“Preservación de manantiales y el peligro de contaminación”
La visita de la defensora del pueblo de la provincia de Río Negro a los Manantiales pone una vez más en evidencia el desinterés de los estamentos político-judiciales en resolver un tema de vital importancia para la salud de un tercio de la población de Bariloche. El sector ambiental en cuestión –cito en la margen del Arroyo Ñireco– se denomina Manantiales, justamente por la existencia de los mismos de forma natural. Allí está la toma del Departamento Provincial de Aguas (DPA) gerenciada por la empresa mixta Aguas Rionegrinas SA (ARSA), que distribuye, provee y comercializa dicho elemento a gran parte de su zona geográfica de influencia –30% de la población total en el este de la ciudad consume el agua–. Las tomas filtran el agua proveniente de la ladera sur del cerro Otto y las vertientes se entuban al sur del barrio Vivero y van en dirección noreste cruzando el arroyo Basurero que desemboca en el arroyo Ñireco. Luego de 500 metros de entubado, salen a la superficie en forma de arroyo. Existen dos importantes riadas que se unen y entran en la toma. En la actualidad están sometidas a una constante agresión dada la creciente urbanización que la rodea. Ruta de circunvalación, emprendimientos deportivos y barrios, con una deficiente infraestructura de servicios públicos como sistemas de colección cloacal, pluviales, discontinua recolección de residuos orgánicos e inorgánicos y desechos domiciliarios. El sector denominado “de bardas” alberga una alta complejidad ambiental, habitacional, social y urbanística. Coexisten en este sistema de pendientes los espacios verdes –ocupados– de barda del barrio Mutisias, los fondos en pendiente de los barrios Eva Perón y Arrayanes, y por sobre la cantera, tramo final del talud, el barrio Cantera 6. Si bien se hallan alejados de la zona comprometida –Manantiales–, bordean de alguna manera el arroyo Ñireco. En toda la zona hay contaminación de las aguas por vertidos de desechos y líquidos cloacales. Han sido muchas las denuncias ante los distintos estamentos del poder por el grave compromiso de contaminación de las aguas, pero hasta hoy, salvo la Defensoría del Pueblo, fueron desoídas. El pedido fue claro y en salvaguarda de la salud de la población. Se hace necesaria e impostergable la reinstalación y reposición del cerco perimetral en el terreno donde están las tomas, que existía y fue desmantelado por falta de un adecuado mantenimiento por parte de DPA y ARSA. Dotar así mismo a este lote de una guardia, a cargo de Bosques o Splif, dos dependencias provinciales, para evitar la intromisión de intrusos y personas que acuden al campo deportivo. Este es el mayor inconveniente detectado, dado que el circular constante de personas por el interior del predio se presta para una contaminación cuasi inmediata de las aguas que fluyen libremente hacia las tomas que no tienen ningún reparo. Es tan precario el sistema de protección que se intentó sin éxito rodear con piedras el lugar pero hoy están dispersas y sin cumplir objetivo alguno. Grupos de vecinos en defensa del cuidado del agua pidieron que se arbitren mecanismos de control en el interior del predio, disponer de una cartelera que indique claramente dónde están los espacios destinados a transitar y los que no, así como reforzar la existencia de contenedores y símiles que puedan coadyuvar a contener los residuos que los visitantes dejan permanentemente. No existe control sobre la obra de pluviales del barrio Vivero, donde se ha dejado correr un importante caudal de agua casi sobre el terreno contiguo al arroyo Basurero. Como consecuencia, esta gran cantidad de agua de lluvia aplasta los mallines cercanos a las vertientes del terreno de las tomas. Existe además un volcado de escombros sobre una franja de tierra lindera al lote de la toma que también afecta por peso esos mallines y por añadidura la sanidad de las vertientes. Finalmente se debe definir a quién compete la guarda del lote de las tomas y a quién le pertenece como bien público. Los ciudadanos deben conocer además a quién le cabe la responsabilidad por el estado del recurso y su preservación en el tiempo. Como se ve, la ausencia de responsabilidades es enorme, y como se trata de un recurso natural es obligación de todos tratar de recuperar el ambiente para las futuras generaciones. Oscar Muzio, DNI 4.318.322 Bariloche
