Presidenciables en problemas

Por Redacción

Según integrantes de la Coalición Cívica, el vicepresidente Julio Cobos participó de algún modo en los negocios decididamente turbios de integrantes del gobierno kirchnerista en la Venezuela de Hugo Chávez, acusación que, como es natural, preocupa mucho al aspirante a suceder a Cristina Fernández de Kirchner. Como dijo, “a nadie le gusta que lo involucren en un tema así”. Otro presidenciable, Mauricio Macri, cree que el juez mediático Norberto Oyarbide está resuelto a procesarlo por su presunto papel en el caso de las escuchas ilegales en lo que toma por un intento por parte de sectores del gobierno de “sacarnos de la cancha”. Un tercero, Francisco de Narváez, parece estar fuera de carrera por motivos constitucionales, ya que nació en Colombia de padres que no son argentinos nativos y es muy escasa la posibilidad de que prospere el argumento de que la cláusula correspondiente es discriminatoria y por lo tanto debería declararse inválida. Así las cosas, es posible que bien antes de las elecciones previstas para octubre del 2011 se vean eliminados algunos que hasta hace muy poco parecerían estar en condiciones de triunfar, lo que, desde luego, ha alentado a aspirantes como los ex gobernadores bonaerenses Felipe Solá y Eduardo Duhalde y, es de suponer, el actual, Daniel Scioli, a intensificar sus propias campañas en tal sentido. Otro con motivos para sentir que podría ganar es el ex presidente Néstor Kirchner. Conforme a las encuestas, la imagen del santacruceño es tan negativa que, de celebrarse una segunda ronda electoral, sería derrotado por un margen escandaloso, pero de mantenerse fragmentada la oposición, se cree capaz de conseguir los votos suficientes en la primera como para ahorrarse tamaña humillación. Sea como fuere, el panorama político frente al país sigue siendo sumamente confuso. En su conjunto, la oposición cuenta con el apoyo de la mayor parte de la ciudadanía y los respectivos índices de aprobación de la presidenta y su marido difícilmente podrían ser más bajos, pero las diferencias internas entre las diversas agrupaciones opositoras les impiden llegar a un acuerdo que les permitiría aprovechar la aversión que tantos sienten hacia un gobierno tan insólitamente agresivo y arbitrario como el kirchnerista. Pues bien, puede que Cobos no haya tenido nada que ver con las coimas denunciadas por el ex embajador Eduardo Sadous y que, como afirma, sus contactos con los venezolanos “nunca llegaron a nada”, pero en una sociedad tan propensa como la nuestra a sospechar lo peor de los dirigentes políticos, el mero hecho de que haya sido blanco de acusaciones indirectas podría perjudicarlo, sobre todo cuando las formulan personas tan resueltas a hundirlo como la jefa de Coalición Cívica, Elisa Carrió. También le está resultando más difícil de lo que esperaba asegurarse el apoyo del aparato radical que, según parece, depende de la evolución de las encuestas de opinión: cuando las acciones de Cobos están en alza, los radicales se manifiestan a favor de su candidatura; cuando caen, dejan saber que todavía tienen sus dudas. Con todo, la situación en que se encuentra Macri parece todavía más complicada. Aunque Macri insiste en que sus adversarios, con la ayuda del ubicuo juez federal Oyarbide, están aprovechando el tema de las escuchas ilegales con el propósito de hacerlo tropezar, no le convendría en absoluto terminar procesado. Antes de surgir los problemas que están obligando a Cobos y Macri a insistir en que nunca se les ocurriría violar la ley o anteponer sus propios intereses personales a los nacionales, hubo motivos para suponer que serían los protagonistas de las próximas elecciones presidenciales, con el mendocino representando al radicalismo más algunos sectores del progresismo moderado y el porteño a una coalición de centroderecha conformada por PRO y una pata peronista disidente; pero tal y como están las cosas, la ciudadanía podría verse constreñida a elegir entre candidatos menos polémicos, y con un muy reducido poder de convocatoria, como Solá y, tal vez, Ricardo Alfonsín, además, claro está, de Carrió, Duhalde y Kirchner, personajes que, por diversas razones, no motivan mucho entusiasmo en un país en que la mayoría parece saber lo que no le gusta sin por eso querer comprometerse con una alternativa bien definida.


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