Sin precedentes
análisis
HÉCTOR MAURIÑO vasco@rionegro.com.ar
El atentado a escopetazos contra el domicilio del subjefe de la Policía, Raúl Liria, es un hecho tan grave como inédito en la provincia. Pero es más serio aún si se tiene en cuenta que la jefatura de la fuerza acusó por lo ocurrido a un sector de oficiales que intenta sindicalizarse. Y que, por si fuera poco, le dio al caso un tinte político al apuntar contra el senador nacional Guillermo Pereyra, que respalda la creación del gremio. No le falta razón al intendente Horacio Quiroga cuando alerta sobre la ruptura de la cadena de mandos en la institución. En diciembre pasado, cuando un grupo de uniformados se autoacuarteló para arrancar un aumento, la autoridad de los cuadros superiores y en particular del jefe de la institución, Raúl Laserna, quedó en entredicho. El gobierno provincial resiste el intento de crear el Sindicato de Policías y Penitenciarios de Neuquén, Sinpope, por considerar que la sindicalización de las fuerzas de seguridad está desaconsejada por organismos nacionales e internacionales. Inclusive, apeló ante la Corte un pronunciamiento del Tribunal Superior de Neuquén que no encontró impedimento para negar la personería jurídica a la Asociación de Subalternos de la Policía (Asubpol). Independientemente de que el tema en sí mismo es opinable –hay países que aceptan sindicatos policiales–, es evidente que el cuartelazo de diciembre abrió una brecha incompatible con una institución vertical que todavía no se ha cerrado.
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