transporte escolar que llevaba a chicos de la zona rural de preescolar, primero, segundo y tercer grado. Terminó la primaria en la escuela 36 Ceferino Namuncura.
Toda su educación fue en la escuela pública, pero pocas veces tuvo el transporte garantizado. “A la 36 mamá me llevaba en moto, en tractor, caminando, como sea pero iba, y terminé”.
-¿De qué distancia estamos hablando?
-Eran 10 o 12 kilómetros, porque la escuela 36 queda en el barrio militar, ahí donde está el RIM 10 (Regimiento de Infantería de Montaña).
La crisis del 2001
La secundaria la cursó en Zapala, ayudado por una amiga de su madre que le ofreció alojamiento en la ciudad. La crisis de 2001 que arrasó a buena parte del país le puso un nuevo desafío.
“Mi mamá perdió el trabajo en la chacra así que no me podía seguir mandando dinero para comer y me volví a vivir con ella”.
Pero no abandonó los estudios. Los antiguos empleadores les permitieron quedarse a vivir allí y a cambio del alquiler ayudaban en algunas tareas del campo.
“A la mañana me iba caminando desde la chacra hasta Mariano Moreno para tomar el micro que salía a las 7 de la mañana. Esos cinco kilómetros a veces los hacía en bicicleta que guardaba en la casa de algún vecino”.
Las «changuitas»
“Después de la escuela trabajaba con mi mamá. Nos ganábamos la vida. Teníamos un tractor con una chata, en el invierno íbamos al río, juntábamos leña para vender, en el verano cortábamos pasto, hacía la limpieza de patio, o sea, changuitas”.
“Yo sinceramente en esa época lo veía como algo que me había tocado en ese momento. Tampoco me quejaba. Al contrario, muchos de las de los valores que hoy tengo son gracias a eso, al sacrificio que hizo mi mamá y también a los valores que me inculcó”.
“Si bien en ese momento uno como niño dice ¿por qué me toca a mí?, hoy por hoy no le encuentro nada malo, al contrario, agradezco haber pasado por esa situación porque tengo otras herramientas”.
Terminado el secundario se lanzó hacia Cutral Co en búsqueda de la tabla de salvación que persiguen tantos jóvenes: un empleo “en el petróleo”. En cambio consiguió changas en una panadería donde lavaba latas, limpiaba el piso y estivaba el pan. Regresó a la chacra, fue ayudante de albañil en Zapala.
Vida universitaria
A fines de 2007 la vida les dio una tregua.
“Mamá quedó como contratada en la municipalidad. Ella siempre me dijo que lo único que me podría dejar era el estudio, y yo quería estudiar para cambiar esa vida, así que me puse a averiguar facultades, siempre obviamente optando por la universidad pública”.
Le resultó más barata una pensión en La Plata que un alquiler en Roca, se inscribió y empezó a estudiar la carrera que siempre había querido: Derecho.
Sin dinero extra, comía en el comedor universitario y estudiaba con libros prestados de la biblioteca. Los veranos volvía a la chacra para juntar dinero.
“En Mariano Moreno está el balneario municipal, trabajaba ahí. Limpiaba las cloacas, los baños, la pileta, juntaba la mugre, hacía de todo”.
El dinero le alcanzaba para pagar dos o tres meses de pensión y comprar algo de ropa.
La experiencia en el Banco
En junio del 2015 se recibió de abogado, y rindió examen para ingresar al Banco Provincia de Buenos Aires.
“Quedé dentro del orden de mérito y en febrero del 2016 me llamaron. Pero yo había rendido para entrar al área de Legales, y me dijeron que lo único disponible era un puesto para atención al público. Yo quería trabajar y ayudar a mi familia, así que acepté. Era en Lisandro Olmos, no en el centro de La Plata; el viaje era una hora en micro de ida y otra hora de vuelta”.
El Poder Judicial, el regreso
En 2019 un juez lo convocó a trabajar en el Poder Judicial, pero en el cargo administrativo más bajo de todos. El sueldo era la mitad del que ganaba en el Banco. Sin dudar, aceptó.
“En lo que menos pensé fue en la parte económica. Yo siempre quise trabajar en la justicia, y en el fuero penal”.
En el 2022 decidió volver a Neuquén, para estar más cerca de la familia. Se anotó en un concurso para ingresar al Ministerio Público Fiscal de la provincia.
La elección de Chos Malal
-¿Y por qué Chos Malal?
-A mis 13 o 14 años jugaba al básquet, es algo que también me ayudó en mi vida a canalizar algunas cuestiones y siempre participé de eventos por la secretaría de Deportes. Así conocí Andacollo, Huinganco, Chos Malal… y me dejó marcado.
El 7 de diciembre del 2022 juró como asistente letrado de la fiscalía.
-¿Por qué no elegiste ser defensor?
-Son distintas circunstancias que pasó mi mamá, que pasé yo, y que me llevaron a decidir por el Ministerio Público Fiscal. Entendí que desde este lugar se podría realizar algún tipo de cambio.
Desde el 10 de julio del 2024 es fiscal del caso.
¿Un cambio de vida?
-¿Sentís que cambiaste en algo? Ahora hay un montón de problemas, por lo menos materiales, que ya superaste. Tenés un ingreso fijo, no dependés de changas… cuando mirás para atrás, ¿qué ves?
-Creo que todos cambiamos, sería faltar a la verdad decir que no he cambiado. Sí entiendo que todas esas vivencias que tuve me dan algunas herramientas que quizás otras personas pueden no tener, me sirven para entender más a la víctima, entender más a las personas. Yo sé lo que es tener que caminar cinco kilómetros, sé lo que es pasar hambre, creo que eso también es un plus. Si tuviera que volver hacia atrás no cambiaría nada, al contrario, creo que todo me ayudó a ver esa realidad que muchas veces desconocemos.
-¿Valorizas que el estudio es realmente una salida, es una oportunidad, es un camino para seguir?
-Sí, el estudio es el camino, muchas veces está lleno de obstáculos, uno no se tiene que rendir. Es lo único que nos pueden dejar nuestros padres más allá de lo material. Uno puede tener suerte, decir ’me dejaron la vida resuelta’, pero hay personas a las que lo único que nos pueden dejar es el estudio y yo prefiero esa herramienta. A mí me ha permitido llegar a donde estoy hoy.
-¿Tu mamá sigue en Mariano Moreno?.
-Sí, mamá sigue trabajando todos los días, tiene 59 años, limpia una plaza, así que nada, orgulloso de ella.
Zapala queda en el centro de la provincia de Neuquén. Hay que recorrer 20 kilómetros para llegar a Mariano Moreno y otros 5 más allá, está la chacra que es su hogar temporario. El chico que sueña con ser fiscal para algún día cambiar las cosas injustas que vivieron personas como su mamá (que quizá en este momento esté arriba del tractor, o limpiando el patio), no tiene ahora ni para el boleto, así que depende de un vecino solidario que lo lleve de regreso después de pasar el día en la escuela. Cuando llegue a la chacra cambiará los cuadernos por el hacha y se irá al monte a juntar leña para vender, y a la mañana siguiente volverá a recorrer a pie los cinco kilómetros hasta Mariano Moreno para tomar el transporte que lo lleve a Zapala a estudiar, y no tendrá para el regreso, y seguirá pensando que quiere ser fiscal.
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