“Sigo pensando y sintiendo lo mismo”
Durante todo este tiempo he reflexionado acerca de algunas cuestiones referidas al caso de Marcelo Diez. Por tratarse de un tema tan delicado y que produce reacciones tan extremas, sentí la necesidad de analizar nuevamente mi postura y, a pesar de tantas charlas y hasta discusiones con algunas personas conocidas y algunos amigos también, llegué a la conclusión de que sigo pensando y sintiendo lo mismo que el día que lo conocí. ¡Muy lejos de mí torcer la opinión de alguien! Sólo he expresado lo que siento y pienso, y lo sostengo, como debe ser cuando se está convencido de algo. A esta altura de mi reflexión sólo lamento que una institución como Luncec se vea perjudicada, de alguna manera, por la manifestación de algunas personas, entre las que me incluyo, que nos reunimos ante una convocatoria ajena a la institución. Ellos no han tenido que ver con esa reunión. Concurro a Luncec una vez por semana en mi labor de voluntaria y sé que nunca han querido hacer algo que perjudique a Marcelo y a ninguno de los pacientes a quienes cuidan. Su magnífica labor está dedicada por completo a dar cuidados y amor a las personas que allí se encuentran. Luncec no abre las puertas a curiosos, sino a voluntarios que ofrecen a los enfermos parte de su tiempo, ayuda, contención y afecto. De acuerdo a la modalidad que practica la institución con todos sus enfermos, y sin dudas pesando en el beneficio de Marcelo, teniendo en cuenta que emite señales de tener un mínimo de conciencia, de manera ordenada y controlada permitían que algún voluntario lo visitara. Así es que en algún momento recibía a quien le leía, a quien le pasaba la música que le agrada (así se dieron cuenta que le gusta Gloria Gaynor) y a algún otro, como yo, que sólo íbamos a decirle “hola Marce, ¿qué tal querido?”, haciéndole alguna caricia y él se encargaba de demostrar cuando ya no quería más. ¡Lamento profundamente que esto ya no sea posible! ¡Por él! Da mucha tristeza pensar que se lo pueda relegar a la soledad absoluta. En fin, quería compartir esta reflexión. Siento que debo hacerlo, por respeto a la gente de Luncec, también a las muchas personas que se han comunicado por éste y otros medios manifestando solidaridad y ofreciendo colaboración. Sigo pensando que Marcelo debe irse de este mundo naturalmente, como todos nosotros. Esto desde el punto de vista exclusivamente humano. Independiente de la fe que cada uno profese. Gracias por permitir expresarme. Verónica Jaroslavsky DNI 14.223.097 Cipolletti
Verónica Jaroslavsky DNI 14.223.097 Cipolletti
Durante todo este tiempo he reflexionado acerca de algunas cuestiones referidas al caso de Marcelo Diez. Por tratarse de un tema tan delicado y que produce reacciones tan extremas, sentí la necesidad de analizar nuevamente mi postura y, a pesar de tantas charlas y hasta discusiones con algunas personas conocidas y algunos amigos también, llegué a la conclusión de que sigo pensando y sintiendo lo mismo que el día que lo conocí. ¡Muy lejos de mí torcer la opinión de alguien! Sólo he expresado lo que siento y pienso, y lo sostengo, como debe ser cuando se está convencido de algo. A esta altura de mi reflexión sólo lamento que una institución como Luncec se vea perjudicada, de alguna manera, por la manifestación de algunas personas, entre las que me incluyo, que nos reunimos ante una convocatoria ajena a la institución. Ellos no han tenido que ver con esa reunión. Concurro a Luncec una vez por semana en mi labor de voluntaria y sé que nunca han querido hacer algo que perjudique a Marcelo y a ninguno de los pacientes a quienes cuidan. Su magnífica labor está dedicada por completo a dar cuidados y amor a las personas que allí se encuentran. Luncec no abre las puertas a curiosos, sino a voluntarios que ofrecen a los enfermos parte de su tiempo, ayuda, contención y afecto. De acuerdo a la modalidad que practica la institución con todos sus enfermos, y sin dudas pesando en el beneficio de Marcelo, teniendo en cuenta que emite señales de tener un mínimo de conciencia, de manera ordenada y controlada permitían que algún voluntario lo visitara. Así es que en algún momento recibía a quien le leía, a quien le pasaba la música que le agrada (así se dieron cuenta que le gusta Gloria Gaynor) y a algún otro, como yo, que sólo íbamos a decirle “hola Marce, ¿qué tal querido?”, haciéndole alguna caricia y él se encargaba de demostrar cuando ya no quería más. ¡Lamento profundamente que esto ya no sea posible! ¡Por él! Da mucha tristeza pensar que se lo pueda relegar a la soledad absoluta. En fin, quería compartir esta reflexión. Siento que debo hacerlo, por respeto a la gente de Luncec, también a las muchas personas que se han comunicado por éste y otros medios manifestando solidaridad y ofreciendo colaboración. Sigo pensando que Marcelo debe irse de este mundo naturalmente, como todos nosotros. Esto desde el punto de vista exclusivamente humano. Independiente de la fe que cada uno profese. Gracias por permitir expresarme. Verónica Jaroslavsky DNI 14.223.097 Cipolletti
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