Los barones de la fruta (I)

Temidos por políticos y empresarios, Rubén López y Juan Lescano no sólo acumulan poder en el sindicato de la fruta y la obra social. También prosperan en negocios particulares. Se les atribuyen varias propiedades, testaferros y beneficios para todo el clan familiar y un selecto círculo. Los acusan de saquear las arcas de las entidades que manejan. Cómo lograron ser ellos mismos empresarios y doblegaron a algunas tradicionales firmas frutícolas a fuerza de coerción. Las deudas siderales que acumula el gremio. Sus guardias pretorianas. Protección política e impunidad.

18 ago 2015 - 00:00

A Héctor Rubén López le brotó el apetito de mando cuando fue elegido con sólo 17 años delegado gremial del galpón Santarelli en Fernández Oro, donde embalaba.

A Juan Domingo Lescano -excargador de fruta en Moño Azul- la voracidad por ganar la venía ejercitando desde su pasión “fierrera”. No le daba respiro al competidor y, aun desde muy atrás, solía alcanzar el podio con su amado Chevy.

El Sindicato de Obreros y Empacadores de la Fruta de Río Negro y Neuquén y su obra social vienen acunando a ambos dirigentes y desde hace más de diez años son la plataforma para el ejercicio de un poder omnímodo pero mezquino en prácticas éticas, para un progresivo y nada desdeñable incremento patrimonial privado disimulado en su círculo más íntimo y para una creciente influencia política y empresarial.

López no es sólo el secretario general del sindicato, el presidente de la obra social y un legislador rionegrino que repetirá mandato por cuatro años más en Río Negro (sin que nadie investigue aún su doble percepción de haberes). Es el jefe de un amplio clan familiar al que se le atribuye buena cantidad de tierras y vehículos de media y alta gama. López da y recibe protección. La da a políticos de turno -hoy el oficialismo gobernante- con su “paz gremial” o sus “fuerzas de choque”, según sea necesario. Y la recibe de ellos mismos vía la tolerancia, socorros financieros o sostén logístico. También la obtiene de los fueros que le otorga la banca.

Los barones de la fruta (I)
López y Lescano, dupla inseparable

Lescano no es sólo secretario general del gremio en Centenario, el tesorero de la Obra Social de la Fruta y el extitular de la CGT neuquina leal a Jorge Sobisch. Se lo señala como un “empresario” que pone la piel de gallina a dueños del empaque jaqueados económicamente, a quienes fuerza a hacer negocios con fruta para su beneficio desde una sociedad que formó sin exponerse como integrante. “El apriete es su método”, confiesan. Bajo las garras de Lescano, algunos perdieron sus galpones y chacras, admiten.

La dupla López-Lescano es una afinada sociedad cuya sola mención provoca desasosiego en parte del gremio y el empresariado frutícola. Su manejo del sindicato y la obra social se describe desde la obscenidad y la impunidad.

“Río Negro” investigó y desarrolla a lo largo de tres ediciones consecutivas la compleja -diversificada- trama de una administración denunciada penalmente por fraudulenta desde sectores internos, laxa en controles, generosa en beneficios particulares y ruinosa por las millonarias deudas generadas y no pagadas.

Poder sin límites

Veamos el increíble compendio de negocios, desmanejos y arbitrariedades que se han tejido al calor de la gestión López.

• Enriquecimiento y propiedades. La mayoría de las fuentes consultadas por este diario atribuye a López y Lescano numerosas propiedades, entre casas, chacras, terrenos, un campo, emprendimientos y vehículos. Pero lo cierto es que gran parte de los inmuebles y rodados no está a su nombre y sí de su círculo familiar más íntimo. Sea como fuere, no se advierte relación entre la capacidad contributiva de esos tenedores y el valor de las propiedades.

• La que más posesiones tendría es Viviana Silvia Weisser, expareja de López. Son lotes en la expansiva zona de Fernández Oro, con ubicación envidiable a la vera de la Ruta 22. En una de ellas está emplazada “La Ponderosa”, fastuoso salón de eventos construido con materiales de categoría, pileta de natación y gran parque. Una denuncia penal, realizada en febrero pasado ante el Juzgado Penal 4 de Cipolletti por el extitular del gremio Julio Aliaga y el dirigente Luis Vega, le asigna a Weisser 17 propiedades inmuebles. “Río Negro” pudo determinar cinco cuyos tributos están a su nombre. Además, dos vehículos. Uno de ellos es un minibús Mercedes Sprinter (que registra importante deuda de patente). En esa misma chacra fijó domicilio un cuñado de López, quien tendría también tres autos (entre ellos un Citroën C4) que no parecieran compadecerse con sus ingresos declarados.

