Primeros náufragos de la tormenta
Panorama nacional
El presidente insiste en caracterizar la crisis como una “tormenta”. Nada de crisis, lo que estamos atravesando es una tormenta pero mantenemos firmemente el rumbo. Lo dice incluso a puertas cerradas. Son necesidades del discurso político y se entiende. Todos los gobiernos las tienen: en el poder siempre hay un momento en que las cosas dejan de ser llamadas por su nombre. Lo que resulta menos comprensible es una nueva inclinación de Macri a creer que el círculo rojo, el periodismo primero que nadie, está sobredimensionando el fenómeno, que se lo exagera. Que ha habido
–hay– una sobrerreacción. Debería entenderse que también de los mercados. El presidente atribuye estas sensibilidades a un rasgo de época, cuyo estímulo habría que rastrearlo en los medios y las redes sociales. Una extraña parábola de mitad de mandato: sus asesores, que lo hicieron presidente en las redes antes que en ningún lado, ahora lo han convencido de que allí puede estar también la fuente de estos males de hoy. Siempre se aprende algo.
Para Macri, la reacción ante la tormenta tiene un paralelo con ciertas conductas digamos catastrofistas que llevaron a que Italia gire ciegamente al populismo, al salto al vacío de los británicos desde el Brexit, al empujón que le ha dado el Congreso español a Rajoy por el caso Gürtel. Son ejemplos raros que rondan en la cabeza del presidente. ¿No hay nada legítimamente argentino en lo que pasó aquí? En el balance que hace Macri, fue en un 70% resultado de factores externos y el resto cuestiones internas de la política. Cuestión de fracciones.
El presidente se fastidia cuando alguien le habla de la crisis. Dice que lo que hay que hacer ahora es cumplirle al Fondo. Lo asume casi como un compromiso personal. Parece que de algún modo la señora Lagarde le recordó el triste pasado de los gobernantes argentinos en materia de incumplimientos durante la cena que compartieron en Olivos. Macri quiere honrar el acuerdo con el FMI en materia de inflación y déficit, bajar el riesgo país y hacer foco en la competitividad que la devaluación está trayendo a los complejos exportadores. Quiere ir hacia el desarrollo con el esfuerzo privado. Su última conferencia de prensa estuvo monopolizada por las alusiones a la exportación y a la tormenta que ya está pasando. Pero empieza a haber náufragos.
La economía cayó 5,8 puntos en mayo, golpeada principalmente por el derrumbe del sector agropecuario, castigado por la sequía. Todavía no fue impactada por la suba de la tasa de interés. El presidente dice que aprendió y que prefiere ya no hacer pronósticos sobre nada, tampoco sobre cuándo la tasa volverá a ser normal. Parece que tampoco lo sabe o no se lo transmite Luis Caputo, el titular del Banco Central. La actividad en la industria retrocedió 5 puntos en junio y cayó 0,2 en el semestre, según el estudio Ferreres (el jueves se conocerá el dato del Indec). En mayo volvió a retroceder el empleo registrado, una caída constante desde diciembre. Aunque aún hay 150.000 empleos más que el año pasado, según datos del Ministerio de Trabajo.
El viernes fue un día inusual. En ausencia del presidente el gobierno dio a conocer un paquete de medidas de fuerte impronta fiscalista. Un decreto con la firma de la vicepresidenta Michetti bajó los topes salariales para acceder a la asignación familiar por hijo y eliminó los beneficios por zonas desfavorables en la Patagonia y el Noroeste. Lo que reduce la asignación en el mejor de los casos a la mitad. La AFIP dispuso al mismo tiempo que sólo uno de los padres podrá deducir ganancias por hijo menor, cuando hasta ahora podían hacerlo ambos. La medida será retroactiva a enero. Por esas horas, para compensar la inflación, se anunció un aumento de 30% en tres meses para transporte en el área metropolitana de Buenos Aires.
En los timbreos de ayer se advirtió “un bajón”, según la expresión de un ministro. Macri sostiene que el ajuste es en favor de la gente. Y que el rumbo no va a cambiar. Dice: “No hay otro plan”.
En el gobierno hablan de “tormenta” incluso puertas adentro. Es una necesidad del discurso. En el poder siempre hay un momento en que las cosas dejan de ser llamadas por su nombre.
Para Macri, la reacción tiene un paralelo con ciertas conductas catastrofistas que condujeron a la Italia populista, el Brexit, el empujón a Rajoy en España.
Panorama nacional
Datos
- En el gobierno hablan de “tormenta” incluso puertas adentro. Es una necesidad del discurso. En el poder siempre hay un momento en que las cosas dejan de ser llamadas por su nombre.
- Para Macri, la reacción tiene un paralelo con ciertas conductas catastrofistas que condujeron a la Italia populista, el Brexit, el empujón a Rajoy en España.
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