“Si hago esto, pierdo”



Fue “la campaña”. Permanece fresca en millones de argentinos. Late en la memoria en términos de esos momentos que ingresan en la historia de varias generaciones como únicos. Intensos. Apasionantes. Esperanza. Tiempo que delata retinas húmedas a la hora del recuerdo. Argentina volvía de años de desprecio consigo misma. Muerte. Sangre. Horrores. Desencuentros. Crisis. Y si había dosis de fundada incertidumbre sobre si se podría emerger del abismo, la contracara era una extendida voluntad de intentar decididamente la trepada. Sí, la campaña para las elecciones presidenciales del 83 fue “la campaña”. En un rincón, Ítalo Luder, por el PJ. Cristalizado en el formalismo. Sin la fuerza que transfiere la convicción de querer el poder por el que se lucha. Gestualidad siempre bajo control. En el otro Raúl Alfonsín, por la UCR. Lo nuevo nuevo. Puño cerrado. Y manos abiertas, extendidas. Buscando a la gente con mirada directa. Enojo duro si era necesario. También palabra suave, descansada. Persuasiva. Intimista en el momento adecuado. Y el remate blandiendo aquel artículo que él alguna vez definió de “poesía puesta en estado de Constitución”. Y luego el cierre con ese saludo que sigue tallando historia. Sí, fue “la campaña”. Con dos hombres alimentando ideas: los publicistas David Ratto y Gabriel Dreyfus. Pero un estratega: Raúl Alfonsín. El primero se fue hace ya más de una década. El segundo –irónico, inteligente– recuerda con alegría aquel 83 que se hunde y hunde en la historia. Y escribe. “Una buena campaña publicitaria podría definir una elección muy reñida, pero ningún publicitario puede ‘vender’ a un presidente”, dice en un excelente libro. (*) Y acota: “La primera idea de campaña que le presenté al entonces candidato Alfonsín estaba basada en una estrategia agresivamente antiperonista: el gran responsable de la guerrilla y de la represión había sido Perón. Él fomentó la primera desde el exilio y alentó la segunda desde el poder: Firmenich y López Rega habían sido producto del peronismo y, luego de la muerte de Perón, fueron Isabel y el propio Luder quienes ordenaron el ‘aniquilamiento’ de la subversión institucionalizando el ‘terrorismo de Estado’. Además, el último gobierno peronista nada había tenido que ver con las virtudes del peronismo histórico. ”Alfonsín –continúa Dreyfus– leyó mis ideas durante cinco minutos y después me dijo: ‘Si hago esta campaña junto todos los votos antiperonistas del país... y pierdo. ¡Ahora váyase a su casa y tráigame una campaña peronista! Necesito una campaña que convoque a los peronistas en lugar de agredirlos, porque los otros votos ya los tengo. ”Alfonsín fue el primer candidato antiperonista en comprender que para ganarle al movimiento mayoritario hacía falta captar a sus votantes. La muy profesional campaña sólo acompañó todo esto. ”Hoy, con el mismo equipo publicitario o con uno aún mejor, el actual Raúl Alfonsín seguramente perdería una elección a intendente de Chascomús”. (*) “Cuando el desencanto… encanta. Reflexiones sobre comunicación política, sociedad y democracia en la Argentina 1999-2004”, compilado de Hans Blomeier y Daniela Blanco editado por la Fundación Konrad Adenauer, Buenos Aires, 2005


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