Que tenga identidad
Insisten en el cumplimientode las buenas prácticas productivas en la industria textil argentina.
La búsqueda de producción textil sustentable, que cumpla con tratamiento de efluentes contaminantes y buenas prácticas de trabajo, fue el objetivo del 7º Congreso Nacional de Tecnología Textil, desarrollado por el Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI) y la Asociación Argentina de Químicos y Coloristas Textiles.
“Tenemos que lograr pensar el producto textil desde el origen de la materia prima, hasta cómo desaparece (al final de su uso), con una noción de comunidad”, planteó la directora de la Carrera de diseño de Indumentaria y Textil UBA, Andrea Saltzman.
Durante una mesa redonda que cerró las deliberaciones de tres jornadas, Saltzman dijo que la industria textil “tiene una historia de contaminación y explotación social muy fuerte desde la Edad Media”.
Saltzman es arquitecta y dirigió en 1989 la primera cátedra de Diseño de Indumentaria en la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo de la Universidad de Buenos Aires.
La vestimenta textil es “una de las manifestaciones más fuertes de la cultura humana, que constituye una ‘piel’ de amortiguación entre el sujeto y el mundo”, definió la especialista.
“La huella de los textiles –una forma que es materialidad y a la vez conducta– va construyendo nuestra propia historia” como humanidad, y el concepto de sustentabilidad “retoma la noción de entramado, contra aquella en la que está disociado lo que somos, del mundo” en el cual producimos, planteó Saltzman. Para la académica, “el sistema de la moda habla de una absorción y amortiguación de las ideologías para deglutirlas de inmediato”.
Contrariando ese concepto, Saltzman consideró que “el diseño es básicamente identidad y se multiplicaron los diseñadores porque los fabricantes de indumentaria comenzaron a entender que no alcanza con que alguien de ‘buen gusto’ traiga dos veces por año ropa de Europa”.
El INTI expuso la experiencia de certificación denominada Compromiso Social Compartido, para lo cual hace falta cumplir al menos cuatro requisitos: no tener trabajo infantil, no emplear trabajo forzado, observar condiciones de seguridad laboral y contar con empleados registrados.
La certificación “resultó muy difícil de cumplir en las cadenas de producción de las grandes marcas”, señaló, por su parte, Javier Armesto, responsable de INTI-Textiles.
Para avanzar en las buenas prácticas productivas, Armesto reivindicó el rol del Estado que, a través de entidades como el INTI, logró que proveedores del Ministerio de Defensa pusieran en blanco “a más de 300 personas” que trabajan para confeccionistas de uniformes y otras indumentarias, en una iniciativa conjunta firmada con la por entonces titular de esa cartera Nilda Garré.
En las antípodas de la fabricación industrial en gran escala, el 7º Congreso Nacional de la Industria Textil abordó también “la producción de fibras de camélidos como motor de la agricultura familiar en la Puna jujeña”, la relación entre “ecología y color” en textiles y la “producción de seda en Argentina”. (Télam)
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