• Fuentes empresariales aseguraron que Juan Lescano tiene un campo con caballos y vacas en 25 de Mayo, La Pampa. Lescano lo niega, pero admite que suele invitar allí a sus amigos a jornadas de asado y descanso.

• Dos hijos de López exhiben bienes. Uno de ellos recibió como regalo de 18 años un Chevrolet Cruze, hoy valuado en más de 200.000 pesos. A otro hijo del sindicalista la denuncia penal le atribuye una propiedad lindera con la casa del padre.

En la edición del martes, los detalles de las posesiones.

Los barones de la fruta (I)
Interconexiones entre Rubén López y Juan Lescano.

• “Saqueo” del sindicato y la obra social. La Justicia tiene en sus manos una denuncia por asociación ilícita y administración fraudulenta con graves imputaciones: apropiación de fondos sociales, usufructo familiar de atenciones médicas y prestaciones de la obra social y cobro de salarios sin trabajar. Imputa de esos cargos a un primer grupo: López, su hermano Juan Domingo, Juan Domingo Lescano y Daniel Aliaga, entre otros. Señala un segundo grupo que involucra a familiares de primer y segundo grado de López y de su actual y anteriores parejas, también familiares de Lescano, de Aliaga y de amigos de la gestión actual.

La denuncia de Aliaga y Vega describe un amplio y grave repertorio de cargos:

- En cuanto al sindicato, advierte sobre cheques y subsidios millonarios sin rendir, compras superfluas, cobros no depositados, ausencia de balances y la adquisición de muebles que no permanecen en el gremio.

- En cuanto a la obra social, desorden de cuentas, prestaciones a amigos y familiares de López, ingresos de farmacias sin control, gastos de autos particulares, dineros faltantes, curiosos préstamos de dirigentes, etcétera.

• Millonarios negocios particulares con empresa propia. La cara más visible de los negocios, enmascarados en el gremio, es Juan Domingo Lescano, tesorero de la Obra Social de la Fruta.

Percherón, sin límites, atrevido, “apretador”. Así lo describieron los empresarios que lo trataron y, cercados, cedieron a sus ofertas que no podían rechazar.

El método y el de su “guardia pretoriana” parece tan sencillo como efectivo, según relataron invariablemente todas las fuentes que se animaron a hablar con “Río Negro”: intima a las empresas por sus deudas con los aportes a la obra social. Y reclama sus abultados intereses. “¿Cómo los van a pagar? -exige saber-. Si no, les embargamos las cuentas”. En la desesperación, los empresarios pactan un plan de pago en el que se les perdonan los intereses, “pero a cambio de que abonen un monto en concepto de ‘honorarios legales’” (para que las empresas puedan justificar la erogación).

Hay más. Ya con más confianza, Lescano y su gente ofrecen comprar fruta a la empresa para venderla ellos mismos. El servicio y comercialización lo hacen a través de JLK SRL, una firma que originalmente estaba a nombre de Denis Lescano -hijo de Juan- y de Karina Neyroud, delegada gremial. Luego, la mitad de las cuotas sociales de la firma fue transferida al contador neuquino Gustavo Buceta. Varios de los cheques que suelen dar vuelven atrás. De hecho, JLK registra la friolera de más de 3.000.000 de pesos en cheques rechazados en lo que va del año.

JLK es una firma con capacidad de embalaje y transporte hacia destinos diversos: uno de los más insólitos es Clorinda, Formosa, desde donde se presume que la mercadería pasa a Paraguay. Allí Lescano tiene un puesto de frutas y verduras.

A los más agobiados Juan les decía: “¿Querés laburar o querés tener las cuentas ejecutadas? Dejá que te maneje la empresa”.

