La quinta generación de una familia que sigue haciendo historia con la ganadería ovina en la Patagonia

La familia Gonzalo está al frente de la cabaña Río Pico, en Chubut. Recientemente participó en la Expo Rural de Bariloche donde obtuvieron importantes premios por su trabajo. Julián nos cuenta su experiencia en el campo y cómo es trabajar en ganadería ovina.

Por Jorge Villalobos

La pasión por el campo corre por sus venas. Julián Gonzalo representa la cuarta generación de una familia vinculada desde sus raíces a las actividades rurales. Creció escuchando el relato de su bisabuelo. Un migrante español que arribó a la Patagonia a principios del siglo pasado. Se instaló en 1905 para trabajar las 625 hectáreas, que el Gobierno argentino cedió por esos años a los colonos que buscaban un nuevo proyecto de vida.

Lo que el bisabuelo comenzó, tuvo continuidad con su abuelo y su padre. Julián contó que su padre, que también se llama Julián, conformó en 1970 la cabaña Río Pico, dedicada a la crianza de ovinos y la producción de lana. Está ubicada a unos 200 kilómetros al sur de Esquel, en Chubut, pero con fuerte relación con la provincia de Río Negro.

El productor ganadero recordó que años atrás tenían un plantel de ovejas que les permitía a su familia el autoabastecimiento, pero con el paso del tiempo “el plantel fue creciendo” y lograron en 2005 importar los primeros carneros desde Australia. Allí, comenzó otra etapa.

“Antes era muy caro el tema de traer carneros de Australia, para las cruzas, eran otros tiempos y todo era muy difícil”, rememoró.

“Somos nacidos y criados acá y en este ambiente aprendés a querer al campo, a cuidarlo para que se mantenga en el tiempo”

Julián Gonzalo, cabaña Río Pico, Chubut.

“Somos nacidos y criados acá y en este ambiente aprendés a querer al campo, a cuidarlo para que se mantenga en el tiempo”, sostuvo.

Días atrás Julián, junto a su padre y sus hijos, participó de la edición de la Expo Rural Bariloche 2026. Viajó para exponer carneros merinos puro pedigreé con astas y mochos. Y lograron un merecido triunfo en esa categoría. La Cabaña Río Pico tuvo al campeón supremo- gran campeón merino astado; el gran campeón media lana y la primera mención poll merino.

Un estímulo para el trabajo



Es un estímulo lo que pasó en Bariloche y fue muy lindo compartirlo con la familia”, sostuvo Julián. Su padre y su madre, Estela Uranga, acompañaron en la premiación.

Dijo que esos reconocimientos a la producción es un empuje para “hacer las cosas bien, con honestidad”. Pero pasa siempre. “A veces te toca ganar y a veces salís último”, comentó.

Estancia Río Pico, Chubut.


Lograr ese premio demandó dos años de trabajo y un cuidado especial para esos ejemplares. Cuando nacen, se crían bajo techo para reducir la mortalidad que causan las nevadas y los fríos intensos del invierno patagónico. Cada carnero tenía un tatuaje en una oreja. “Es como su número de documento”, explicó Julián.

Al nacer son inscriptos en la Asociación Argentina de Criadores de Merino. La fineza de su lana es su principal característica. “Hay mucha inversión en genética”, informó. También tienen un lote de toros, que ha competido en las exposiones de Río Colorado, Conesa y en Paso Córdoba, en Roca.

“Nos criamos en el campo acompañando a mi papá a todos lados, en una Ford F-100 que tenía”.

Julián Gonzalo, cabaña Río Pico.

Opinó que el precio de la lana “es bueno”. Dijo que antes con la variación cambiaria del dólar había una diferencia del 100%. “Esa diferencia se notó mucho en esos años y fue malo para el sector, ahora estamos mejor”, evaluó.

Indicó que en Río Pico “tenemos la particularidad que todos los campos vecinos están poblados con ovejas”. Es otra realidad a la de zonas donde los campos están sin animales o están con muy poca actividad. Allí, los zorros y pumas hacen de las suyas y van diezmando los planteles que de por sí ya están reducidos. También, en el campo de la familia de Julián padecen ataques de zorros y pumas. No están exentos.

La infancia



Julián cursó la primaria en la escuela de Gobernador Costa.
Viajaban desde el campo hasta el establecimiento educativo para asistir a clases. Como no había un colegio secundario cerca, él y sus dos hermanos tuvieron que estudiar en Esquel.

Río Pico produce lana de excelente calidad para los mercados internacionales.


Julián estudio para veterinario en una institución de la provincia de Buenos Aires. Su hermano es ingeniero agrónomo. Los dos regresaron al campo. Su hermana encontró su propio proyecto de vida en otro lugar.

“Nos criamos en el campo acompañando a mi papá a todos lados, en una Ford F-100 que tenía”, añora.

Los recuerdos de esos años de la infancia no se borran. Salir a recorrer el campo para cuidar las ovejas, las vacas. Como la primera vez que aprendió a montar a caballo. “Tenía cinco o seis años y aprendí con un caballo manso andando al lado de la casa”, rememoró Julián.

Sus tres hijas y su hijo crecen de una manera parecida. Pero Julián sostuvo que sus hijos “son libres de hacer lo que quieran”. “Por lo menos uno trata de inculcarles de hacer lo que quieran. Por ahora, me acompañan a las rurales, me acompañan en el campo, salen con una tiza y ayudan a clasificar ovejas”, contó.

En Río Pico saben que no pueden descuidar el campo ni a sus animales. “Campo que se abandona es muy difícil de recuperarlo”, advirtió Julián.


La pasión por el campo corre por sus venas. Julián Gonzalo representa la cuarta generación de una familia vinculada desde sus raíces a las actividades rurales. Creció escuchando el relato de su bisabuelo. Un migrante español que arribó a la Patagonia a principios del siglo pasado. Se instaló en 1905 para trabajar las 625 hectáreas, que el Gobierno argentino cedió por esos años a los colonos que buscaban un nuevo proyecto de vida.

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