Rionegrinos en Egipto: cómo vivir en otra cultura
Un puñado de profesionales argentinos, muchos de ellos rionegrinos por adopción, manejan en El Cairo el reactor nuclear que la empresa Invap instaló para el gobierno egipcio. Aquí la intensa experiencia de vivir en un país exótico.
EL CAIRO, Egipto (Especial) – Llegar a El Cairo es sencillamente ingresar en un mundo tan diferente al nuestro como lo es de emocionante. Es llegar a un país donde la historia vive en todos los rincones y recorre cada vena de su gente. Un lugar donde los parámetros occidentales luchan con una cultura ancestral que aún hoy sigue vigente.
La República Arabe de Egipto es un país donde la religiosidad prima sobre el resto de los códigos de vida. Una mayoría islámica sunita domina los principales segmentos de la sociedad, al punto que el presidente Hosni Mubarak y la mayoría de sus ministros profesan ese credo. En segundo plano cristianos coptos y ortodoxos se dividen la fe. Son pocos realmente los cristianos que siguen al Papa de Roma.
En ese marco varios argentinos –no más de 10- llevan adelante sus vidas junto a sus familias. Trabajan en el reactor que Invap le vendió a la autoridad nuclear de Egipto. En la actualidad el numero de argentinos es sensiblemente menor respecto de pasados recientes, pero esperan que ni bien tome mayor fuerza el proyecto, este número vuelva a aumentar.
Mónica Somma de Spahr está a cargo de la administración del brazo Egipto de Invap. Hace algunos años que con su familia viven en Egipto, y vienen de residir en Argelia, donde la empresa tuvo hasta hace algún tiempo parte de sus intereses en el exterior.
Mónica es alta, delgada, blanca y de grandes ojos claros. Una fisonomía marcadamente diferente a la del egipcio medio, o sea típicamente argentina.
No obstante eso, parece estar totalmente acostumbrada a su país de residencia. Se moviliza por El Cairo con la misma soltura que habrá tenido en otros tiempos al moverse por las calles de San Carlos de Bariloche, o de su Paraná natal. Habla bien el inglés, y lo usa permanentemente para hacerse entender en determinados lugares y a nivel profesional. Pero en general la gente del lugar habla árabe, la lengua principal en Egipto. Por ello la necesidad presiona, y lentamente va adquiriendo segmentos del árabe, aprendiendo frases y palabras necesarias para la vida diaria.
Aprender árabe no es nada sencillo. Primero requiere asimilar un alfabeto de 28 letras totalmente distinto al nuestro. Hasta los números son muy diferentes. Luego acostumbrarse mentalmente a leer al revés: efectivamente el árabe se lee de derecha a izquierda, al punto que por ejemplo las tapas de los periódicos se ubican en lo que en nuestros diarios es la contratapa.
El trabajo de Mónica se desarrolla en la administración que Invap tiene en El Cairo en la zona de Nasr City, un barrio en cercanías del aeropuerto cairota. Carlos Spahr es su marido y también trabaja en Invap, por lo que el centro del ingreso familiar esta íntimamente ligado a la empresa. El está a cargo de las compras y del almacenamiento de materiales.
Si bien en momentos pico de la obra el número de argentinos ascendió a 60, las familias permanentes nunca fueron más de 5 ó 6, que es la cantidad actual. Hoy están en Egipto –sumados a la familia Spahr- el ingeniero Carlos Durione (jefe del sitio), Santos Messina (jefe de obra civil), el ingeniero Luis González a cargo de algunas tareas mecánicas, y el más joven del grupo de trabajo, Emiliano Cabral (24 años) que es el delegado administrativo en el lugar.
Recientemente pasaron por Egipto el doctor Nassif y el licenciado Mendoza que tuvieron a su cargo el montaje y puesta en marcha de las facilidades anexas al reactor. El trabajo es muy intenso, 6 días a la semana, siendo el feriado el día viernes, que es como el domingo en nuestro calendario.
Es lógico también que los extranjeros como ellos, en una cultura tan diferente mantengan una cierta vida de élite, lo que llaman «vida de expatriados», nucleados en dos o tres barrios determinados.
Por ejemplo, algunos tienen su casa en el barrio de Zamalek, en la zona norte de la isla de Gezira, en medio del Nilo. Cerca de allí está la embajada argentina. Cada día recorren en el complicado tránsito de El Cairo sus caminos al trabajo. Viven en un mundo muy diferente en lo cultural, en las costumbres. Pero se mantienen bien argentinos.