En definitiva, los desembozados negocios se mezclan con los actos de la obra social. Lescano y su gente ha logrado dominar a empresas y “hacerse” de otras. Se señala como víctimas a Mc Donald, Biló y Moño Azul, nada menos, entre otras. En esta última, un par de ejecutivos debió cesar en sus funciones ante la sospecha de complicidades.

El afán de investigar supuestas maniobras corruptas con unos cheques originó una denuncia penal de esta empresa hacia los dirigentes de la obra social. Días después, el CEO italiano denunciante sufría un llamativo asalto violento junto a su hija en el monumental y vigilado predio de Moño, en Guerrico.

“Río Negro” dará a conocer mañana detalles y testimonios de las maniobras comerciales, que también Lescano niega ante “Río Negro” (en una malograda entrevista que se describirá en la edición del jueves).

Fuera de JLK, le atribuyen a Rubén López y su círculo áulico haber realizado -y realizar aún- actividades frutícolas a través de falsas cooperativas de trabajo. Una paradoja, pues el gremio siempre las combatió. Se mencionan al menos cuatro o cinco cooperativas, con trafics para el transporte obrero incluidas.

Los barones de la fruta (I)
Utilización política recíproca. López es ahora incondicional de Weretilneck. Antes comulgó con Soria y también con Pichetto.

Una evidente incompatibilidad considerando la función que ocupa el sindicalista y “un claro trabajo en negro”, señala una fuente que tuvo un cargo de responsabilidad en el gremio durante años. Estas estructuras están exentas de impuestos y no tendrían empleados afiliados al sindicato ni cobertura. El empacador se ve beneficiado pues no paga aportes y contribuciones, pero corre el riesgo de afrontar juicios laborales.

Hay más evidencias de transacciones particulares -vía otras modalidades- que han sido detalladas en la denuncia penal de Aliaga-Vega:

- Allí se infiere que los dirigentes de la obra social recibieron cheques como pago de deudas por parte de empresas frutícolas que “nunca fueron depositados en las cuentas de la obra social” y tampoco están en la cartera de cheques.

- Se asegura que el presidente y el tesorero de la obra social realizan canje de cheques por altos valores a terceras personas ajenas. La entidad los paga en efectivo y cuando entrega tales cheques a sus proveedores, son rechazados. Los dirigentes no reintegran el dinero, asegura la denuncia.

- Dice la presentación judicial que cobros que Lescano realiza por venta de fruta particular son canjeados por efectivo en la obra social. Del mismo modo, asevera que López también recibe cheques por trabajos particulares, los entrega a la obra social y se lleva el efectivo.

- Sostiene que tanto López como Lescano son prestamistas a la obra social por importantes sumas, “préstamos que no se condicen con sus ingresos”. Da por probado que López prestó 1.260.000 pesos y que Lescano dio 800.000 pero retiró 1.200.000.

• El fallido sueño de los sanatorios propios. En julio del 2010 y agosto del 2011, el sindicato de la fruta anunció con bombos dos ambiciosos pasos: la inauguración de los sanatorios en Allen y Villa Regina para sus afiliados.

En el primer caso se compró la propiedad del inmueble y se traspasaron las cuotas sociales del tradicional Sanatorio Allen SRL, que estaban en manos de un grupo de médicos. En el segundo caso, se alquiló la Clínica Regina. Para ambos centros de salud se prometió una serie de servicios a la altura de las principales clínicas de la región: internación, quirófanos, terapia intensiva con varias camas, traumatología, pediatría, ginecología... amén de equipamiento de última generación y dotación de vehículos. También se estaba avanzando en el proyecto de un moderno edificio sanitario en Roca.

Sin embargo, a casi cinco años de estas inauguraciones, hoy el gremio exhibe dos instalaciones con precariedades. Más que clínicas, semejan policonsultorios que no parecen adecuados para ser habilitados. Las promesas de ampliación y modernización nunca se concretaron.

No sólo eso. Las deudas jaquean a estas dos instituciones. El Sanatorio Allen debe a la AFIP cuantiosos aportes de seguridad social, de obra social y contribución patronal de buena parte de sus empleados. Fuentes del gremio de la sanidad (ATSA) calculan que la deuda supera el millón de pesos, motivo por el cual hay una demanda de la Federación de la Sanidad y embargo de bienes. Incluso una amenaza de remate.

