Ciencia argentina al espacio: semillas de una planta nativa de los Andes viajarán en misión internacional

El material vegetal, desarrollado y conservado por investigadores del INTA, viajará en una cápsula experimental durante un vuelo orbital previsto para este año. La experiencia busca evaluar la respuesta de los cultivos a la radiación, microgravedad y variaciones térmicas extremas, con posibles aplicaciones para la agricultura del futuro.

Por Mara Diaz

Pequeñas semillas de quinoa desarrolladas en Argentina están a punto de iniciar un viaje inédito. Desde laboratorios y campos de investigación del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) de San Juan y Tucumán, las semillas serán enviadas al espacio como parte de una experiencia científica internacional que busca comprender cómo responden los cultivos a condiciones extremas.

La iniciativa surge en el marco de un acuerdo con la Orion Space Generation Foundation y contempla el envío de semillas en una cápsula experimental que registrará distintas variables ambientales durante el vuelo. El lanzamiento está previsto para el segundo trimestre del año y forma parte de una red de investigaciones orientadas a estudiar la adaptación biológica fuera de la Tierra.

En diálogo con Diario RÍO NEGRO, el director del Centro Regional Mendoza–San Juan del INTA, Claudio Galmarini, indicó que el lanzamiento aún no se concretó y que el material vegetal se encuentra en Hungría, Europa.

“Que semillas que fueron desarrolladas para nuestra región, para nuestros productores, participen de esta experiencia en el espacio es un gran logro. Claramente se abren oportunidades y desafíos que uno nunca imaginó».

Claudio Galmarini, director del Centro Regional Mendoza–San Juan del INTA.

Agricultura del futuro: un cultivo andino con trayectoria científica


El material genético seleccionado corresponde a la variedad Morrillos de Chenopodium quinoa, desarrollada y conservada por equipos técnicos del INTA tras más de 10 años de trabajos de caracterización agronómica. La elección responde a la notable resiliencia de este cultivo, capaz de desarrollarse en suelos con salinidad, escasez hídrica y fuertes amplitudes térmicas.

Las semillas fueron provistas por el equipo de investigadores Lucas Guillén, Gonzalo Roqueiro y Nadia Bárcena, en el marco del Proyecto de Mejoramiento Genético de Cultivos Industriales coordinado por Paola Fontana. La iniciativa se articula además con profesionales de distintas unidades del organismo a través de la Red Quinoa.

Campo de cultivo de quinoa. Foto: INTA.

Según explicaron desde el instituto, la quinoa representa un modelo biológico estratégico para estudiar mecanismos de tolerancia al estrés ambiental. Su valor nutricional y su capacidad de adaptación a ambientes hostiles la posicionan como un cultivo clave tanto para investigaciones científicas como para el desarrollo productivo.

El director del Centro Regional Mendoza–San Juan destacó que la participación argentina en la misión se vincula con una trayectoria histórica en mejoramiento genético y conservación de recursos. “Por mandato en el país, el INTA es la institución que preserva los recursos genéticos, no solo vegetales sino también microbianos y animales”, explicó Galmarini.

Tras el regreso del material vegetal, comenzará una fase clave del trabajo científico. “Se van a hacer muchos estudios vinculados a la fisiología, la germinación y el crecimiento de estas semillas, incluso en suelos que simulan los de Marte o la Luna”, sostuvo Galmarini, al remarcar que gran parte de las evaluaciones se realizará en la Tierra.


Ciencia argentina aplicada al agro: trabajo internacional y estudios previos sobre semillas


El proyecto integra una red científica que vincula a los equipos del INTA con instituciones como la Fundación Miguel Lillo y la Universidad de San Pablo-T, representada por los investigadores Matías Rhomer y Catalina Lonac. La coordinación general está a cargo de la investigadora Pamela Such Stelzer, vinculada al SETI Institute y especializada en tecnologías para el aprovechamiento de recursos en exploración espacial.

La experiencia se inscribe en una línea de trabajo iniciada en 2019 junto a la Universidad de York, en Canadá. En ese marco se realizaron ensayos sobre el comportamiento de semillas expuestas a niveles de irradiación energética comparables a los del ambiente espacial, cuyos primeros resultados fueron publicados en 2022.

Además, el director regional del INTA señaló que existen antecedentes de estudios espaciales con material vegetal. “Ha habido otra experiencia con semillas de maiz”, mencionó al poner en contexto este tipo de investigaciones.

El envío del material vegetal hasta Europa fue formalizado mediante un Acuerdo de Transferencia y Evaluación de Material que establece condiciones estrictas de trazabilidad científica, confidencialidad y uso exclusivo con fines de investigación, además de resguardar los recursos genéticos involucrados.


El espacio como laboratorio para la agricultura


Para los especialistas, el interés de este tipo de investigaciones radica en su potencial aplicación en la producción agrícola terrestre.

Comprender estos mecanismos podría aportar herramientas clave para el desarrollo de cultivos más resistentes al cambio climático y a la degradación ambiental. También abre nuevas oportunidades de innovación en programas de mejoramiento genético orientados a aumentar la productividad y la sustentabilidad del sector agropecuario.

“Hay instituciones que trabajan en lo que se llama agricultura del espacio, es decir, pensar qué se podría cultivar para sostener futuras misiones a la Luna o a Marte”.

Claudio Galmarini, Centro Regional Mendoza–San Juan del INTA.

Desde el organismo destacaron que la participación en esta misión internacional representa un desafío científico y una oportunidad de cooperación global.

Mientras las semillas se preparan para abandonar la atmósfera terrestre, la expectativa está puesta en los conocimientos que puedan generarse a partir de esta experiencia y en su eventual impacto en la agricultura del futuro.


Pequeñas semillas de quinoa desarrolladas en Argentina están a punto de iniciar un viaje inédito. Desde laboratorios y campos de investigación del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) de San Juan y Tucumán, las semillas serán enviadas al espacio como parte de una experiencia científica internacional que busca comprender cómo responden los cultivos a condiciones extremas.

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