Querida mamá, te escribo desde París
Editorial Sudamericana acaba de publicar una recopilación de las miles de cartas que Atahualpa Yupanqui le escribió a su esposa, Antonieta Paula. El trabajo de recopilación fue obra del periodista de música Víctor Pintos.
BUENOS AIRES (DyN).- Durante el medio siglo que compartieron juntos, Atahualpa Yupanqui le escribió más de tres mil cartas a su esposa Antonieta Paula Pepin Fitzpatrick, «Nenette», en las que refracta el estilo íntimo y sincero de su personalidad,cuenta sus pequeñas anécdotas cotidianas y comparte con ellas sus anhelos de triunfar en los escenarios del mundo.
Esas tres mil cartas enviadas de Tanger, Yucatán, Madrid, París o Tokio, fueron heredadas por su único hijo Roberto Chavero, cariñosamente bautizado «Coya o El Kolla» por su padre.
Ahora, el periodista Víctor Pintos ofrece una compilación de aquellas cartas, a través de cuidadosa y «puntillosa» selección, que publica Sudamericana.
Cada carta requirió de una contextualización que ayudase al lector a contar la historia de la pareja. En esa elaboración fue fundamental el aporte de «El Kolla».
La primera carta incluida en el libro se remonta al 28 de enero de 1945, cuando Atahualpa se encontraba en Tucumán, provincia donde conoció en 1942 a su esposa, pianista de origen franco-canadiense, que colaboraría en algunas de sus creaciones, como «El arriero», «El Alazán» o «Luna tucumana». En 1946 se fueron a vivir juntos, pero recién se casaron cuando llevaban 33 años de convivencia.
«Desde esta tierra donde te conocí, quiero enviarte mi abrazo cariñoso. Estoy seguro que pensará que te he olvidado, o que estoy prolongando ese «enojo» por aquel asunto», se disculpa el folclorista que recorrería el mundo. «Leo tu carta y quiero decirte que no pienso tristemente en el porvenir», escribe en tono profético.
Años después, ya famoso, le escribió el 29 de marzo de 1968 desde Madrid: «parece que en España se ha creado un movimiento general, especialmente entre la juventud, universitaria o no, de protesta, de rebelión intelectual y todos me consideran un «líder» cantante de ese sentimiento».
Pero Atahualpa, a su esposa le confiesa que «con respecto a mí, los «protestas» se equivocan un poco, aunque de buena fe. Ellos han erigido a Los ejes de mi carreta como una canción de protesta (?)».
En sus cartas, Atahualpa utilizaría una prosa elaborada y prolija como si supiera que en la posterioridad habría quien le quitaría el polvo a sus misivas para exponerlas al público.
El mismo Atahualpa admite que está transcribiendo experiencias que ya suenan a memorias, cuando el 15 de abril de ese año desde París le comenta a su esposa que «en lugar de escribir un diario de mi vida, te cuento las cosas en cada carta».
En esa misma carta le pide que «cuando puedas hazme algún paquete con una Razón y una Nación, en las páginas mas chimenteras, para estar al día con esa tierra».
También desde París, el 14 de junio de 1968 le comenta a su esposa sus impresiones sobre el «Mayo francés» asegurando que «a pesar de todos los tumultos, de la huelga, de los lastimados y los agitadores, De Gaulle ha de lograr alguna mayoría» porque «el pueblo francés, gritón, revuelto y todo, no quiere vivir en la angustia».
Atahualpa falleció en Nimes, Francia, el 22 de mayo de 1992 a los 84 años. Las últimas cartas, más breves, casi telegramas, fueron enviadas desde París y México. Las que les envió a su esposa están encabezadas por «Querida Mamá» o simplemente «Mamá», la fórmula más utilizada.
También hay una carta a su hijo que comienza «Coya querido», escrita a fines de noviembre de 1990 desde París. Le comenta que ya agotó las dos mil entradas para su recital en el Teatro de la Villa y que «hay publicidad, creo, exagerada, en todo París».
La posdata es quizás el espejo de su alma poética, en un cuerpo ya enfermo: «Domingo de lluvia y frío. Fuera y dentro mío».
Víctor Pintos, destacado periodista de música, previamente escribió «Tanguito. La verdadera historia», «Antología de Alfredo Zitarrosa» y «Almendra».
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