Villa Llanquín: los pescadores subieron al podio a este cocinero del Alto Valle

Junto a Tamara Nahuelcura han sabido armar un restaurante increíble a orillas del Limay.





El cocinero roquense Gastón Alday (30) dio varias vueltas en los últimos meses en su vida hasta encontrar un punto donde hacer pie y desplegar sus deseos, saberes, creatividad y expectativas. Es así como hoy lo encontramos con su restaurante propio en Villa Llanquín, un pintoresco pueblo ubicado a orillas del río Limay, de no más de 500 habitantes. Y que en esta temporada de pesca, los expertos del arte de esperar lo han convertido en un éxito.

En principio hay que decir lo más importante. Gastón no está solo en la vida ni en el restaurante. Aquí vive con su pareja Tamara Nahuelcura (29), que se conocieron trabajando en el Hotel Alto Traful en Villa Traful y de la relación amorosa “nos unió el amor por nuestras carreras y las ganas de tener un lugar propio e independiente”, comenta el cocinero a este diario.

Gastón Alday y Tamara Nahuelcura, felices en el restaurante «La Maroma», en Villa Llanquín. Fotos: Gabriel Saavedera

En principio ambos tuvieron un breve paso por Villa la Angostura este año con la intención de instalar nuestro proyecto de embutidos y chacinados, el que por diversos motivos tuvieron que postergar. A mediados de abril vivieron un mes a Roca. Fueron en esos días que surgió la oportunidad de ir a trabajar a Punta del Este. “Después de tres meses de estar allí decidimos volver con muchos aprendizajes y la convicción de que nuestro lugar en el mundo es la Patagonia”, apunta el entrevistado. Estamos hablando de octubre de este 2021. Elegieron para instalarse y poner a prueba todo lo aprendido a Villa Llanquin, pueblo natal de Tamara, desde donde partió a los 13 años buscando oportunidades de estudio y trabajo que el pueblo no le brindaba. Realizó sus estudios secundarios en Villa Traful y se recibió de Guía de Turismo en Bariloche en 2017.

Después de un trayecto recorrido y de diversas experiencias atravesadas “decidimos que queríamos volcar todos nuestros conocimientos y experiencias y otorgarle un ¨empujoncito¨ a lo gastronómico con la actividad turística que recorre este maravilloso pueblo estepario. De este nodo no solo ofrecemos un plato de comida sino tanmbién la experiencia de dar a conocer este pintoresco pueblo, compartir una charla y disfrutar de la vista y el ambiente cálido y cargado de historia que tiene este lugar y que merecen ser contadas”, apunta Tamara.

Desayuno servido por Gastón y Tamara. Lo pueden disfrutar tanto los que se alojan en el lodge como cualquier turista que pase por la zona y quiere disfrutar de este paraíso.

Agradecidos, ambos resaltan que en este presente han podido cumplir el sueño de tener su propio lugar gracias a Piccino Gemma, reconocido guía de pesca y Micaela Luger, su esposa, propietarios de la hostería y restaurante que en una tarde de octubre último entre charla y mates les contaron el sueño de instalarse en la villa para iniciar un proyecto gastronómico. “En se momento ellos se miraron con complicidad y en un gran gesto de generosidad nos ofrecieron la posibilidad de alquilarnos el restaurante para que lo trabajemos con total libertad, no solo brindando el servicio de desayuno y cena a los huéspedes en su mayoría pescadores de la hostería sino también abriendo las puertas a todo el público”, subrayan Gastón y Tamara.

Yo Como disfrutó cada espacio de «La Maroma». Un estilo relajado y elegante, digno para el relax y la contemplación.

La hostería y restaurante fue bautizado en el 2012 “La maroma” en distinción a la emblemática balsa maroma que atraviesa el río Limay y que da la bienvenida a este peculiar pueblo de estepa. Se encuentra ubicada en Villa Llanquin, Río Negro, situada en la margen sur del Limay, a la vera de la ruta nacional 237 a 38 km de Bariloche; se accede a la misma por medio de un puente peatonal y una balsa que atraviesa el río.

En cuanto al servicio que brindan se puede disfrutar de desayunos, almuerzos y cenas, así como también eventos privados.

En el desayuno dan placer total los panificados que hacen nuestros entrevistados, mermeladas artesanales, huevos de campo, además de las clásicas infusiones.

Carne recién asada, lista para servir. Los pescadores, comensales especiales en esta ocasión, expectantes.

En cuanto al menú lo elaboran y plantean a diario a partir de los productos frescos y de estación que puede brindar la zona como excelentes corderos y las increíbles truchas que brinda el Limay. “Buscamos hacer una cocina modesta, con productos que están a nuestro alcance con técnicas bien aplicadas”, afirman.

Se los ve y escucha felices en esta hostería, arriba de un cerrito desde donde se ve la ruta, el Limay, el pueblito; ambientada con antigüedades, con el restaurante abierto al público. Este es el boca a boca que están difundiendo con gratitud los pescadores que han estado en este lugar en estas últimas semanas.

Están los que prefieren una entrada clásica a la hora de cenar. Gastón y Tamara cumplen esos deseos desde la cocina de «La Maroma»

Cómo Gastón alcanzó su identidad actual

Gastón Alday estudio gastronomía y en los últimos años tuvo la posibilidad de trabajar con los grandes referentes de la cocina de Río Negro y Neuquén, como Sebastián Mazzuchelli, Juan Solorza, Carlo Puricelli, Mauricio Couly, Pablo Penedo, Félix Heredia, Jéssica Fernández y Osvaldo López Cafasso, entre otros.

“El camino que estoy forjando como cocinero es gracias a todos los colegas y amigos que me dio esta profesion tan linda que es la cocina. Hace unos 8 años atrás que tomé la decisión de estudiar gastronomía y no me arrepiento de todo lo que me dio esta profesion No me imagino haciendo otra cosa que no sea cocinar detras de los fuegos y entregando todo para que el que este en la mesa se lleve la mejor experiencia”, comentó Gastón a “Yo Como”.

Sus primeras pasantías las hize con Carlo Puricelli, quien este fin de semana lo está visitando. “Poderlo tener en nuestro restaurante es una alegría inmensa para mi”, comenta.

“La síntesis de la cocina que hoy planteo es gracias a la influencia que ellos tuvieron en mi”, expresa.

Tiempo atrás, cuando lo entrevisté en Hotel Alto Traful Gastón decía que “llegué a este momento de mi carrera gracias al esfuerzo y la perseverancia. No me considero un chef por ocupar un lugar de mando; soy un simple cocinero en constante aprendizaje y con mucho amor por lo que hago. En los platos busco tener una identidad patagónica”.

Anda mucho extranjero por la zona y eso repercute, de algún modo, en las ofertas de los cocineros de la cordillera. De todos modos, sean locales, lugareños o de afuera Gastón trata de mostrar de manera muy sencilla productos tan nobles como la trucha , el cordero , los hongos de pino… “productos que nos identifican y nos representan como patagónicos. Hacemos una cocina con técnica donde respetamos y cuidamos mucho el producto. Pueden degustar un risotto con queso de cabra y costeletas de cordero donde el sabor del cordero es el que predomina en nuestro plato. Un tiradito en el que la trucha es la protagonista y se lleva todos los halagos con ese sabor tan sutil y la textura suave que la caracteriza. Soy un constante aprendiz y creo en el trabajo para mejorar todos los días”.

Así es como Gastón busca la diferencia sin hacer casi nada de ruido.


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