Ganadería: un cultivo revolucionario promete reposicionar a la Patagonia en el mapa argentino
Su costo por kilo de materia seca y por kilo de animal vivo puede asimilarse al de pasturas base alfalfa. Sin embargo, su gran capacidad productiva, las enormes ganancias de peso logradas en la hacienda y su altísimo contenido nutricional son solo algunas de las cualidades que lo distingue de otros recursos forrajeros.
La producción ganadera bovina norpatagónica tiene un peso relativo reducido a nivel nacional e incluso es insuficiente para abastecer a los mercados locales de la Patagonia. Sin embargo, es una actividad de importancia en la región que puede ser vista como una oportunidad frente a otras alternativas y que ha cobrado un gran protagonismo en los últimos tiempos. Por otro lado, el escenario actual es prometedor no solo pensando en los precios, sino también en el aumento de la demanda a futuro, con expectativas de abrir mercados en el exterior.
Pensemos en cómo se podría llevar adelante un plan de mejora continua que permita visualizarnos en el mediano y largo plazo con un aumento de la producción para cambiar “a lo grande”: no solo autoabastecernos, sino también mirar hacia afuera y conquistar los más exigentes mercados para volver a ser referentes con nuestras carnes en el mundo.
Remolacha forrajera: la clave para aumentar la producción de carne en la Patagonia
Si analizamos la cadena productiva, vemos que en su parte inicial (producción de terneros) tenemos un gran trabajo para hacer para mejorar la productividad de los sistemas de cría. ¿Cómo? A través de la incorporación de prácticas de manejo sencillas y de antaño que han sido probadas hace más de 50 años por profesionales como Jorge Carrillo en la Reserva 6 del INTA Balcarce. Desde mi punto de vista, con 14 años de trabajo como extensionista en INTA, este punto en particular excede a una situación técnica, ya que hay detrás un trasfondo sociocultural que determina que los productores tengan sistemas productivos funcionales a su forma de vida, lo que no está mal, pero en la mayoría de los casos no hay interés por aumentar la eficiencia del sistema productivo.
Los otros eslabones de la cadena productiva donde tenemos una brecha importante para mejorar los sistemas son la recría y la terminación, donde uno de los mayores desafíos es mejorar la eficiencia en el esquema forrajero para que eso derrame en una mejor rentabilidad y margen del sistema. Pensemos que con los valores actuales de la invernada existe un número importante de productores que quedan fuera del sistema, ya que la etapa de terminación a corral presenta márgenes muy acotados o, en algunas ocasiones, negativos, lo que hace insostenible la actividad.

Es acá donde hay una brecha para trabajar y transferir sistemas de alimentación simples que nos permitan dejar de depender en gran medida de la volatilidad del precio de los granos y de la relación entre el precio del “gordo” y el valor del ternero, que suele ser el indicador que determina quién sigue y quién se queda en el camino. Por otro lado, en nuestros valles de clima templado, con inviernos de bajas temperaturas, es importante contar con recursos para cubrir el déficit forrajero de los meses más fríos, otorgando en cierta medida mayor estabilidad y previsibilidad a los sistemas productivos. En este sentido, la incorporación de la remolacha a la cadena forrajera es una muy buena opción (y, por qué no, la solución), ya que presenta algunas características a destacar como:
- Alta capacidad productiva. Hoy estamos en condiciones de decir que en los valles irrigados de la Norpatagonia se pueden obtener rendimientos superiores a 40 tn de MS/ha. Es “como ponerle otro piso al campo”.
- Alta carga animal por unidad de superficie. Este punto se deduce del anterior, pero es bueno destacarlo para tomar real dimensión del impacto que puede tener la incorporación del cultivo. No solo concentra una gran cantidad de cabezas por hectárea, sino que también nos libera superficie para hacer otro tipo de cultivos.
- Alta producción de carne. La combinación de la alta productividad con la alta carga concluye en una gran cantidad de kilos de carne por hectárea. Hoy tenemos el caso de un productor que logró producir 4.000 kg de carne por hectárea en Río Negro (Raúl Ottogalli).
- Es un alimento de invierno de altísimo valor nutricional, comparable a un grano de maíz (2,9 Mcal EM/kg MS), que se mantiene durante todo el ciclo de pastoreo, concentrando una buena cantidad de proteína en las hojas (22-24 % PB) y una alta concentración de energía en la raíz (3,2 Mcal EM/kg MS).
- Consumo “in situ”. Simplificación del sistema, ya que como el aprovechamiento es directo funciona de la misma forma que un pastoreo rotativo de pasturas. Es decir, de acuerdo con la escala, no se requiere contratar mano de obra ni maquinaria.
- Buenas ganancias de peso. Se pueden lograr ganancias de peso promedio que van entre 0,8 y 1 kg por animal por día desde el día 1 del consumo de remolacha forrajera. Esto incluye los 20 a 25 días de acostumbramiento, donde los animales tienen bajas ganancias (0,35 a 0,5 kg por animal por día).
- Buena performance y conformación de medias reses. Los animales terminados con remolacha presentan grasa blanca y buen engrasamiento, lo que hace posible “sacarlos gordos” directamente del lote sin necesidad de pasar por el corral. En las etapas de terminación se logran ganancias de peso superiores a 1 kg por animal por día.
- Alimento apto para mercados externos que no admiten encierre a corral, lo cual no es simple en la Patagonia. No solo se logran animales pesados terminados con nivel de engrasamiento suficiente para estos mercados, sino que también se hace en menor tiempo de terminación para novillo pesado de exportación.
- Excelente calidad de carne. Disponemos de algunos datos que nos permitirían inferir que la calidad de carne de los animales terminados a remolacha presenta una cantidad de antioxidantes superior a la de animales terminados a corral, lo que le imprimiría una excelente calidad nutricional.
- Bajo costo por kilogramos de materia seca. Si bien el cultivo requiere de una inversión que ronda entre los US$1.800 y 2.000/ha, la alta productividad hace que el costo sea muy bajo.
- Cultivo altamente resiliente. Frente a situaciones climáticas adversas (sequía y granizo), el cultivo tiene una alta capacidad de recuperación que lo sitúa en ventaja frente a otros cultivos, como puede ser el maíz.
Remolacha forrajera: vayamos a los números
A la fecha ya llevamos ocho ciclos completos del sistema funcionando (desde 2017). Los primeros años fueron de mucho aprendizaje y, al momento, tenemos muchos datos que nos permiten hacer afirmaciones sobre el comportamiento del sistema en áreas bajo riego. Una de ellas es que hemos dividido al cultivo en tres estratos productivos:
- Alto rendimiento: más de 25 tn de MS/ha.
- Medio rendimiento: entre 16 y 25 tn de MS/ha.
- Bajo rendimiento: menos de 16 tn de MS/ha.
Estos tres escenarios productivos nos llevan a diferentes escenarios de resultados económicos, que se pueden visualizar en el gráfico donde también se suma el engorde tradicional a corral y sobre pasturas base alfalfa, que sirve como comparación.