Hasta el propio socio gerente de la clínica, el gremialista Daniel Bernardo Aliaga, tiene impagos aportes y contribuciones. Es empleado de la obra social, la misma que pagó de sus arcas el sanatorio.

Aliaga (hijo del fallecido sindicalista Bernardo Aliaga y hombre de extrema confianza de López y Lescano) es “dueño” del Sanatorio Allen junto con Jaime Manquepi, obrero del galpón Biló y poseedor de una farmacia de Fernández Oro. Efectivamente, el 1 de julio de 2010 ambos recibieron por contrato la cesión de las cuotas sociales de la SRL que poseían los siete propietarios originales de la clínica y que en ese acto se liberaron de deudas que agobiaban a la entidad. Ese mismo día, Rubén López firmaba el contrato de compra por 1.200.000 pesos del inmueble de 350 metros cuadrados.

También la Clínica Regina perdió un juicio con la Asociación Rionegrina de Anestesia por una deuda importante, que comenzaron a devolver. (En la edición del jueves, los pormenores de la crítica situación de las clínicas de la Fruta)

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La inauguración de la Clínica Regina del gremio frutícola, en agosto del 2011.

• Usufructo personal de bienes y servicios gremiales. La gran familia de Rubén López (no sólo su actual y sus exparejas, hijos e hijastros; también sus cuñados, suegros y amigos más dilectos) ha gozado de los beneficios de la atención médica y sanatorial en forma gratuita sin ser afiliados ni aportantes adherentes de la obra social. O han obtenido una cobertura del 100% cuando correspondía el 70%. Así lo puntualiza la denuncia penal por administración fraudulenta, suministrando pruebas que en este rubro también involucran a Juan Lescano y a Daniel Aliaga.

También resultó llamativo el pago por parte de la obra social de los arreglos de automóviles privados de los máximos dirigentes y la compra de vajilla, copas de champaña y un horno cuyo destino es una incógnita.

• “Cobran y no trabajan”. Familiares y personas muy cercanas a la dupla López-Lescano cobran sueldo de la obra social pero no prestan ningún tipo de servicio a la institución, señala la denuncia penal. Menciona a Ángela Villar, esposa de López; Karina Neyroud (socia de la empresa que usa Lescano para sus negocios frutícolas); Denis Lescano (hijo y exsocio de JLK); Aníbal Monges y otros que tendrían doble percepción del sindicato y la obra social.

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La Ponderosa, lujoso salón de eventos atribuido a López y administraría su expareja.

• Fuerzas de choque, guardia pretoriana. Las fuentes que hablaron con “Río Negro” no dudaron en afirmar que Rubén López y Juan Lescano “manejan y se manejan” con grupos de gente “pesada” que sabe interpretar sus necesidades de actuar coercitivamente cuando la oportunidad llama. Diferencian distintos tipos de acciones:

- “Mandar el sindicato”, la tradicional amenaza (genérica en el mundo gremial) a empresas que no se avienen a reclamos salariales y que se traduce en bloqueos a galpones, rutas u otras perturbaciones.

- Empresarios consultados por este diario señalaron que igual proceder intimidatorio profieren Lescano y sus acompañantes cuando los visitan para conminarlos a pagar sus deudas a la obra social.

- El “apriete” político. Atribuyen a López -congresal justicialista- la habilidad para organizar grupos dispuestos a perturbar un clima partidario o “romper congresos”. Señalan que suelen nuclear a sujetos ajenos al sindicato, a quienes les pagan una cifra por su actuación y el refrigerio correspondiente. En enero pasado, López dispuso el envío desde el Alto Valle de 500 “militantes” a Viedma en ocho micros, cuya presencia intimidó y terminó suspendiendo el Congreso del PJ por falta de garantías. En ese momento, el senador Miguel Pichetto responsabilizó al gobierno de Weretilneck de financiar el traslado.

• Deudas millonarias. La obra social y el sindicato ostentan una gigantesca deuda con la AFIP desde el 2010: 15.700.000 pesos entre capital e intereses resarcitorios. 11.157.000 pesos corresponden a la primera entidad y 4.560.000 a la segunda (ver infografía). Trascendió que el organismo recaudador del Estado desembarcó días atrás en las oficinas gremiales, aunque llama la atención la demora en la reacción considerando la magnitud de la deuda.

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