Difícil para los hijos
Un capítulo aparte merecen las historias de Pablo (17 años) y Germán (14 años), hijos del matrimonio de Mónica y Carlos Spahr. Ser adolescente en una cultura tan diferente no es cosa sencilla para los chicos ni para sus padres.
Por su edad han podido aprender bastante el idioma local, y se desenvuelven muy bien hablando en árabe, lo que les ha permitido un mayor margen de libertad y la posibilidad de conocer directamente a más personas.
Un problema inicial es el estudio. Ellos estudian en un colegio internacional italiano, donde la enseñanza en sus casos se imparte en italiano. La escuela es tan excelente como exigente. Hay que hacer notar aquí, que los hijos de Mónica y Carlos saben a parte de su español natal, inglés, italiano y árabe.
En un adolescente occidental, otro tema no menor es la diversión. Tienen amigos, pero por ahora las salidas más amplias son para el mayor. Hay algunos riesgos menores, pero son sólo problemas de niños. Sortear alguna broma porque físicamente son distintos al resto: más rubios, más grandes. Una salida obligatoria es Mc Donalds y Pizza Hut que desde hace no más de 4 años llegaron a tierras egipcias.
Es difícil encontrar discotecas a la usanza nuestra. Allí las salidas incluyen comidas, y recién después viene el baile, que en estos tiempos tiene como seguro al súper exitoso Enrique Iglesias, o a Ricky Martin, incluyendo alguna versión local en árabe de su «Living la vida loca». Lo que sí es fija en todo lugar donde suene la música del momento es el hit «Habibi» del local y muy promocionado Munir. Pero hay un detalle que aleja a los adolescentes. Hay que ser mayor de 21 años, y sólo se puede ingresar en pareja. Además es bastante caro.
Uno de los chicos, Germán (14 años) tiene su pagina en Internet, y dice que se sentiría muy feliz si desde Argentina se contactan con él, aunque ya cosechó muchos amigos a través de esta posibilidad. Su dirección está en www.chicos.net, y allí dentro hay que buscar «la vidriera», luego «muestra virtual», y finalmente su página: «Germán, un argentino en Egipto».
Ellos intentan mantener sus vidas dentro de las costumbres que han llevado desde Argentina, buscando mantener los horarios, los tipos de comidas y los estilos. No encuentran problemas para conseguir frutas, carnes y verduras frescas, salvo en pleno verano donde por el intenso calor se hace más complicado. El cerdo está prohibido, y lo más común es la carne de cordero, y el pollo. La comida autóctona es muy condimentada con comino y picantes, cosa que por falta de costumbre evitan los argentinos. Al cabo de un tiempo algunos platos comienzan a gustar. Pero en todo domicilio argentino, son centrales dos ingredientes: el dulce de leche y la yerba. Aunque parezca raro, en algunos lugares muy especiales de El Cairo se puede comprar yerba mate. Aparentemente fueron los sirios los primeros en traer yerba mate desde Argentina e iniciar el rito de tomar la infusión. Y desde ese país algunos inmigrantes habrían ingresado la costumbre a Egipto. Eso solucionó uno de los problemas. Por ello en la actualidad, la mayor demanda para los colegas de Invap que desde Argentina viajan hacia allí es el dulce de leche. A veces hay que dar alguna explicación extra en las aduanas, pero el dulce de leche llega.
La vestimenta no es un detalle menor. Si bien no hay normas estrictas al respecto como en otros países donde la ley islámica está vigente, Mónica Spahr sabe que es conveniente no molestar con lo que se pone. Es preferible faldas largas o pantalones, evitar los escotes, y maquillajes suaves.
En el caso de los hombres y de los chicos la situación es más simple respecto de las mujeres.
La familia Spahr, como todo trabajador en Egipto, se dedican el día no laboral: el viernes, que es el feriado en el calendario islámico. Aprovechan el clima del lugar, donde la lluvia es súper escasa (no olvidemos que estamos en el extremo oriental del Sahara), y haciendo por ruta menos de 200 kms llegan al mar Rojo en cercanías del canal de Suez.
Hoy más que nunca las distancias se acortan, y las posibilidades de contactarse con los suyos son mucho mayores. Profesionalmente la recompensa es grande, porque están haciendo lo que les gusta, llevados por el destino. Ayer fue Argelia, hoy Egipto, y mañana Dios dirá.
Enzo Campetella
EL CAIRO, Egipto (Especial) - Llegar a El Cairo es sencillamente ingresar en un mundo tan diferente al nuestro como lo es de emocionante. Es llegar a un país donde la historia vive en todos los rincones y recorre cada vena de su gente. Un lugar donde los parámetros occidentales luchan con una cultura ancestral que aún hoy sigue vigente.
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