“Si ella dice ‘nada de armas en casa’, chau”

Titular de la Asociación de Legítimos Usuarios y Tenedores de Armas, Américo García sostiene que la inseguridad se ha transformado en un negocio para muchos, tantos que hacia futuro quizás escaseen las divisas para mantener los servicios de seguridad.

Redacción

Por Redacción

entrevista: A Américo García, titular de Alutara

¿Cuántas armas hay registradas en Argentina hoy?

– En términos redondos, 1.500.000. Tanto armas de puño como largas. El número se extrae de la información que suministra el Renar. En este tema, nosotros -la Asociación de Legítimos Usuarios y Tenedores de Armas- (Alutara) se mueve con los datos del Renar.

¿Cuántas armas tienen los afiliados a Alutara?

– No tenemos un registro, porque no nos compete determinar el volumen de esa tenencia. Es una cuestión privada.

¿Con el incremento de los niveles de inseguridad, qué nota usted en relación a la tenencia de armas?

– Es un tema muy amplio, pero hay dos cuestiones que me llamaron la atención -usemos un pretérito porque el proceso sigue-: Una, es crecientemente firme la tendencia de la gente a incorporarse como legítima usaria, es decir a legitimar ante la ley una decisión. Dos: desde hace dos o tres años, hay un incremento muy significativo de mujeres asistiendo a polígonos a hacer cursos de tiro, aprender a manejar armas y transformarse en legítimas usarías. El tema de mujeres y las armas tiene perfiles muy interesantes. Hay toda una cultura -digamos- que hace a esa relación.

Cuente.

– En una familia que entra en debate si tener o no un arma, la que siempre termina definiendo es la mujer. El marido puede llegar a su casa y decir “Voy a comprar un arma porque… bla, bla”. Y si la mujer le dice “¡Acá no entran armas!”, olvídese: no hay arma que entre. Y si el marido insiste, duerme afuera. Olvídese. Batalla perdida. Manda la patrona y manda en términos de sí o sí. Por supuesto, que también sucede que incorporar un arma a la familia suele estar consensuado. En Alutara tenemos un 20% de mujeres afiliadas, muchas de ellas con su marido, pareja… Hay hombres que han comprado un arma, van sigilosamente al polígono a practicar, mirando de un lado a otro, no sea cuestión de que la mujer lo esté pispiando, y por supuesto no guarda el arma en su casa.

– La asociación tiene 10. 000 afiliados. Usted es abogado. ¿Hay alguna profesión en el marco de ese lote que prime como afiliados?

– No, no. No es tampoco un dato que forme parte de nuestro interés. Lo nuestro hace fundamentalmente a alentar a la gente a sumarse como legítimo usuario y tenedor de armas. Pero le doy un dato que no define nada en relación puntual a la pregunta, pero vale como tal. Yo organizo los torneos de tiro del Colegio Público de Abogados de Capital Federal. Cuatro o cinco por año. Sólo para matriculados. Y en cada uno de esos torneos se incrementa la participación de mujeres.

– ¿Con armas de qué calibre se inician?

– En esto hay, y desde el género, que hablar en plural. Siempre referenciándonos en lo que promueve la inseguridad en materia de aprender a tirar por parte de la gente, en armas de puño en cuanto a pistolas, lo más usual es la 9 mm. Claro, es un calibre grueso. Le sigue el calibre 40 y también emerge la clásica 45, o 11.25. En revólver, el tradicional 38 y el 357 Magnun. Pero qué arma tener, es siempre una decisión personal.

Apelo al cine y sus policiales. Todo indica, al menos desde hace dos décadas, que la pistola tiene más vigencia que el revólver. Si esto es así en la ficción, ¿en el mercado argentino de ventas de armas, el revólver está perdiendo en relación a la pistolas?

– Sí, esa es una tendencia muy acentuada. La gente tiene confianza en el revólver porque es complejo que se trabe, cosas que si puede suceder con la pistola cuando la munición se atraviesa al momento de ser montada, problemas que las últimas generaciones de pistolas prácticamente han eliminado. Pero tanto en una u otra arma, todo depende de no existir mecánicas, del mantenimiento. Pero sucede que la pistola ofrece mayor cantidad de munición que un revólver, de ahí también su seducción… En general el revólver es más “romántico” que la pistola…

– ¿Influencia del cowboy?

– O del 38 que compró “mi bisabuelo en un almacén de ramos generales hace…”. El revólver suele tener una identidad que se mete en lo profundo de una historia familiar.

¿Detecta alguna relación entre comprar un arma para defensa y el lugar dónde se reside?

– No necesariamente. Pero un estudio direccionado a reflexionar el tema, dirá con seguridad que en las zonas rurales o, más concretamente, en los countries, se incrementó el número de armas… Y ahí talla también la mujer, que en esos lugares pasa muchas horas sola, o con hijos chiquitos.

– Con independencia de razones dictadas por la inseguridad, ¿qué hace a que alguien coleccione armas o simplemente tenga armas?

– Mil razones. Porque hacen a la historia desde siempre… porque gusta practicar tiro que en sí mismo es una práctica noble, deportiva… Mire, hay gente por ejemplo que sólo tiene armas de pólvora negra, o sea de avancarga. Armas que se cargan por la boca del caño, usadas hasta avanzado el siglo XIX. Cargar era toda una ceremonia. Y a esa misma gente le gusta ir a practicar con esas armas con uniformes militares de época…

– ¿Qué le dice a quien compra un arma por seguridad?

– Que tener un arma es instalarse en una cultura con particularidades. Cultura con necesidad de no tener miedo a tener un arma, pero donde prime la racionalidad, el criterio sobre lo que se tiene.

– ¿Y la inseguridad?

– Que es un negocio para muchos, más allá del negocio que hacen los delincuentes. Ante la sistemática expansión sin solución de continuidad en todo el mundo de servicios estatales y privados por garantizar seguridad, ¿quién va a producir las divisas para mantener toda esa estructura? Porque si seguimos así, creyendo que con más garitas en los barrios y más policías y patrulleros acrecentamos seguridad, bueno… en poco tiempo más habrá más gente trabajando en esos servicios que produciendo bienes.

CARLOS TORRENGO carlostorrengo@hotmail.com


entrevista: A Américo García, titular de Alutara

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