¿Quién cuida la casa donde vivió Osvaldo Soriano?
En el chalé están las oficinas cipoleñas de Aguas Rionegrinas.
CIPOLLETTI (AC).- El chalé de la calle Mengelle donde vivió Osvaldo Soriano forma parte del patrimonio cultural de Cipolletti y, aunque está en poder del Estado, nadie parece muy interesado en mantenerlo tal como el escritor y periodista lo retrató en sus inolvidables relatos.
Lo que pasa con esta casa no es una excepción porque deja en evidencia la falta de una política oficial de rescate y mantenimiento del patrimonio arquitectónico de Cipolletti, del que, lamentablemente, queda cada vez menos. Sólo un puñado de personas, dentro y fuera del municipio, se preocupan, luchan contra molinos de viento y caen vencidos ante la realidad. Eso, más o menos, fue lo que pasó con la casita inglesa de San Martín y 25 de Mayo, cuya fachada fue cubierta para construir un local.
El chalet de Soriano era hasta hace una década del jefe local de Obras Sanitarias de la Nación y ahora sirve de oficina de la estatal Aguas Rionegrinas.
«He vivido en tantos lugares y tan distintos que me cuesta elegir uno en el momento de responder de dónde soy. Creo que uno es del lugar donde lo quieren. Después de muchos años en Europa volví a mi Mar del Plata natal. Tan mal la conocía que tuve que abordar a un cartero para preguntarle cómo se hacía para llegar al bosque. Nadie me aceptaría puntano en San Luis ni cordobés en Río Cuarto ni riojano en Chilecito, y no hay nadie que en Tandil me confunda con uno de los suyos. En Cipolletti sí se acordaban de mí». El párrafo pertenece al libro «Cuentos de los años felices». Allí Soriano habla de la ciudad que recuerda de su juventud: «Cualquier cosa que llegara de Buenos Aires se convertía en un acontecimiento (…) No había una sola librería ni un lugar donde escuchar música o re
presentar teatro. Entonces sólo quedaban el fútbol y las carreras de motos».
En la cancha o sobre la moto, se reinventó una juventud en la que él tenía capacidades que nadie que lo haya conocido en Cipolletti corroboraría.
En esa casa vivía junto a su madre y su padre, un severo y antiperonista funcionario de Obras Sanitarias. Hace unos años, tras la muerte de Soriano, el gobierno provincial montó en los jardines un adefesio sin forma que alguna vez tuvo vidrio, y que conserva una placa de mala calidad con su nombre, corroída por la intemperie.
Un día volvió a esa casa: «Reconocí la puerta desde donde me llamaba mi madre, el rincón en el que se murió mi perro y el lugar de la calle donde me atropelló un coche. Ese era mi jardín y ahí estaba mi Rosebud cualunque, erguido entre otros árboles. Si hubiera estado solo me habría subido de nuevo por aquellas ramas». Ese peral está aún en pie, no se sabe por cuántos años más.
En Cipolletti apenas se mantuvieron un puñado de rincones históricos: la Casa Peuser, la tienda Diente de Oro, la Intendencia de Riego y el área del ferrocarril sobre Fernández Oro, Pichi Ruca (la casa de los Fernández Oro).