Barones de la fruta (II): aprietes y negocios personales al calor gremial

Cómo hace el tesorero de la obra social, Juan Lescano, para dominar a empresas frutícolas asfixiadas por deudas e inducirlas a compartir negocios. La empresa que formó con testaferros. Dineros que debían ir a la mutual del sindicato y no aparecen | Los barones de la fruta, primera parte | Gremios pedirán el desafuero de López |



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Rubén López y Juan Lescano, una afinada sociedad en viejos y actuales tiempos. Son temidos por empresarios, políticos y afiliados al gremio.

Investigación | Segunda Parte

Los barones de la fruta: primera parte.

Los barones de la fruta: tercera parte.

 

“¿Sabés lo que te hace Juan? Te agarra porque sabe que estás muerto y te hace creer que te da oxígeno... Vos te vas metiendo y, cuando te querés acordar, te tiene en su poder. ¡Te hunde más!”.

Los rostros de los empresarios frutícolas que se animaron a relatar ante “Río Negro” los negocios privados de Juan Domingo Lescano, el tesorero de la obra social del gremio de la fruta, denotan el pavor que les tienen al sindicalista y a su grupo.

“Si no aceptás sus condiciones, ya te pone en un quilombo”. Uno de los que hablan está desesperado: teme que su galpón y chacras terminen en las manos de Lescano, como ha pasado con otros. Un exejecutivo se tuvo que ir de la empresa en la que trabajaba porque “estaba seguro de que terminaría golpeado”.

Invariablemente todos definen a Lescano de “entrador”, pero también de “extorsionador”, coercitivo y “rapaz”. Intimida tan solo por su porte.

 

Admiten, sin embargo, que ha contado con la complicidad de algunos ejecutivos que vieron los pingües beneficios de vincularse con quien tiene un sistema de comercialización protegido por el paraguas del gremio que conduce Rubén López, cautivo por la férula de la presión sindical y practicable por una logística aceitada.

Juan Lescano no puede concebirse sin Rubén López. Armonizan perfectamente. Ambos lactaron en la cuna gremial y conocen como pocos los senderos y riscos del sindicato que les dio poder y benefició a sus familias. Se manejaron con comodidad y también con impunidad. Las desordenadas cuentas del gremio y de la obra social hablan por sí solas. No hay balances que puedan poner blanco sobre negro los números de las arcas gremiales. Por eso ambos están acusados de integrar una “asociación ilícita que malversó los fondos” de una entidad que representa a 15.000 afiliados de todo el Valle.

La obra social de la Fruta es, precisamente, la plataforma de los negocios frutícolas privados. La génesis de un circuito que requiere también de otro componente importante: la situación asfixiante del empresario.

Los ejecutivos consultados han resumido así la maniobra gremial que se ya ha transformado en sistémica. Comienza con un reclamo gremial y termina en un negocio:

• El empresario recibe la visita de los “verificadores” liderados por Lescano. Sabe que está en falta con la obra social de la Fruta: le debe mucho dinero de aportes. Es que en el contexto de una crisis tan apremiante como la que vive el Valle, la empresa prefiere priorizar los pagos a la AFIP (los códigos 931, 351, 301) para evitar que el organismo le caiga encima. Sólo si su presupuesto lo permite, paga el resto: ART y obra social de la Fruta.

• Ahí aparece Lescano. “¿Cómo pensás pagar esta deuda de 2.500.000 pesos? ¿Y los intereses de casi un millón?”. El empresario responde atribulado: “Te quiero pagar, pero no me ahorques, por favor. Haceme una quita, te lo pago en 12 cuotas...”. En ese punto, algunas fuentes relataron que los gremialistas aceptan y le condonan los intereses sólo bajo la condición de que pague “honorarios legales” por determinada cifra. Un singular diezmo que les permite a las empresas justificar el gasto internamente. Otros consultados hablaron de un aporte en efectivo.

