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Roca: algunas ideas para devolver la calle a la gente

La recreación de las ciudades está urgida por el Covid 19. Por lo tanto necesitamos un urbanismo enfocado en la nueva normalidad.

Por Mijal Orihuela (*)

mijal.orihuela@gmail.com

A lo largo del siglo XX naturalizamos la creencia de que “la calle es para los autos” y diseñamos nuestras ciudades con esta idiosincracia. Sin embargo, en los últimos años muchas urbes del mundo han comenzado a “devolver la calle a las personas”, “desplazar al automóvil particular”, “calmar la calle”, “civilizarla”, “humanizarla” o hacer “calles para los niños”. Estas son iniciativas que han catapultado a la fama a ciudades como Amsterdam o Portland, y que han hecho aumentar el turismo en megaciudades como Nueva York. La pandemia que estamos atravesando dio un nuevo impulso a estas políticas, que hoy están siendo revisitadas, ajustadas, expandidas y profundizadas.


Urbanismo táctico en una ciudad de Colombia, Rionegro, donde el espacio público está pensado desde el diseño consciente y sustentable. Los colores aumentan el sentido de la vida de los vecinos que allí viven.

Ello se debe a que la menor circulación de vehículos motorizados durante el aislamiento produjo una reducción de la polución del aire local de hasta un 60% en todo el mundo, y, por otra parte, un número creciente de personas se volcó a la caminata o el ciclismo como modos de desplazamiento, circulando de forma rápida y segura por sus ciudades. Estas dos cuestiones demostraron la eficiencia de las políticas mencionadas y que la pandemia ofrece un momentum que es necesario aprovechar para construir hábitats más saludables y equitativos.

Veamos de qué tratan.

El primer punto es la equidad social. La calle es una red que se compone de calzadas y veredas que conforma hasta el 80 % del espacio público de cada ciudad. Pero una calle pensada para los autos, es decir, una calle “autocéntrica” es socialmente excluyente, ¿por qué? ¡Porque muchas personas no manejan! Los adolescentes de hasta 16 años de edad tampoco están autorizados a conducir vehículos motorizados; no manejan los ancianos que han perdido parte de su visión, los no-videntes o las personas que no pueden afrontar los gastos de tener un auto.

Si queremos pensar ciudades equitativas, con espacios públicos que reconozcan los derechos de todas y todos los ciudadanos, necesitamos diseñarlas con todos los habitantes en mente, no sólo los automovilistas. La experiencia nos enseña que al hacerlo nos encontramos con que debemos priorizar la existencia de una diversidad de modos de transporte y movilidad urbanas, incluso en las ciudades chicas o medianas. Esto significa hacer lugar para los múltiples modos de desplazarse: transporte público motorizado (colectivos u otros), micromovilidad (monopatines u otros elementos eléctricos), movilidad activa (a pie, en bicicleta, rollers o skate), el auto y la moto. En este contexto, el coche es un modo de desplazamiento más entre varios, pero no es el protagonista del espacio público.

En ciudades como Roca pueden hacerse más seguros los cruces peatonales ensanchado las veredas en las esquinas, pintando las sendas, incorporando semáforos para peatones videntes y no videntes; así como, en algunos casos, elevando el nivel de la calzada en las bocacalles.

Mijal Orihuela, arquitecta y urbanista

El segundo punto es la polución del aire. Los vehículos motorizados contaminan, el Covid 19 lo hizo muy visible. Si queremos ciudades sustentables es fundamental que promovamos modos de desplazamiento que también sean amigables con el medio ambiente. Aquí el transporte público, los peatones y los ciclistas son los actores principales.

Por la amenaza real que representa el Covid 19, las personas tendemos a preferir los medios de desplazamiento individuales. Este sentido debiera asumir las intervenciones urbanas, tanto oficiales como privadas.

El tercer punto es la seguridad sanitaria ante una pandemia. Se dice que debido al cambio climático y la pérdida de biodiversidad en el futuro mediato habrá un número creciente de pandemias que cada uno de nosotros viviremos. Esto está llevando a ciudades y países del mundo entero a repensar su economía, sus sistemas de movilidad y muchas otras cosas, a fin de adecuarse a una nueva realidad y a revertir el cambio climático. Por otro lado, debido a la amenaza que representa el Covid 19, las personas tendemos a preferir los medios de desplazamiento individuales. Esto conlleva un riesgo: una recuperación abrupta del uso del auto particular. Pero también ofrece una oportunidad: expandir y mejorar las redes peatonales y para los ciclistas.

Las primeras veces que oí hablar de “desplazar al automóvil particular” me pareció ridículo, pensaba: `¿sino hay autos, cómo hacés para llegar a los lugares?´. A medida que fui indagando en la temática, comencé a comprender que es viable, posible y saludable para las ciudades y su sociedad. Hoy, el Covid 19 me ha hecho comprender que generar infraestructuras y transportes que permitan desplazarse con modos alternativos al auto o la moto no sólo es necesario sino también urgente.


Creación de un parque en Seattle, Estados Unidos. Ejemplo a modo de inspiración. Solo es cuestión de capitalizar experiencias que se están haciendo hoy en el resto del mundo.

¿Cómo se hace? El objetivo es lograr que los distintos modos de movilidad o desplazamiento se complementen entre sí, para que las personas nos podamos mover por la ciudad de forma rápida, cómoda, segura y agradable. Son políticas que van mucho más allá de cobrar estacionamientos medidos o peajes, porque lo que se busca es ofrecer alternativas a los modos de tránsito y transporte convencionales.

