SEMANA DE LA FE EN CHIMPAY: Ceferino y Carlos Gardel, unidos por la devoción de un pueblo
Estudiaron en Buenos Aires, como pupilos en el colegio salesiano Pío IX. Allí compitieron en un concurso de canto y Namuncurá ganó el primer lugar.
En 1884, cuando el cacique Manuel Namuncurá, último soberano indio de las Salinas Grandes, fue derrotado por el Ejército Argentino, se trasladó a Chimpay, junto al río Negro. En ese lugar de la Patagonia, su mujer, Rosario Burgos, dio a luz el 26 de agosto de 1886 a Ceferino Namuncurá.
En el año 1897, su padre lo llevó a Buenos Aires a estudiar y fue admitido como pupilo en el colegio salesiano Pío IX, ubicado en el porteño barrio de Almagro. Unos años después, en 1901, otro pupilo, de 10 años, registrado como Carlos Gardes, ingresaba al mismo establecimiento educativo para cursar encuadernación y tipografía. Este niño había nacido en Toulouse, Francia, el 10 de diciembre de 1891 y su madre, la planchadora Berta Gardes, pretendía asegurarle un oficio a su hijo.
En esa antigua escuela de artesanos, Ceferino y Carlos compartieron el mismo pabellón dormitorio y también cantaron juntos en el coro que dirigía el padre José Spadavecchia.
Investigadores de la vida estudiantil de estos alumnos, señalan que entre los festejos programados todos los años para el fin de curso se incluían concursos de canto en el salón de actos del Colegio. En una de esas celebraciones, Ceferino y Gardel se encontraron en una confrontación final por ser los ganadores de anteriores rondas eliminatorias.
En un fallo, donde los profesores salesianos medían la entonación, el timbre y la modulación de la voz, la prestancia y las canciones presentadas, el jurado, en decisión difícil por la paridad de los concursantes, consagró como ganador al joven mapuche.
El francés, que con los años alcanzó a ser el mejor y el más prestigioso cantor nacional, en esa oportunidad tuvo que conformase con un modesto segundo puesto.
Después, la vida marcó distintos rumbos para estos compañeros de estudios. Carlos Gardel, radicado con su madre en el barrio del Abasto, modificándose el apellido inició el camino que lo llevaría a consagrarse como el intérprete más famoso de la Argentina y reconocido en el mundo. Triunfó primero en Europa y posteriormente lo hizo en Estados Unidos. Actuó en los principales escenarios de Latinoamérica, del Viejo Continente y de Norteamérica. Grabó sus canciones en los sellos más prestigiosos e impuso el tangocanción, música desconocida en el exterior por entonces, en los salones más distinguidos de la época. Filmó películas como primera figura en Francia y en Estados Unidos. Sus innumerables filmes tuvieron éxito y amplia repercusión las canciones que componía y que hoy todavía se recuerdan en muchos lugares del planeta.
Ceferino Namuncurá se instaló en Viedma. Ingresó como pupilo en el Colegio Salesiano cuando ya había decidido por vocación ser sacerdote y consagrarse a Dios. Posteriormente viajó al Vaticano, para seguir sus estudios, pero la tuberculosis le quitó esa posibilidad y a los 18 años falleció en la capital de Italia el 11 de mayo de 1905.
Mientras tanto, en Viedma, Lisandro Segovia, un apasionado coleccionista y admirador de Carlos Gardel, había dedicado 40 años de su vida a la búsqueda de la colección completa de sus discos, de fotografías, de notas periodísticas, libros y todo otro elemento que recordara la vida y la trayectoria del zorzal criollo.
Dedicó un largo tiempo a una caprichosa y empecinada investigación. Fueron muchos años de ilusiones, de trabajo y perseverancia. Todo lo rescatado fue integrando una valiosa y espléndida colección que concluyó posteriormente con la creación e instalación del Museo «Carlos Gardel», dependiente del Municipio viedmense. En tres salas se acumula todo el material recopilado por Segovia en años de búsqueda. Cuando el coleccionista y un grupo de amigos buscaban un lugar seguro para exhibir al público los elementos relacionados con el Zorzal Criollo, las autoridades de la Comisión del Bicentenario de Viedma les asignaron para la apertura de la muestra la habitación del Colegio Salesiano que había utilizado como dormitorio Ceferino Namuncurá, antes de viajar a Italia, cuando cursaba estudios superiores en la histórica capital de la Patagonia.
Hoy, cuando se escucha la voz de Carlos Gardel en los lugares y pasillos de esa antigua escuela cargada de recuerdos que ocupó Ceferino Namuncurá, se produce milagrosamente el reencuentro, después de muchos años de dos amigos, dos compañeros de estudio y canto, venerados, de distinto modo, por millones de argentinos.
El destino quiso que el «francesito» y el «manso», como los identificaban sus compañeros en el Colegio Pío IX, que compartieron siendo niños, además del aprendizaje, una buena relación y el paso por las mismas aulas, ahora sigan juntos, desde el espacio celestial, abrazados por la historia en el centenario colegio de Viedma.
El cantor nacional mantiene el reconocimiento de su pueblo por sus virtudes artísticas y el joven mapuche, declarado beato y que es venerado por muchos argentinos, sigue recorriendo el sendero del proceso que le permitirá alcanzar la gloria de los altares y su definitiva consagración como santo.
HECTOR JORGE COLAS
Especial para «Río Negro»
Registrate gratis
Disfrutá de nuestros contenidos y entretenimiento
Suscribite por $1500 ¿Ya estás suscripto? Ingresá ahora