Sin quita no alcanza, sin ajuste tampoco



Darío Tropeano*


La reforma tributaria es imprescindible para liberar las fuerzas productivas e impulsar a la pymes a una etapa de acumulación de capital y generación de riqueza expansiva.


Ha llegado la hora de juntar los despojos del último experimento de “acceso al Primer Mundo” (Martínez de Hoz, Menem-Cavallo-Alianza, Cambiemos) en el que se impuso el endeudamiento público, la fuga en dólares de los recursos públicos, la desindustrialización y la pobreza aumentada. Este diagnóstico es duro y técnico, no puede cuestionarse. Primera síntesis: ¿quién se va a hacer responsable de esta situación? Creciendo a un promedio del 3,3 % al 3,5 % dado el monto actual de nuestras exportaciones tal vez en 10 años podamos pagar la deuda nueva asumida en esto casi cuatro años. ¿Y la vieja deuda reestructurada en el 2005 y 2011? ¿No hay que pagarla?

Volvamos entonces donde siempre estuvimos (con relativos y valiosos intentos históricos de abordar un proyecto soberano de desarrollo): ser un país con enormes posibilidades (se miente cuando dicen que somos una nación pobre) que no puede encontrar un camino de crecimiento sostenido porque sus elites apuestan a la primarización económica y la dependencia externa.

Estamos por ingresar en pocos días en situaciones turbulentas (reiteradamente expuestas desde estas páginas) que requerirán abordar diversos frentes, dado que se ha quebrado a la economía Argentina.

El ordenamiento fiscal implica ajustar, que no es nada menos que acomodar proporcionalmente gastos y productividad no solo del Estado, sino también de los diversos factores de la economía.

La reestructuración de la nueva-deuda pública argentina (que es asombro en el mundo) impone abordar necesariamente una quita, con el objeto de disminuir sus valores nominales. No se trata de reperfilar -término absurdo e inconsistente en las finanzas internacionales-, se trata de bajar el monto de la deuda, sea a través del capital o de los intereses.

La deuda neta en dólares tiene que ser disminuida para poder no solo pagar el monto que resulte de la reestructuración, sino principalmente para disponer de recursos con los cuales iniciar un programa de reactivación de la economía nacional. ¿Para crecer? No, no, para volver a los niveles previos al proceso de deterioro y depresión económica en que hoy nos encontramos, y disponer de recursos en moneda extranjera para pagar deuda e importar los insumos necesarios que nos permitan poner en marcha nuestro aparato productivo.

La quita incluye por cierto la deuda pública en pesos de la cual goza el sistema financiero: casi siete millones de intereses por segundo al día de hoy. De seguir así en 6 meses no quedará empresa industrial en pie.

Todos los días observamos cómo caen ya no solo pymes, sino compañías de gran porte producto de una política económica basada en la deuda pública y de particulares. La negociación de la deuda debe abordarse con los números que permitan hacer entender que la única manera de hacer sostenible el pago es crecer con ordenamiento fiscal.

El ordenamiento fiscal implica ajustar, que no es nada menos que acomodar proporcionalmente gastos y productividad no solo del Estado, sino también de los diversos factores de la economía. Cuando el 30/11/13 expresamos desde estas páginas (“la hora del ajuste: necesario) la obligada corrección de variables de la macroeconomía lo hacíamos bajo la creencia de avanzar en un proyecto de desarrollo nacional, con inclusión social, moneda propia e industrialización.

El camino democrático elegido por la ciudadanía concluyó en la actual situación pero ahora hay que volver a la reconstrucción nacional, y el pago de la deuda con crecimiento impone un ajuste estructural que redireccione la política de gastos e ingresos, elevando la productividad del Estado nacional y de una porción importante de la economía Argentina.

La productividad no es solo del trabajo, sino de otros factores de producción que elevan los recursos públicos.

La reforma tributaria es imprescindible para liberar las fuerzas productivas e impulsar a la pymes a una etapa de acumulación de capital y generación de riqueza expansiva.

El ajuste que se propone no es para abajo, no es para disminuir el salario, es para readecuar gastos e ingresos (hay bastante para hacer en esta materia en algunos sectores de altos ingresos improductivos) y conciliarlos con una política de producción y aumento del consumo.

Ordenar las cuentas públicas es una herramienta política central para abordar la difícil tarea de reestructurar “la nueva deuda pública Argentina” e intentar -una vez más- encontrar un camino de desarrollo con distribución de la renta.


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Sin quita no alcanza, sin ajuste tampoco