Aquella sociedad de colonización

En rol de la Ítalo-Argentina en los tiempos fundacionales.

Las primeras reglamentaciones y medidas destinadas a los colonos.

“La Perla del Valle” y su pasado de trabajo, sacrificio y esfuerzo.

07 nov 2011 - 00:00

Los nativos no le dejaron topónimo y tampoco los trasandinos en sus arreos desde las pampas bonaerenses. No obstante, es de suponer que la geografía entre las bardas y el río Negro fue lugar de paso y la rastrillada sirvió como proyecto ingenieril para que el ferrocarril pasara rumbo a la cordillera y la hoy Ruta Nacional 22 afirmara su dominio vial. Solamente hubo aproximación descriptiva del lugar durante la campaña Roca en 1879 cuando Manuel José Olascoaga dejó escrito en diario de marcha: “Dos horas de camino más arriba de Chichinal (Chichinales) acampamos en un sitio algo distante del río, cerca de un depósito de agua (4/6/1879). Y al día siguiente marchamos a las 7 y tres cuarto. El campo se presenta otra vez llano con muy ligeros accidentes. Las barrancas que lo cierran por el norte aumentan notablemente su altura a medida que se avanza al oeste...” En esa zona, Manuel Marcos Zorrilla secretario privado de Roca en su primera presidencia, fue adjudicatario de 15.000 hectáreas que tuvo su bautismo como “Campo Zorrilla” durante muchos años. En 5.000 hectáreas se pusieron los ojos para que en julio de 1924 naciera la Sociedad Italo-Argentina de Colonización, que con el aporte económico de tres bancos, varias empresas de navegación italiana, además de industriales, comerciantes y particulares del país, italianos o descendientes, fueran concretando el gran proyecto colonizador. Y fue claro el artículo 4° del Estatuto Social: “La sociedad tiene por objeto promover y favorecer la colonización en todo el territorio de la República Argentina, tratando que los colonos lleguen a ser propietarios de la tierra que trabajan, dirigiendo sus actividades y prestándoles la mayor asistencia moral. El capital autorizado se fijó en pesos 3.000.000 m/n. que será emitido por series...”. Las primeras “1.300 hectáreas fueron divididas en 130 lotes de 5, 10 y 15 hectáreas, todos provistos de alambrado” según se expresa en libro de destacado ferroviario inglés, agregando que “... fueron construídos caminos y todos los canales secundarios, terciarios y ramales con sus respectivos desagües y se instaló y organizó un gran vivero, proveyéndolo de plantas madres elegidas y expresamente importadas de Australia para suministrarlas luego a los colonos. Fueron vendidos todos los primeros lotes a 130 familias de colonos, especialmente elegidas y seleccionadas”. El colono al firmar el boleto de compra-venta entregaba el 10 % del precio establecido -como depósito de garantía- y recibía el predio “desmontado, alambrado y arado en toda su extensión, con casa habitación de 4 piezas, galería, servicio y pozo para los lotes de 10 y 15 hectáreas y de 2 piezas, galería, servicio y pozo para los de 5 hectáreas” (Rögind, W, 1937). El comendatore Héctor Valsecchi fue primer presidente de la Italo-Argentina de Colonización y los ingenieros Felipe Bonoli y Mario Bicchi primeros técnicos que con nivel y teodolito dibujaron esa inicial trama agropecuaria que con el tiempo sería conocida como la “Perla del Valle”. Pero sin duda el principal protagonismo lo tuvo el entonces presidente de la Nación Marcelo Torcuato de Alvear que con su ministro del Interior Sagarna firmó el decreto aprobatorio de constitución de la Compañía Italo Argentina de Colonización. Villa Regina tiene pasado de romance, pues Marcelo Torcuato de Alvear había conocido en Buenos Aires, de visita, a la cantante lírica Regina Pacini presentándose en el teatro Politeana que terminó en unión matrimonial. Los promotores le regalaron el nombre de Regina al emprendimiento cuya estación del Ferro Carril Sud en el kilómetro 1106 se levantara años después. Villa Regina tuvo su primer presidente como Comisión de Fomento entre el 18 de enero de 1930 y 23 enero 1931 en el vecino Italo Rafaelli y es parte de su corta historia, la primera fábrica de conserva de tomate, después elaboración de tomate deshidratado, primera fábrica de dulce y la conocida cooperativa sidrera. Por supuesto tiene otros galardones, pero posiblemente el mayor sea: trabajo, sacrificio, esfuerzo y constante progreso. Bibliografía y fuentes principales: Rodríguez, Antonio F., 1947. Varios. Río Negro. Pasado y presente, 1980. Molíns, W. J. El Alto Valle, 1919. Rögind, W. Historia, 1937. Pérez Morando, H. La dama, 1993. Biblioteca Popular, 2005 y La Perla (RN), 2006. Vapnarsky, CA. Pueblos del Norte, 1983. Mailhet, LD. El Alto Valle, 1944. Archivo diario “Río Negro” (GR). Biblioteca Patagónica (VECh) y otros. (*) Periodista. Investigador de historia patagónica

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