Villa Llanquín, el encantador paraje cada vez más elegido a sólo 40 km de Bariloche

Lejos de las aglomeraciones, se ofrece como una opción de relax y naturaleza ideal para desconectarse de cara al Limay. Los autos cruzan el río en balsa y por el puente los peatones. Su popularidad crece por el boca a boca y las fotos virales.





En una temporada marcada por la explosión de turistas en las playas, los comercios, las rutas y los principales circuitos turísticos de los destinos cordilleranos, visitantes y locales tienen la posibilidad de escapar de las multitudes, a solo 40 kilómetros de Bariloche.

Villa Llanquín, paisaje que enamora. Foto: Alfredo Leiva.

Rodeado por el río Limay y un encantador paisaje estepario, el paraje Villa Llanquín se ofrece como una alternativa de descanso, tranquilidad y contacto con la naturaleza. En la semana, recibe entre 100 y 200 visitantes, pero esa suma se eleva a 800 o 1000 durante los fines de semana, cuando muchos residentes de Bariloche, Neuquén y los valles rionegrinos aprovechan para hacerse alguna escapada.

El número de visitantes aumenta paulatinamente desde los últimos años. Quienes ya conocieron el paraje, vuelven una y otra vez. El boca en boca y la viralización de fotografías en las redes sociales también despiertan interés en visitar el lugar. Hoy, un hotel, cabañas y cinco campings ofrecen alojamiento.


En el kilómetro 1610 de la ruta 237, los conductores se detienen a pocos metros de la margen oeste del río Limay, a la espera de que la Balsa Maroma cruce los vehículos del otro lado.

La Balsa Maroma funciona de lunes a domingo de 7 a 21. Es gratuita. También se puede llegar a través de la ruta 23, hasta Pichi Leufú. Pero el camino es de ripio y no está en muy buen estado.

Los acompañantes no ocultan la fascinación al cruzar el puente peatonal. Es el caso de Gustavo Pereyra, un turista oriundo de Garín, provincia de Buenos Aires. «Estamos vacacionando en Bariloche pero cuando pasamos por la ruta, nos llamó la atención este lugar y decidimos volver. Es increíble la tranquilidad que se respira acá», dijo el hombre mientras su pequeña hija correteaba por las calles de tierra.

El cruce del Limay en la balsa Maroma Foto: Alfredo Leiva.

Villa Llanquín se convirtió en un destino ideal para quienes buscan serenidad y sosiego, pero también para los amantes de la escalada, el trekking, la pesca y el ciclismo. Incluso para los que desean hacer cabalgatas a unos seis kilómetros del paraje. Tampoco le falta el avistaje de aves.

Desde hace algunos años, un campo de lavandas ofrece visitas guiadas. Este emprendimiento arrancó con 50 plantas y hoy, ocho años después, ya abarca 4.000 de diversas especies.

«En Llanquín, no hay nada con guía de turismo. Mucha gente viene porque ya conoce. Otros vienen desde hace años para escalar en Las Piedras Coloradas y hay quienes vienen en vehículo con bicicleta para recorrer. Tenemos la Vuelta del Arroyo Chacay que son 60 kilómetros dando la vuelta por la parte alta o costeando el Limay», explicó Roberto Loncon, presidente de la Comisión de Fomento de Villa Llanquín, paraje que hoy cuenta con alrededor de 350 pobladores.

Ideal para desconectarse en contacto con la naturaleza. Foto: Alfredo Leiva.

Reconoció que la principal atracción es la temporada de pesca de noviembre a marzo. Pero cada vez, matrimonios y familias se ven seducidos por este paraje poco conocido y concurrido. El programa es simple: salir a caminar o disfrutar de los brazos más tranquilos del río.

La hostería La Maroma Lodge, ubicada en un lugar estratégico muy alto desde donde se puede apreciar el curso del río Limay con la estepa de fondo, abrió allá por 2011 para los pescadores, el público habitué hasta ese momento. Hoy, es elegida por muchos barilochenses, angosturenses y turistas que no se pierden alguna escapada al paraje rural.

Entre los servicios hay restaurante, hostería, cabañas y camping. Foto: Alfredo Leiva.

«Estos días, nos cayó una familia que volvía a La Rioja y vieron la hostería desde la ruta. La actividad ha crecido mucho especialmente en los últimos cinco años, de la mano del turismo rural. El pueblo empezó a hacerse conocido como un lugar de descanso», reconoció Tamara Nahuelcura, a cargo del restaurante La Maroma que funciona en la hostería, junto a Gastón Alday.

Dijo que la balsa también resulta muy atractiva para mucha gente «de paso» que solo quiere cruzar para ver con qué se encuentran. «Ahora con los incendios al sur de Bariloche, empezaron a venir muchas familias que bajan en flotadas por el río. La mayoría llega escapando del amontonamiento«, indicó la mujer.

La barilochense Micaela Luger, dueña de La Maroma Lodge, contó que su esposo trabajó como guía de pesca muchos años, pero al ver que no había oferta de alojamiento en el paraje, decidió ponerse en marcha. Con el tiempo, la pareja se radicó en Llanquín junto a sus dos pequeños hijos.

Los espectaculares rincones de Villa Llanquín. Foto: Alfredo Leiva.

«La gente viene buscando tranquilidad. Hay quienes vienen por dos días y los que se quedan una semana», expresó Luger.

Recalcó que no hay circuitos turísticos «armados» en Llanquín, ni señal de teléfono, lo que genera una fuerte atracción por parte de quienes los visitan. El único riesgo, admitió, es que la gente ingrese en campos privados y no tenga cómo llamarnos. «Por eso, siempre los mandamos por los caminos de autos«, dijo.


Cabaña Orillas del Limay, para cuatro personas, 8500 pesos. 

Los platos en el restaurante La Maroma rondan los 1100 y 1200 pesos para pastas y rissotos y 1400 pesos, para carnes con algún acompañamiento. Sus dueños aclaran que «no se manejan a la carta sino que mantienen algunos platos semanales».

Hostería La Maroma Lodge: habitación doble, 12000 pesos; triple, 15000 pesos; para 4 (mayores de 12 años), 18000 pesos. Incluye desayuno y cena, sin bebidas.


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