Algo para mencionar es que en los cálculos no se incluyeron gastos de flete, amortizaciones ni personal, que dependen y varían mucho según el sistema productivo.
El costo por kilo de carne producido en cualquiera de los tres escenarios productivos de remolacha está muy por debajo del costo de un engorde tradicional basado en una dieta con alto porcentaje de grano. Para el caso de la remolacha de alto rendimiento, el costo es la tercera parte (US$ 0,6/kg producido) respecto de la dieta tradicional (US$ 1,9/kg producido). Para el caso del rendimiento medio de remolacha, el costo es la mitad (US$ 0,9/kg producido). Para la producción de carne sobre pasturas base alfalfa, vemos que el costo por kilo ganado es comparable al sistema de alto rendimiento de remolacha (US$ 0,5 vs. US$ 0,6/kg producido).

Si analizamos la renta sobre el capital invertido, vemos que se mantiene la misma relación, siendo muy próxima de 3 a 1 (43 % vs. 15 %) para la remolacha de alto rendimiento en comparación con el engorde tradicional.
Remolacha forrajera: mirando a futuro
La incorporación del cultivo de remolacha forrajera en forma conjunta con pasturas base alfalfa es el eje para una producción ganadera bovina rentable en lo económico, sustentable desde el punto de vista ambiental y generadora de un bienestar animal óptimo. A futuro, el sistema de remolacha forrajera para pastoreo directo puede transformar la rentabilidad y la productividad de carne en los valles irrigados de la Norpatagonia.
Permitámonos ser ambiciosos y soñar con un futuro grande y pujante, con una mejora sustancial de las áreas actuales irrigadas y con la incorporación de nuevas zonas para el crecimiento de la Patagonia y de nuestro país. Sin lugar a dudas, debemos recuperar esa esperanza y visión que tuvieron los primeros colonizadores de estos valles y mesetas a principios del siglo XX, cuando comenzaron a proyectar e imaginar estas tierras áridas convertidas en un oasis productivo.
(*) Ing. Agr. Jefa de la Agencia de Extensión de INTA Valle Medio.
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La producción ganadera bovina norpatagónica tiene un peso relativo reducido a nivel nacional e incluso es insuficiente para abastecer a los mercados locales de la Patagonia. Sin embargo, es una actividad de importancia en la región que puede ser vista como una oportunidad frente a otras alternativas y que ha cobrado un gran protagonismo en los últimos tiempos. Por otro lado, el escenario actual es prometedor no solo pensando en los precios, sino también en el aumento de la demanda a futuro, con expectativas de abrir mercados en el exterior.
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