Siete lagos en bici

Recorrer en dos ruedas los 110 kilómetros de la mítica ruta es una apasionante aventura que transcurre entre montañas, senderos y bosques. El guía habilitado Rubén Cazenave te cuenta cinco razones por las que vale la pena hacerlo y aporta sugerencias para disfrutarlo a pleno.



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Imagen del puente sobre el Correntoso durante el Desafío Doble Siete Lagos.

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Sendero del camino viejo hacia Villa La Angostura

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Otra imagen del mismo sendero: por aquí circulaban los automóviles

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Con el lago Lácar de fondo, un grupo de ciclistas en pleno ascenso

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Chapuzón desde el puente del río Ruca Malen. No todo es bici.

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Aspecto que presenta el camino en cercanías de Villa La Angostura(Foto: Cesar Cascina )

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Paraje rural cerca de la cascada Vulignanco

1. Ser parte del paisaje

Es lo que más me gusta. Te metés en el paisaje, lo disfrutás con todos tus sentidos. El gusto, por ejemplo. Según la época del año encontrás frutos silvestres. O contemplar las retamas que estallan en amarillo entre noviembre y diciembre.

2. El desafío

Soy de Azul, provincia de Buenos Aires. En los 60, cuando era chico, tenía un pariente que venía a los Siete Lagos y crecí escuchando sobre ellos. Hasta que viene a estudiar Turismo en Neuquén y los conocí. Y acá estoy. Recorrerlos en bici es ser parte de un hermoso desafío, un hermoso sueño.

3. Recorrido extendido

Ahora el camino de los Siete Lagos es parte de la Ruta 40.

Uno puede hacer los 110 pintorescos kilómetros entre San Martín y La Angostura o casi 200 si lo extiende hasta Bariloche e internarse en la generosidad y la abundancia de estos lagos que en realidad son ocho: Lácar, Machónico, Falkner, Villarino, Escondido, Correntoso, Espejo y Nahuel Huapi, emparentados en su mayoría por el origen glaciario que da ese aspecto irregular a las costas entre montañas y valles.

4. Modo paseo

La mejor manera de recorrerlos es relajado. Algunos vienen ansiosos y es un error. Hay que tomarlo como un paseo que se puede hacer en dos días o una semana, según el ritmo que le pongas. La clave es tomarlo tranquilo. Si te apurás la montaña te frena y te pone en tu lugar.

5. Naturaleza generosa

Podés internarte en los bosques nativos de lengas, ñires y coihues, probar los frutos silvestres –por ejemplo, michay, manzanas, guindas o cerezas, según el momento–, avistar aves como el martín pescador, bandurrias y pájaros carpintero y aprender a identificarlas.

También podés darte un buen chapuzón, como unas chicas que se tiraron desde el puente del río Ruca Malen en una de nuestras excursiones.

San Martín/

La Angostura

Gonzalo Damto

Cesar Cascina

Cesar Cascina

Cesar Cascina

Efrain Davila

Ruben Cazenave


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