Rubén López y Juan Lescano, una afinada sociedad en viejos y actuales tiempos. Son temidos por empresarios, políticos y afiliados al gremio.

 

• En medio de la confianza generada, Lescano va introduciéndose un poco más en la empresa. Y aquí viene su oportunidad de hacer negocios a través de su propia firma JLK SRL, integrada por testaferros (ver recuadro), que comercializa fruta que compra a terceros bajo el sello Kimey o El Escocés (famosa exmarca de Mc Donald). En chacras y galpones propios -alquilados u obtenidos de empresas en jaque- Lescano trabaja el producto de manera integral: lo embala, lo enfría, lo lleva y lo vende en destinos tan variados como el Mercado Central de Buenos Aires o Córdoba, Santa Fe e incluso Clorinda, Formosa, donde el gremialista tiene un puesto de venta de verdura y fruta en el que se lo suele ver junto a un hombre de apellido Cárdenas, con camionetas propias. Se asegura que desde allí la mercadería pasa a Paraguay. En este sentido, resulta llamativo el registro de la Funbapa referido al mercado interno de la manzana, que muestra un sorprendente volumen en un destino impensado para esa fruta: Formosa, con 12.833 toneladas al año. Muy probablemente mucho tenga que ver las pomáceas de Lescano en esos guarismos.

• De modo que Lescano -relata una de las fuentes- le advierte al pequeño empacador abrumado por las deudas: “Vos no podés pagar porque estás complicado. ¿Y si te traigo un buen laburo? Un laburo, grande, grande, grande...”. Y empieza a plantear un precio que, al fin y al cabo, el interlocutor no puede rechazar. Otro productor cipoleño cuenta: “Vino un día y me dijo: ‘¿Tenés fruta? Por ahí podemos hacer un negocio, ¿qué comisión me das por 100 bins?’”. “Yo no pago comisión, si usted quiere fruta, me trae el cliente. O si la compra usted, me paga anticipado”, respondió con la convicción de que “me estaba llevando a un camino sin retorno”.

• Allí empiezan los primeros problemas. Lescano y su gente pagan la fruta que adquieren con cheques de terceros, que el empresario luego reparte a sus proveedores para saldar sus deudas. Pero los cheques vienen rechazados. Por fortuna para el productor, tras reclamarle a la obra social, el mismo Lescano se ocupaba de recuperar los cheques a cambio de efectivo. Este es sólo un caso, que se reproducía con habitualidad, según los testimonios. En otra oportunidad, Juan “pagó fruta con cheques de Zettone. Me dijo que eran deudas que tenía con la obra social”.

• Si uno observa el registro de la central de deudores del sistema financiero del Banco Central, advierte una retahíla de cheques rechazados de JLK SRL por una magnitud que impresiona: 3.158.800 pesos en lo que va del año. Esta información, que es pública, ha generado desconfianza en más de uno de los circunstanciales “socios-clientes” de JLK.

• Otro empacador relató: “Vino Lescano y me dijo: ‘Me debés tanta plata. Necesito que me hagas un servicio de empaque, ¿a cuánto lo hacés’. Le respondí: “Mirá, no...”. Entonces replica Juan con vehemencia: ‘Ah, ¿no lo hacés? Te ejecuto la obra social’. La variante entonces puede ser: ‘Te tomo el empaque, te mando la gente a que te bloquee’. ¡Es nefasto!”, concluye.

Una de las marcas de fruta que embala Lescano: Kimey. Perfil público de Facebook

 

Empresas atrapadas en las redes de Juan

En el mundo frutícola se dice que Lescano y su sello JLK han sido victimarios de importantes empresas del Alto Valle: Mc Donald, Constantinidis, Don Javier (Biló), San Cayetano... Y también Moño Azul, un establecimiento con reputación nacional. Según aseveran, el tesorero de la obra social también ha ingresado últimamente en negocios con el galpón Magú, de Allen.

