Rafting en el río Manso, un desafío a los sentidos

"Río Negro" acompañó a un grupo de turistas en una increíble excursión por uno de los cursos de agua más bellos de la cordillera. Emoción y aventura, en una jornada

EL BOLSON (AEB)- Las acciones son simples, pero se realizan con concentración. Hay que ajustarse el traje de neoprene, colocarse el chaleco salvavidas, ponerse el casco de seguridad y seguir atentamente las instrucciones de los guías.

Cuando todo está listo, con el gomón en el agua y la adrenalina al máximo, es el momento de comenzar el descenso por uno de los cursos de agua más bellos de la región, el río Manso.

«¿Es peligroso?», pregunta una mujer mirando de reojo al río que la espera. Sergio y Nicolás, los amables y experimentados guías, explican que los rápidos «son de grado 2», que no revisten peligro y que las condiciones de seguridad están dadas para disfrutar de una tarde cordillerana a pleno.

«Río Negro» se calzó el traje de neoprene y participó de la aventura. Dos botes inflables («gomones» en la jerga) esperan a los «turis-nautas». Más allá, el río ruge al golpear entre las piedras que emergen y luego caer varios centímetros.

El paisaje es increíble. Las aguas del Manso corren con fuerza, mientras los navegantes se maravillan por la vegetación, intentan descubrir las truchas que huyen al paso de la embarcación o simplemente, juegan como niños, entre gritos casi extasiados.

En los dos botes, son mayoría los niños. Hay chicos de 7 años y también de 13. Con rostro de entendidos, se ríen de los resquemores de sus padres.

Todos están tranquilos. Saben que no hay peligro y que, si se caen del bote, sólo deben mantener la calma y colocar sus piernas en dirección a la corriente.

 

La más pedida

 

El rafting es una de las ex

cursiones que cuenta con mayor cantidad de fanáticos. Como la familia Carrera, qu reside en la región, pero que cada año se juntan para realizar el descenso del río y revivir la experiencia en grupo.

Son mas de tres horas de navegación. Cada tanto, los guías hacen descender a los visitantes, para que se bañen en tranquilos remansos. La actividad extiende el placer del paseo.

La sorpresa surge cuando, en la última parada, todos son invitados a realizar «snorkeling». Con tubo de aire y máscara de buceo, es posible avistar a las truchas en su ambiente natural.

Una familia bonaerense no encuentra palabras para describir las emociones.

Cerca de allí, tres neuquinos, nadan sin descanso, en un agua límpida y casi cálida.

«Má, tengo hambre» dice un niño. Parece ser la señal para detenerse a merendar en el campo de la familia Lanfré, a la vera del río.

El propietario ya tiene todo preparado para recibir a las visitas. Tortas fritas, pan casero, scones, dulces regionales, café con leche recién ordeñada, te o mate permiten reponer las fuerzas que quedaron en el río.

Las vituallas son literalmente engullidas en minutos y la gente comienza a caminar por el lugar, acercarse a las pinturas rupestres y buscar toda excusa para estirar el día, para que no termine más.

Después llegan las risas. Todos deben luchar hasta lo indecible con el traje de neoprene que se resiste a abandonar los cuerpos a los que está adherido como una segunda piel.

Contentos por la merienda y la excelente atención, agotados por el río y las emociones, uno a uno suben a las traffic de «Grado42» para regresar a El Bolsón. Nadie habla.

Todos quieren atesorar en el recuerdo la increíble jornada que vivieron, con el río Manso como escenario de sus aventuras.


EL BOLSON (AEB)- Las acciones son simples, pero se realizan con concentración. Hay que ajustarse el traje de neoprene, colocarse el chaleco salvavidas, ponerse el casco de seguridad y seguir atentamente las instrucciones de los guías.

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