¿Qué tengo?

Columna semanal



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EL DISPARADOR

Estuve 21 años con él, ¿pueden decirme que no hice nada para salvar mi matrimonio? Peleé hasta que me ahogaba, y me fui antes de ahogarme. ¿Y ahora? No tengo nada.

Alfredo siempre quiso quedar bien con todo el mundo: con su primera mujer, después conmigo, con sus dos hijos y después con nuestra hija... No, todo no se puede.

Me decía que no está loco, que no necesita ir a terapia. Pero lo convencí. Le tuve que sacar yo el turno. Quería un psicólogo varón pero le tocó una mujer, por la obra social. Empezó esta semana. Para mí, en poco tiempo lo van a derivar a un psiquiatra, que lo va a querer medicar y él no va a querer tomar nada. Ahí ya no puedo hacer más nada, es cosa de él.

Alfredo es buena gente, tiene que encontrar cosas para entretenerse. Empezó un curso de pintura y a la cuarta clase me dijo que el profesor era un pelotudo. Lo único que le gusta es ir al casino. Me da mucha pena, ojalá que aparezca una mina que le tenga paciencia y lo aguante... Ja, mirame a mí, deseando que él encuentre una mina.

Alfredo está muy pendiente de todo lo que hago. Voy al gimnasio tres veces por semana a la mañana y cuando salgo ya me está llamando. Estoy cansada y me pregunta si me acosté tarde. Sí, sí, me acosté re tarde, tardísimo, le digo. Y mentira, a las nueve de la noche estaba metida en la cama, tapada con la frazada hasta la nariz. No se lo digo para que no me pida de vernos.

Necesita estar con alguien. Se separó de su primera mujer y formó pareja conmigo. Ahora decidió jubilarse a los 60 años. Le pagan bien, pero sin trabajar no sabe qué hacer. Se imaginaba jubilado para viajar conmigo. Y bueno, imaginaste mal, le digo. Le insisto para que viaje solo. Como hago yo, que voy sola por el mundo, conozco gente y la paso bien.

Pero él está siempre con un problema. Con el tema este de las lluvias fue de terror. Me dijo que tuvo que salir con las botas para ver cómo estaba la camioneta, que a mi no me la prestaba. Bueno, una sola vez me la prestó y casi se pone a llorar. La camioneta parece la novia. No la usé más, además era muy grandota. Me dejó el auto pero tampoco lo manejo porque me muevo en tren.

Estoy medio cansada. Le hablé a Pablo, el hijo del dueño, para trabajar menos horas en la lencería. A mi me pagan menos, así que le pedí trabajar media jornada. Pero me dice que los demás se van a quejar y van a reclamar lo mismo. ¡Pero yo cobro menos!

Tengo 43 años y a veces me siento un vieja chota. Laburo desde los 16 años, llega un momento que ya no tenés ganas de nada. Voy al gimnasio a las seis de la mañana porque después no tengo tiempo. Si me llega a salir algo en otro lado, menos horas, me voy. En realidad, hay una posibilidad pero tengo que trabajar sábado y domingo, y no tengo ganas. Sé que tengo suerte, consigo laburo fácil, tengo buen currículum. Pero no quiero la explotación.

En el fondo, lo sé. Tengo que ponerme una lencería. Llevaría a mi hermana conmigo y manejaría mis horarios. Ya está, veo qué pasa con el país el año que viene, vendo el auto, no me importa. ¡Con lo que se factura! La pensé bien, a mi me gusta. Conozco a todos los proveedores, ya me dijeron que me dan la mercadería en consignación. No sé... También tengo a mi amigo en España, él vive bárbaro en Barcelona. Me podría ir con él. Pero no, no puedo, acá tengo todo.

Juan Ignacio Pereyra pereyrajuanignacio@gmail.com


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