Preguntas
Columna semanal
EL DISPARADOR
Fue caminando hasta el comedor y le dijo a su papá: “Vos tenés respuestas para todo, ¿no?”. El niño tenía nueve años y veía a su padre como un sabio. Su padre no pensaba en nada de esto, ni en cómo lo veía su hijo, ni mucho menos en considerarse un sabio. “A ver -le respondió-, decime, ¿qué te gustaría saber?”.
-Son cosas que seguro sabés, papá… Vos lees muchos libros y diarios… Además, sos grande.
-Bueno, preguntame -le dijo, con una media sonrisa.
-¿Existe dios?
-No lo sé. Pero yo creo que sí, elijo creer que sí. Y lo siento.
-¿En serio no sabés? Entonces no sabés todo…
-Nadie sabe todo, pero a veces… O muchas veces, nos olvidamos y creemos que sabemos mucho más de lo que sabemos. Te voy a contar algo, ¿querés?
-Dale, dale -se entusiasmó el niño.
-Bueno, resulta que un filósofo griego, que se llamaba Platón, contó que otro filósofo, también griego, que se llamaba Sócrates, dijo una frase que se hizo muy famosa: “Solo sé que no sé nada”.
-No entiendo, papá. Entonces, ¿ese griego, Sorcartres, era un ignorante?
-Todo lo contrario… El punto, lo que te quería decir, es que para aprender hay que ser humildes, antes que cualquier otra cosa. Si empezamos por reconocer que no somos tan sabios o buenos como creemos, tenemos la oportunidad de aprender, y básicamente para eso venimos al mundo. Incluso, cuando estamos muy seguros de estar en lo cierto, también deberíamos dejar la puerta abierta.
-¿La puerta abierta de casa? ¿Para qué entre quién?
-Era una forma de decir… O sea, dejar espacio para que haya dudas, por ejemplo. ¡Bienvenidas sean las dudas! Al menos en un momento, siempre deberíamos dudar de las cosas. Porque esas dudas son las que nos dan la oportunidad de reafirmar algo, o de cambiar si es necesario.
-Ah, parece fácil.
-Tampoco tanto, hijo… Porque hay gente a la que no le gustan nada las dudas, y menos que duden de lo que ellos dicen. Sobre todo cuando esas personas son las que toman decisiones de algo.
-¿Como los padres?
-Bueno, sí, también. Pero en realidad estaba pensando en los jefes, en un trabajo.
-¡Pero yo no trabajo, papá!
-Tenés razón, tenés razón… ¿Qué más querés saber?
-¡Muchas cosas! Tengo muchas preguntas.
-Siempre va a ser así… Y si te puedo ayudar, sería un orgullo.
-Bueno, ¿dónde está el abuelo? Hace dos años que se fue de viaje a Europa, ¿por qué no vuelve? ¿Vamos a ir a buscarlo?
-Bueno, eso es más difícil.
-¿Por qué? Podemos ir en avión.
-No, no se puede.
-¿Cómo que no? ¿Se pelearon con el abuelo?
-No, nos peleamos.
-¿Y entonces?
-Mirá, lo que pasó fue lo siguiente. Hace unos años se enfermó mucho, y un día se fue para siempre… Tu mamá y yo creíamos que eras chico para contarte…
-¿Se murió?
-Sí.
-¿Y por qué me hicieron perder dos años creyendo que estaba de viaje? Si yo sé que todos nos vamos a morir… Más los viejos. A muchos amigos se le murieron los abuelos, y yo siempre les decía que por suerte mi abuelo estaba de viaje por Europa. Vos serás sabio, pero yo no soy tan tonto, eh.
-Tenés razón, siempre se puede aprender.
Juan Ignacio Pereyra
EL DISPARADOR
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