¿Siente que su hijo adolescente es un ingrato?
Usted no está solo si tiene esta sensación. Priorizan su bienestar individual sobre el familiar. Por ello escapan a responsabilidades en su hogar y ponen a sus padres siempre en deuda. “Los hemos infantilizado”, advierten especialistas.
BETH J. HARPAZ AP
NUEVA YORK.- El hecho de que los padres perciban a uno de sus hijos adolescentes como ingrato no es nuevo. Lisa Butler es una de ellos y creó un grupo en Facebook llamado UTIMH, que por sus siglas en inglés significa “Adolescente ingrato en mi casa’’. “Se creen dueños del mundo’’, agregó Butler, una asistente social que vive en Hartford, Conecticut, con su hijo de 16 años. “Lo ven a uno como si usted tuviera una deuda con ellos’’, dijo. Aunque su grupo en línea no tiene muchos miembros todavía, las pocas decenas que se han unido están agregando comentarios sobre hijos que no ayudan en los deberes hogareños, hijas que exigen zapatos de diseñador e hijos que rechazan las deliciosas comidas caseras. “¿Cómo cambiaremos eso, ahora que son adolescentes?’’, escribió una madre. Afortunadamente, Michael Ungar, un terapeuta familiar de Nova Scotia, Canadá, y autor del libro de reciente publicación “The We Generation’’ (La generación del nosotros) dice que los adolescentes ingratos pueden reformarse. Los padres deben exigirles que hagan contribuciones genuinas y significativas a la familia e imponerles consecuencias si no lo hacen. Se puede poner a un chico de 16 años a cargo de preparar la comida un día de la semana, y no lo saque de apuros si no lo hace. Otra posibilidad es que si él quiere divertirse con algún juego, deberá pasear al perro. No se trata de castigar “Si me haces la vida un poco más fácil haré tu vida un poco más fácil’’, dijo Ungar. “No se trata de castigar sino de mostrarle honestamente a su hijo lo que hay que hacer para que una casa funcione o que una sociedad funcione’’, agregó. Ungar dice que los padres de la actualidad están en una frecuencia de la “generación del yo’’, pues creen que “es más fácil hacer todo por los hijos en lugar de hacer que lo hagan ellos’’. El especialista recomienda a los padres que traten de crear una “generación del nosotros”, donde los hijos se pongan en los zapatos de los demás. “Demasiado a menudo como padres, no le pedimos lo suficiente a nuestros hijos”, dijo. “No sostenemos la barra lo suficientemente alto. Hemos ‘infantilizado’ a nuestros hijos”, agregó. Añadió: “No se limite a invitarlos simplemente a que se unan a la familia. Déles un papel en la familia. Usted verá algunos cambios drásticos en su conducta a medida que entienden que ahora tienen una función más adulta, que alguien los necesita auténticamente”. Para que molestarlos tanto… Ungar dijo que cuando los hijos regresan a casa de su escuela “es tan fácil molestarlos con preguntas y darles sermones. ¿Hiciste tu tarea? ¿Vas a jugar fútbol?”. Hacer eso, dijo, les envía un mensaje de que “vos sos simplemente una persona a cargo de esta familia. No hay ningún papel real para vos, salvo el de alguien que hace el trabajo por otros”. En lugar de eso, añadió, “cambie la situación. Dígales sobre como fue su día. Pídales consejo. Pídales arreglar la computadora o hacerle una taza de té. Haga que se involucren en la toma de decisiones sobre la próxima vacación familiar”. Todos eso suena más constructivo que las notas dejadas por padres desesperados en la página de Butler en Facebook. “Gríteles realmente fuerte como si usted se hubiese vuelto loco” fue el consejo de una madre para tratar con hijos maleducados. Vaya a sentarse a su automóvil para darse un “tiempo fuera para las mamás” fue otro de los mensajes. Además de darle más facultades a nuestros hijos para que hagan contribuciones genuinas a la familia, debemos ayudarlos también a experimentar y expresar gratitud. La gratitud, un valor tan perdido Jeffrey Froh, profesor de psicología en la Universidad Hofstra de Nueva York, dice que los estudios muestran que los adolescentes que dicen sentirse agradecidos “son más felices con sus vidas. Hay más probabilidades de que ayudarán a otras personas, darán apoyo emocional y social, reportarán menos síntomas físicos y estarán en general más satisfechos con sus vidas. Son más optimistas, menos materialistas, menos envidiosos y menos deprimidos”, dijo. En una investigación se le pidió a unos estudiantes de secundaria que durante dos semanas listaran hasta cinco cosas de las que se sienten agradecidos. “Los hijos que hicieron eso, en oposición a los hijos que se enfocaron en las cosas que les molestaban, se sintieron más agradecidos, más satisfechos con la vida, más optimistas y fueron menos negativos. Se trató de volverse consciente de que hay una abundancia de cosas buenas allí. Es un estado de pensamiento”, dijo Froh. En otro estudio, se le pidió a los hijos que pensaran en alguien que haya hecho algo muy amable por ellos pero que nunca le dieron las gracias que merecían. Se le pidió entonces a los adolescentes que escribieran una carta de agradecimiento y la entregaran en persona. “Encontramos realmente que a los hijos que se les pidió esto informaron ser más felices tres y cinco meses después”, dijo. Froh agregó, sin embargo, que “no es algo que usted sólo hace en el día de Acción de Gracias. La gratitud tiene que ser algo diario. Es un estado mental”. “Creamos un monstruo” Butler admite con prontitud que los padres comparten la culpa al habiendo criado una generación de hijos que toman todo por sentado. “Creamos un monstruo’’, dijo. “Con muchas de las reglas antiguas, los padres le enseñaban a los hijos a ganarse las cosas. Distribuyendo periódicos, limpiando la nieve con una pala. Ellos hicieron todas esas cosas para ganarse el dinero y desarrollar algún tipo de ética del trabajo. Ahora, en lugar de hacerlos que se las ganen, reciben todo”, afirmó. A Butler le gustó la idea de Froh de hacer que los hijos le escriban una carta a alguien a quien creen que merece darle las gracias. También planea decirle en esta temporada de fin de año a su hijo: “¿Qué tal si vamos a un refugio para desamparados y les damos ropa, darle algo a alguien más?’’. La madre agregó: “Estoy tratando de hacer que se dé cuenta de que siempre hay alguien allí que necesita más las cosas que nosotros”. (AP)
BETH J. HARPAZ AP
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