Por un lado, es necesario mejorar el transporte público existente, incorporando enseñanzas traídas por el Covid 19 pero también trabajando con lo que tenemos. Esta es una política que debe sostenerse tras la pandemia, porque los beneficios de mejorar los servicios de transporte público superan ampliamente los costos de inversión requeridos y, también, para resolver los desplazamientos más largos.


Introducir pequeñas mejorías en los cruces peatonales es un modo de comenzar a devolver el espacio público a las personas y reducir los siniestros viales. México DF

En Roca puede comenzarse por dotar a todas las paradas de refugios bien iluminados que brinden protección de los 40ºC del verano, el viento de la primavera y el frío del invierno, así como información respecto del recorrido que el colectivo hace, con qué lineas se conecta, horarios, precios, modos de pago. ¿O a ustedes no les ha pasado de enterarse que tienen una parada cerca de su casa sólo porque ven a la gente esperando?

Para garantizar los requisitos sanitarios hoy también se busca incorporar nueva tecnología, que permita acceder a la información sobre los servicios, pagar los boletos, operar y mantener los sistemas. El objetivo en estos casos es minimizar el contacto entre personas y con diferentes objetos de uso masivo.

Una parada de micros. Diseño moderno.

En segundo lugar podemos poner en valor una de las enseñanzas que nos deja la pandemia: el transporte colectivo no es siempre la mejor opción y la bicicleta es una aliada. En Roca hemos impulsado algunas iniciativas a favor del ciclismo, entre ellas, la propuesta ganadora del concurso “Todas tus ideas”, realizado en 2014, donde se proponía (re)utilizar las bicis confiscadas y guardadas en el depósito municipal, lo cual dio lugar a la intención de crear un sistema de bicicletas públicas compartidas en la ciudad, que aún no se ha logrado concretar. Por otra parte, el 10 de julio se anunció la construcción de una ciclovía complementaria a la RP 6, que irá desde la ruta nacional 22 hasta el Gauchito Gil, saldando una histórica deuda de nuestra ciudad con una obra que hará el recorrido mucho más seguro para ciclistas y automovilistas. Pero estas medidas son insuficientes para volver a dotar de protagonismo a la bicicleta como medio de transporte.


Hay modalidades de estilo de vida que la pandemia impuso y que quedarán, como la necesidad de circular a prudenta distancia de otras personas.

Necesitamos una red de ciclovías y bicisendas en nuestras zonas urbanas. Construirla no es forzosamente caro, la expansión de los sistemas para ciclistas hechos durante la pandemia en muchas ciudades así lo demuestran. Por ejemplo, Oakland, en Estados Unidos, cerró casi el 10 % de sus calles a los conductores motorizados. Pero si buscamos soluciones menos radicales y más fáciles de asimilar para los automovilistas, podemos tomar referencias como Brampton, en Canadá, que expandió su red con ciclovías efímeras de bajo costo. Lo importante es que estén bien articuladas y que lleven a algún sitio donde la gente necesite ir.

Construir ciclovías provisorias tiene como beneficio que permite probar su eficacia, funcionamiento, dimensiones y realizar los ajustes necesarios antes de ejecutar la infraestructura permanente. Mientras que restringir el tránsito de los vehículos motorizados en determinadas calles permite dotar a la ciudad de una red para ciclistas al solo costo de colocar la señaléctica pertinente y con gran rapidez. En ciudades como las nuestras debemos evaluar, además, cómo crear ciclovías en las calles de tierra, por ejemplo, mediante la generación de bulevares. Y, en el mediano y largo plazo, una política que ya ha probado ser exitosa en otras ciudades ha sido destinar a la construcción de ciclovías un porcentaje del presupuesto anual para pavimento, de modo que ambas redes crezcan en forma proporcional.


Una escena cotidiana actual, en Barcelona.

Por otra parte, debemos recordar que la bicicleta no resulta adecuada para todas las personas ni en todo momento. Por ello, también hay que mejorar la calle para quienes caminan, cuestión que en los últimos meses múltiples voces se han alzado a señalar. En ciudades como Roca pueden hacerse más seguros los cruces peatonales ensanchado las veredas en las esquinas, pintando las sendas, incorporando semáforos para peatones videntes y no videntes; así como, en algunos casos, elevando el nivel de la calzada en las bocacalles.

En forma complementaria, cuando los chicos vuelvan a la escuela, pueden generarse “caminos seguros”, recorridos consensuados para que los niños vayan a la escuela sin sus padres, protegidos por la presencia de pares, polícia, inspectores de tránsito, comerciantes que les presten asistencia en caso de que la necesiten y señaléctica que informe a los automovilistas la presencia de chicos en la calle. De este modo, no sólo se los ayuda a desarrollar su autonomía, sino que se les demuestra el valor que tienen para nosotros como sociedad, se los estimula a realizar actividad física y se les enseña a vivir de forma más sustentable.

Estas son estrategias posibles para empezar a fomentar un modo de vida saludable desde el sistema de movilidad urbana y transporte, a la vez que hacer nuestra ciudad cada vez más inclusiva y resiliente. ¿Por dónde empezarías vos?

(*) Arquitecta y miembro de la secretaría de Urbanismo de Casa de la Cultura, de Roca.


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