Oscar Muzio, DNI 4.318.322 Bariloche
La visita de la defensora del pueblo de la provincia de Río Negro a los Manantiales pone una vez más en evidencia el desinterés de los estamentos político-judiciales en resolver un tema de vital importancia para la salud de un tercio de la población de Bariloche. El sector ambiental en cuestión –cito en la margen del Arroyo Ñireco– se denomina Manantiales, justamente por la existencia de los mismos de forma natural. Allí está la toma del Departamento Provincial de Aguas (DPA) gerenciada por la empresa mixta Aguas Rionegrinas SA (ARSA), que distribuye, provee y comercializa dicho elemento a gran parte de su zona geográfica de influencia –30% de la población total en el este de la ciudad consume el agua–. Las tomas filtran el agua proveniente de la ladera sur del cerro Otto y las vertientes se entuban al sur del barrio Vivero y van en dirección noreste cruzando el arroyo Basurero que desemboca en el arroyo Ñireco. Luego de 500 metros de entubado, salen a la superficie en forma de arroyo. Existen dos importantes riadas que se unen y entran en la toma. En la actualidad están sometidas a una constante agresión dada la creciente urbanización que la rodea. Ruta de circunvalación, emprendimientos deportivos y barrios, con una deficiente infraestructura de servicios públicos como sistemas de colección cloacal, pluviales, discontinua recolección de residuos orgánicos e inorgánicos y desechos domiciliarios. El sector denominado “de bardas” alberga una alta complejidad ambiental, habitacional, social y urbanística. Coexisten en este sistema de pendientes los espacios verdes –ocupados– de barda del barrio Mutisias, los fondos en pendiente de los barrios Eva Perón y Arrayanes, y por sobre la cantera, tramo final del talud, el barrio Cantera 6. Si bien se hallan alejados de la zona comprometida –Manantiales–, bordean de alguna manera el arroyo Ñireco. En toda la zona hay contaminación de las aguas por vertidos de desechos y líquidos cloacales. Han sido muchas las denuncias ante los distintos estamentos del poder por el grave compromiso de contaminación de las aguas, pero hasta hoy, salvo la Defensoría del Pueblo, fueron desoídas. El pedido fue claro y en salvaguarda de la salud de la población. Se hace necesaria e impostergable la reinstalación y reposición del cerco perimetral en el terreno donde están las tomas, que existía y fue desmantelado por falta de un adecuado mantenimiento por parte de DPA y ARSA. Dotar así mismo a este lote de una guardia, a cargo de Bosques o Splif, dos dependencias provinciales, para evitar la intromisión de intrusos y personas que acuden al campo deportivo. Este es el mayor inconveniente detectado, dado que el circular constante de personas por el interior del predio se presta para una contaminación cuasi inmediata de las aguas que fluyen libremente hacia las tomas que no tienen ningún reparo. Es tan precario el sistema de protección que se intentó sin éxito rodear con piedras el lugar pero hoy están dispersas y sin cumplir objetivo alguno. Grupos de vecinos en defensa del cuidado del agua pidieron que se arbitren mecanismos de control en el interior del predio, disponer de una cartelera que indique claramente dónde están los espacios destinados a transitar y los que no, así como reforzar la existencia de contenedores y símiles que puedan coadyuvar a contener los residuos que los visitantes dejan permanentemente. No existe control sobre la obra de pluviales del barrio Vivero, donde se ha dejado correr un importante caudal de agua casi sobre el terreno contiguo al arroyo Basurero. Como consecuencia, esta gran cantidad de agua de lluvia aplasta los mallines cercanos a las vertientes del terreno de las tomas. Existe además un volcado de escombros sobre una franja de tierra lindera al lote de la toma que también afecta por peso esos mallines y por añadidura la sanidad de las vertientes. Finalmente se debe definir a quién compete la guarda del lote de las tomas y a quién le pertenece como bien público. Los ciudadanos deben conocer además a quién le cabe la responsabilidad por el estado del recurso y su preservación en el tiempo. Como se ve, la ausencia de responsabilidades es enorme, y como se trata de un recurso natural es obligación de todos tratar de recuperar el ambiente para las futuras generaciones. Oscar Muzio, DNI 4.318.322 Bariloche
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