Rosana Hernández: del estrés de la UTI, a la sonrisa de sus hijos en casa

Cómo trabajan, viven y se preparan los médicos intensivistas, con las terapias saturas en el Alto Valle. Toda la carga que implica el covid-19 y el gran sostén de la familia, en el caso de esta médica del hospital de Roca.





La médica terapista de Roca y el afecto de sus hijos. Matías, Eugenia y Mateo son quienes "le cambian el chip” cuando vuelve del hospital.

El desborde de enfermos de covid-19 saturó a las terapias intensivas de la región. En medio de esta crisis cobra fuerza la figura de los médicos que pocos ven: los intensivistas. Son escasos, están mal remunerados a diferencia de otras especialidades, deben redoblar las guardias y -a la vez- afinar conocimientos en el manejo de los nuevos los respiradores, una tecnología sofisticada.

"Hay que desmitificar eso de que un paciente ingresa a terapia intensiva para morirse. Si entra aquí es porque hay muchas chances y vamos a hacer todo para que salga adelante".

Rosana Hernández, médica intensivista.

Rosana Hernández tiene 45 años, se recibió hace 18 en la Facultad de Medicina de La Plata y desde hace 14 trabaja en la UTI del hospital de Roca. Es madre de tres hijos, vive con su pareja y cuenta con orgullo que se crió en una chacra de Stefenelli.

Aclara en la entrevista con Río Negro que los terapistas “no somos unos bichos raros, metidos para adentro” por el hecho de vivir cerca de la muerte todo el tiempo. Dice que si un médico se liga a esa imagen de coraza “pierde la sensibilidad para llegar y ser entendido por el paciente y sus familiares”.

Cantidad de médicos

20
los que trabajan en las tres terapias intensivas que funcionan en Roca (hospital, clínica y un sanatorio)

Lo que más le inquieta sobre los enfermos graves con coronavirus es que es difícil que sobrevivan a la etapa del respirador. Al menos, eso es lo que marca la estadística de la UTI del hospital roquense. “Suena duro esto, pero hasta ahora solo sacamos con vida a un par de pacientes”, detalló.

Dijo que son personas “gravemente enfermas” las que llegan a necesitar ventilación mecánica. “Se trata de cardíacos, diabéticos u obesos que inicialmente hacen una falla respiratoria”, sostuvo.

Indicó que luego de 14 días -el promedio de uso del ventilador- se debilitan, pierden el tono muscular y deben aprender a ejercitar de nuevo los músculos que se utilizan en la respiración. “Tenemos una paciente que ha salido y es nuestro as en la manga. Y ahora hay ocho por los que estamos haciendo todo lo que está a nuestro alcance para inclinar la balanza hacia el lado de la vida”, se esperanzó Hernández.

Rosana junto a sus compañeros de turno la UTI. Lleva en sus manos un dispositivo negro, para colocar a los pacientes covid en prono.

En terapia intensiva del hospital integra un equipo que asiste a diario a todos los internados, divididos en un área para el covid -19 y otra común . Lo hacen con tres turnos de guardias: de 8 a 14, de 10 a 16 y de 16 hasta la noche.

La médica elogió a los enfermeros del área: “son un pilar clave por su empatía con el paciente. Es increíble como ayudan para avanzar en el buen pronóstico”.

Hoy el recurso humano “es finito” porque “no cualquiera” está preparado para manejar un respirador en pacientes con coronavirus, dice Rosana. “Hay cuestiones que dependen de lo que uno interpreta, según los resultados que surgen del manejo del equipo. Y hay que corregir y modificar en estrecha relación con los análisis del laboratorio. Esta es una batalla intensa contra el virus, cada cuerpo es un sistema individual y el respirador un aliado”.

"El 80% de los que se contagian la covid-19 tienen una enfermedad leve, un 15% es de curso moderado y el 5% restante requiere un manejo en terapia intensiva. La mitad del último grupo, en nuestra experiencia, necesita respirador"

Rosana Hernández, médica terapista.

Los cuidados críticos son muy dinámicos y los pacientes pueden cambiar de un momento a otro. Hay monitoreo constante y medicación continua. “Aquí es donde son necesarios los intensivistas. Cada variación sutil en el estado de los enfermos debe ser interpretada por una persona muy entrenada”, dijo Hernández.

Reconoció que la especialidad no es atractiva, tiene baja remuneración porque “no nos hemos sabido organizar” y cuesta hacerla compatible con los cánones de una vida “normal”. “El paciente necesita tu presencia las 24 horas. Acá no cerrás el consultorio y te vas tranquilo a casa”, describe.

"Nos llena el alma el regreso del paciente que te visita luego de que sana. Hay un señor que todos los años y para el Día del Amigo, aparece con unas facturas o una torta".

Rosana Hernández, médica de la UTI de Roca,

Hernández espera que la pandemia sirva para jerarquizar a los intensivistas y en las universidades se incentive en la especialidad, para que en otra oportunidad “no tengamos que salir corriendo a formarlos”.


"Soy medio Susanita"


Sonrisas que brotan desde los ojos. Rosana durante su mejor descanso.

Nacida y criada en Roca, Rosana Hernández tiene 45 años y estudió medicina en La Plata, un lugar atractivo para ella y su familia. Su padre falleció hace algunos años y era agricultor. Tenían una chacra de 10 hectáreas en Stefenelli con perales y manzanas y ya no se la trabaja. Hacían fardos de pasto y trabajaban un tambo.

Rosana tuvo una hermana menor que falleció de chiquita y otro al que le lleva tres años y sigue con la producción de alfalfa.

No recuerda un momento preciso en el que surgió su vocación, pero en la secundaria le gustaba la biología, pensó en ingeniería genética, estuvo por ir al Balseiro y terminó en La Plata para convertirse en médica.

Al desandar su recorrido explica que se especializó como intensivista porque no se quería ver todo el tiempo adentro de un consultorio. “Tenía 18 años y toda la adrenalina y eso de creer que podés con todo. Había algunas especialidades que me resultaban aburridas; y en esa época uno no medía con las variables de estos 45 años. Ahora, cuando le doy muchas vueltas al tema desde la razón, quizás preferiría una actividad más relajada, para desarrollarme más como mamá y esposa que como médica. En esto soy medio Susanita, como el personaje de Mafalda”, dice Rosana. Y enseguida añade que hay cosas que se sienten y no se piensan. “No las pensé en su momento y no lo haría ahora. Volvería a elegir esto que hago”.


Comentarios


Rosana Hernández: del estrés de la UTI, a la sonrisa de sus hijos en casa