Santa Águeda: Cómo pedirle a la patrona de las enfermeras y de las mujeres con dolencias

Cada 5 de febrero, la Iglesia Católica recuerda a Santa Águeda (o Ágata), quien es considerada patrona de enfermeras, mujeres lactantes, parturientas y con enfermedades en los pechos. Conocé acá su historia y cuál es su oración.

La Iglesia Católica celebra a Santa Águeda de Catania, también conocida como Ágata, cada 5 de febrero, una joven casta que murió martirizada durante la persecución organizada en Roma por el emperador Decio.

Según cuenta la historia, el procónsul Quintianus (Quinciano), gobernador de Sicilia, se enamoró de Águeda y la pretendió en matrimonio; sin embargo, ella lo rechazó en numerosas oportunidades ya que se consideraba casada con Dios. Las constantes negativas de la mujer generaron que el funcionario ordenara que fuera llevada a un prostíbulo como castigo.

En contra de lo esperado, Águeda se las arregló para evitar perder su virginidad y romper así la promesa que le había hecho a Dios. Además, convirtió a muchas de sus compañeras de burdel al catolicismo.

Por esa razón, Quintianus mandó a someter a Santa Águeda a insultos y torturas, además sus verdugos le cortaron los pechos. A pesar de ello, la mujer logró sobrevivir milagrosamente a ese cruel episodio y, se dice, mientras se desangraba se le apareció el apóstol San Pedro para curar sus heridas.

Al amanecer, cuando los guardias se percataron de que la mujer estaba repuesta, los verdugos reanudaron las torturas y Águeda murió, en el quinto día del mes segundo del año 251.

Hoy, los devotos de Santa Águeda piden que interceda por las mujeres que tienen partos complicados o problemas con la lactancia. También la invocan quienes sufren dolencias en el pecho. Asimismo es considerada protectora de las mujeres y patrona de las enfermeras.

La oración para Santa Águeda


¡Oh gloriosa virgen santa Águeda!
Humilde esclava del Señor de los señores
y magnánima apreciadora de su humildad.

Os ruego humildemente, me alcancéis
de vuestro dulce Esposo
un corazón muy humilde
y al mismo tiempo magnánimo,
que aprecie sobre todo lo creado
la gracia que mi señor Jesucristo
me mereció con el precio infinito
de su divina sangre.

Abogada os considero
de los verdaderos humildes,
así como lo mostrasteis premiando 
a una devota y humilde mujer,
que veneraba en su casa
vuestras sagradas reliquias,
y ensordeciendo dolorosamente a otra,
que con soberbia dijo,
no quería ir a vuestro sepulcro
a daros culto y veneración.

Haced, Santa mía,
que mis palabras, obras y traje
respiren y rebosen humildad;
y dadme una solución
para las necesidades que sufro,
que son urgentes y graves,
ya que Vos por generosa gracia,
siempre atendisteis a los necesitados
prestando protección y ayuda,
y asimismo sea mi corazón
tan magnánimo, que pierda,
si necesario fuere,
hasta la vida por mantener
la gracia de Dios, con la cual
alcance la eterna bienaventuranza.

Amén.


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