Reyerta doméstica

En algunas partes del mundo, los mandatarios y diplomáticos se han acostumbrado a emplear eufemismos molestamente corteses cuando aluden a las relaciones internacionales, pero en la zona del Río de la Plata prefieren usar términos hirientes. Por ser Uruguay y la Argentina “países hermanos”, sus gobiernos han adquirido el hábito de intercambiar lindezas en un tono que acaso sería apropiado para miembros de una familia disfuncional, con resultados a veces desopilantes. Así, pues, fiel al estilo pendenciero que es la característica más llamativa del kirchnerismo, el canciller Héctor Timerman se ha dado el gusto de ensañarse con el presidente uruguayo José “Pepe” Mujica, aconsejándole preocuparse más por su chacra que por asuntos tan importantes como el nivel de fósforo generado por la papelera de UPM, ex-Botnia, que tantos problemas bilaterales ha ocasionado en los años últimos. Según Mujica, el tajamar de su pequeña propiedad es más contaminante que la tan polémica planta. ¿Lo es? Por desgracia es difícil saberlo, ya que, cuando es cuestión de números, nuestro gobierno suele modificarlos para que encajen en el relato. De contar con evidencia irrefutable de que la papelera provocara daños irreparables al medioambiente no sólo en Uruguay sino también en la Argentina, nos estaría bombardeando de datos para –en palabras de Mujica– “dar una idea irreversible y terrorífica” de la polución causada por la planta, pero parecería que es relativamente limpia. En la raíz de la reanudación de un conflicto que se creía superado está la decisión de Mujica de permitir que la famosa papelera aumente su producción. Si bien es de suponer que hubiera preferido contar con la aprobación de nuestro gobierno, se habrá cansado de esperar una respuesta en tal sentido de la cancillería, razón por la que optó por ahorrarse lo que a su juicio sería sólo una formalidad burocrática. Sea como fuere, al hacer gala de su lado folclórico, de hombre sencillo que habla como tal, “Pepe” se las arregló para brindar a Timerman una oportunidad irresistible para renovar sus credenciales nacionalistas y alejarse pasajeramente del embrollo producido por su intento imprudente de congraciarse con los teócratas belicosos de Teherán, que el canciller aprovechó con su ya proverbial impetuosidad. Es tentador atribuir la reaparición imprevista de lo que el entonces presidente Néstor Kirchner calificaba como una “causa nacional” a la voluntad de Timerman de hacer un aporte a la campaña electoral, pero extrañaría que creyera que la renovada pelea con Uruguay servirá para enfervorizar a muchos votantes. Con la excepción de aquellos ambientalistas que parecen estar en contra de todo cuanto tiene que ver con la industria, la mayoría sabe que no hay motivos para suponer que la planta de UPM sea tan contaminante como sus equivalentes de la Argentina que, por desgracia, distan de ser dechados de limpieza. Por el contrario, cuando de defender el medioambiente se trata, la reputación de Uruguay y, por supuesto, Finlandia no es comparable con la nuestra, razón por la que, los asambleístas militantes de Gualeguaychú aparte, la ciudadanía se siente mucho más preocupada por la condición lamentable del Riachuelo que por los hipotéticos estragos que podría causar la papelera ubicada en Fray Bentos. Los uruguayos se quejan porque a su juicio los kirchneristas tratan a su país como si fuera una provincia argentina gobernada por la oposición. La ofensiva emprendida por Timerman no les ha hecho cambiar de opinión. Por el contrario, desde que, para sorpresa de casi todos, estallara nuevamente un conflicto que en su larga fase inicial les costó pérdidas multimillonarias, una serie de dignatarios uruguayos, entre ellos un expresidente, han manifestado su desprecio por la conducción actual de la Argentina y señalado que, mientras esté en el poder, no habrá posibilidad alguna de que la relación bilateral sea “normal”. No son los únicos que piensan así. Comparten su punto de vista muchos paraguayos, brasileños, chilenos y, aunque no lo digan, bolivianos que, por razones desvinculadas de las particularidades ideológicas del kirchnerismo, lo consideran tan caprichoso y prepotente que convivir con el gobierno de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner no les ha sido nada fácil.

Fundado el 1º de mayo de 1912 por Fernando Emilio Rajneri Registro de la Propiedad Intelectual Nº 5.124.965 Director: Julio Rajneri Codirectora: Nélida Rajneri de Gamba Vicedirector: Aleardo F. Laría Rajneri Editor responsable: Ítalo Pisani Es una publicación propiedad de Editorial Río Negro SA - Sábado 5 de octubre de 2013


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