“Según Juan (Lescano), las chacras de Mc Donald en Valle Medio ahora le pertenecen. Mc Donald fue uno de los primeros que cayeron con él”. La certeza de que Cargos Godoy (que se especializaba en administrar firmas que entraban en proceso de quiebra) perdió la empresa a manos de Lescano es unánime. Por ello, es común oír el axioma “Mc Donald es de Lescano”.

Con Don Javier -la empacadora de los Biló en Fernández Oro- la situación es similar. Lescano, vía JLK, le alquiló la chacra y el galpón. (Lescano lo negó ante “Río Negro”). La sospecha es que el negocio venía atado con Moño Azul. Al cierre de este informe se respiraba desesperación en la firma, con alquileres e impuestos de luz impagos y unos 80 trabajadores paralizados.

El caso Moño Azul, por la osadía, magnitud y hasta truculencia del negocio, requiere un desarrollo aparte, relatado por tres fuentes de primer nivel cercanas a la empresa.

¿Cómo llega Lescano a Moño? Prometiendo planes de inserción laboral, la chance que daba el Estado de hacerse cargo de parte de los salarios rurales a cambio de que la firma los mantuviera en planta. Así mete un pie Lescano en los planos gerenciales y, andando el tiempo, comienza a pedir algunos favores: “Dame esa fruta grande de mercado interno que a vos te cuesta vender. Vos no la vas a embalar. Dame los bins, que los vendo yo”.

Ya metido de lleno con la fruta de Moño, “Lescano se encarga de organizar las empresas necesarias para ayudar a la compañía a cargar un barco. Así JLK, sumó a Constantinidis, Mc Donalds y otras. Por cada bulto que le hacía Juan, Moño pagaba”. ¿De qué magnitud hablamos? “Mucho dinero, porque un tercio de la facturación de Moño Azul lo hacía con bultos de terceros. Con las empresas que traía Juan llegaban a un 20% del volumen, pero estos recién empezaban. Moño opera 80 millones de kilos”.

El nivel de familiaridad que Lescano había adquirido con Moño era de tal grado que incluso “le llegó a pedir a la empresa que le entregara sus cajas vacías y cartones con logos incluidos. La idea -explican las fuentes- era envasar manzanas que el gremialista conseguía de otros productores y venderlas como de Moño Azul, para sacarles el triple”. Coincide otro productor: “La fruta de Juan viene en la caja de Mac Donald, con el papel sulfito de Moño, la marca que tenía Mac Donald, los esquineros de otra empresa... ¡usa materiales de todos!”.

Pero hubo un momento extremadamente tenso en la relación Lescano-Moño: “Juan debía fruta y pagó con tres cheques. El primero que vencía: ¡rechazado!”. La empresa se lo advierte y el gremialista paga. “Le devuelven los cheques rechazados, pero se olvidan de anular el endoso de Moño Azul que llevaban. Así que Juan recibe el cheque, lo mete en la obra social a cuenta de una deuda. Y como luego, naturalmente viene rechazado, el sindicato ejecuta a Moño. Le embargan y estalla el escándalo: los dueños italianos de la empresa indagan e inician acciones contra la obra social. También -se sabe- investigaron la posibilidad de complicidades internas con el gremio y hasta posibles retornos”. No pasó mucho tiempo hasta que ocurrió el violento asalto al CEO Tonino Beccegato y su hija dentro del predio de la compañía. ¿Coincidencia o represalia?

La simbiosis entre el gremio y Moño Azul es tal que en ámbitos políticos y empresariales se cree que el sindicato, tarde o temprano, “se quedará” con la empresa. Los últimos favores se verificaron en abril de este año cuando, asfixiado por deudas salariales, Moño obtuvo un respiro financiero de al menos 8 millones de pesos merced a la gestión de Alberto Weretilneck, claro aliado político del mandamás de la fruta, al punto que Rubén López acaba de ser reelecto legislador por Juntos Somos Río Negro, la alianza del gobernador.

Ítalo Pisani

Con agencias Allen, Cipolletti y Viedma.


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